17 de junio de 2018

El tamaño de la memoria (Laurence Sterne)

Miguel Sánchez-Ostiz

Hace alrededor de diez años padecí el acoso de personajes anónimos u ocultos bajo distintos seudónimos desde el blog de Arcadia Espada, alojado en el servidor de la editorial Espasa Calpe. Alguien, o varios, se hicieron pasar por mi para insultar de manera grave a terceras personas con el fin de que estas, a su vez, arremetieran contra mí: la difamación, las injurias, las burlas personales estuvieron servidas. Una cobardía moral de campeonato. Le escribí a Espada, por consejo de Pilar Cortés, de la editorial Espsa, para informar de que nunca había intervenido en su blog ni estaba detrás de los seudónimos personalizados que se me atribuían. Le faltó tiempo para publicar la carta y agitar un poco más las aguas de su ciénaga. En una ocasión, un conocido de entonces, arrogante diarista de nueva generación, que frecuentaba la ciénaga, me escribió para decirme quién estaba detrás de aquellas infamias, en primera fila, como director de orquestas, mientras otros cuadrilleros siguieron aplaudiendo, alanceando, dándome rejón cuando les venía en gana. Se lo pasaron bomba. Hablaba de mi , de manera insultante, atribuyéndome actos poco honorables, gente que no me había visto nunca. Guardo recuerdo de sus apodos y nombres de pelea. No le creí porque aunque no conocía personalmente al acusado le tenía cierto respeto como creador y me parecía improbable que se dedicara a aquellas canalladas. Por entones no tenía abierto este blog (lo abrí en el 2009) ni participaba en redes sociales, algo que empecé a hacer (Facebook) en el verano de 2012, si no recuerdo mal. Quienes me han seguido habrán podido comprobar que ni en el blog, ni en Facebook ni en Twitter he arremetido contra nadie y mucho menos contra las personas que entonces se me atribuía: no «ostizgué» a nadie. El asunto tiene importancia par mí, relativa, porque no es plato de gusto que seas objetos de burlas, insultos o desprecio de tu trabajo que no servía «ni para envolver morcillas». Estando en Madrid y poniendo la oreja en algún que otro mentidero, me he ido enterando poco a poco de quiénes fueron los actores de aquella ronda de noche.
Lo que me resulta desternillante es que estos cuadrilleros, creyendo que no tengo memoria o que no me entero de nada, me piden ahora amistad virtual, como si no hubiese pasado nada. Lo decía Laurence Sterne: «Así como el deudor y el acreedor se diferencian por el tamaño de sus respectivas bolsas, así el bufón y el objeto de la bufonada por sus memorias respectivas.

*Publicado originalmente en el blog del autor, Vivir de buena gana (17/6/2018)

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