17 de junio de 2018

Puedo recordar una historia


Pablo Cingolani

¿Me oyes amigo, me oyes a través de esas cosas inolvidables que son las montañas y la vida que compartimos y la gente que conocimos en esas mismas montañas?

Yo sé que sí, yo sé que sí puedes oírme y conmigo puedes oír otra vez las voces con que recorrimos, con luna o sin luna, siempre alucinados, las cordilleras de nieve viva de Apolobamba, asistimos a esa misa ciega en la desolada iglesia de Suches partida por un rayo y abandonada en medio de la estepa, esperamos que la sirena del lago Cololo se nos aparezca, celebramos como debe ser en la puna helada de Antaquilla después de casi congelarnos en la travesía a Warawarani, entre el oro, los glaciares, las estrellas

¿Me oyes amigo, me oyes a pesar de esa daga insensata y silenciosa que es el olvido, me oyes a pesar de ese destierro no querido que es la muerte?

Yo sé que sí, yo sé que puedes oírme y conmigo las voces y las nieves, los pasos que gastamos, los pasos que perdimos y volvimos a encontrar en las cordilleras cuando cantabas tus huaynos para no temer, para no morir, aunque después no hubo nada que hacer porque siempre es así y sólo la belleza del recuerdo puede vencer a la muerte, sólo la perpetuación de la amistad y el amor pueden vencerla

¿Me oyes amigo, me oyes más allá de esas cosas insondables?

Puedo recordar una historia, puede recordarte allá en las montañas, volviendo a Pelechuco, y te recuerdo feliz. El celaje nos cubría con su abrazo de ámbares y no quedaba otra que ampararse en la mística gracia del momento. Así te oigo. Así te recuerdo. Así, también, soy feliz.

Pablo Cingolani
Río Abajo, 15 de junio de 2018

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