JORGE MUZAM -.

Sigues bebiendo cuando los brindis se han acabado. Miras los cuadros de la pared, fotos de gente muerta, de niños que hoy son adultos, el calendario descolorido del año que se va, la nitidez del que está llegando, algunas porcelanas baratas, copas abandonadas con restos de espumante, viejas trajeadas acomodando ensaladas, tipos maduros violando con la mirada el culo de alguna adolescente, vacías tu copa una y otra vez, hasta perder la cuenta. Llega la madrugada y las personas se dispersan. Quedan luces de colores parpadeando junto a los ventanales. Te preguntas sobre lo que acaba de suceder. Esos saludos, la expectación de tantas semanas previas decantando en esa cena desabrida, en esas cortesías hipócritas, esos malditos obsequios, la levedad, sobretodo la levedad, piensas en eso sin hilvanar ninguna lógica, meras convenciones como plumas holográficas que no aterrizan nunca, como si diera exactamente lo mismo si todo eso no ocurriera. ¿Es que alguno de esos homúnculos fue objetivamente feliz durante al menos una fracción infinitesimal, o siquiera percibió lo que hacía, dónde estaba, lo que pretendía? Adelantas conclusiones. Piensas que la felicidad no está sujeta a la ley de gravedad, que no se aviene con el día ni la noche, que es escurridiza y se esfuma disgregada, como globos multicolores en estampida. Estás muy borracho. Los pensamientos se te meten a un callejón oscuro. Necesitas un café urgente.
De verdad puedes intentarlo todo, muchacho, pero siempre el corazón recibe estocadas a mansalva, dagas de hielo que atacan desde la nostalgia, desde lo que no hiciste y pudiste hacer, el estrépito de copas reverbera hacia un pasado quebradizo, es un vitral, muchacho, hay colores que ni siquiera son manchas, formas que ya no significan mucho, quisieras una tregua, unos minutos, como en el básquetball, para repasar lo sucedido sin que las cosas sigan cambiando, pero ante cada aliento el mundo ya es distinto.
Pintura: Coffeee, Edward Hopper
1 Comentarios
Magistral en su conjunto: la forma de describir sumerge al lector en un laberinto de pensamientos y sensaciones del que solo se puede salir en la última palabra. Muy original relato que incita a la reflexión. Me ha encantado.
ResponderEliminarUn abrazo Jorge.