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Astillas de una carta

PABLO CINGOLANI -. Una carta es un muelle. O llegas o te vas. Jamás te puedes quedar. Aparecimos por Susques de casualidad, de puro azar, de soberano pedo. Aventurarse en la puna a pata, sin más tracción que tus pies y más armas que tu voluntad, es una temeridad. Pero esos años, si no la ensayas con vehemencia, subrayando el lado absurdo de las circunstancias, apostando hondo a la convicción que vas a llegar a algún lado y que si ese sitio no aparece, surgirá otro y que si no vas ni vienes a ninguna parte, bien también, dime: ¿cuándo la emprendes? Estábamos en San Antonio de los Cobres, los borceguíes baqueteados, la salvadora mochila al hombro y el más puro deseo de irnos de allí. Ni soga para ahorcarse había, menos mote, comida, charque; menos que menos un sorbo de algo para calentar el espíritu. Lo único que sí había y mucho, demasiado, en cantidades abrumantes, eran frío y viento. Había tanto viento que si te trenzabas bonito y te despeñabas, a lo mejor salías vo
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Almudena Grandes

Miguel Sánchez-Ostiz Tras su fallecimiento, esta semana pasada, ha quedado claro que a la derecha no le gustaba ni le gusta Almudena Grandes, ni como escritora ni como ciudadana activa, que participaba en esos actos que quisieran ver prohibidos y reprimidos. Cuestión de gustos, está claro; pero me temo que esa derecha que ha despreciado a la escritora fallecida, negándole un homenaje merecido, no tiene un narrador como ella, aunque sí tenga, muchos y variopintos, escritores de cámara que dan alas al cochambroso discurso reaccionario que se encarama como puede al poder, día a día, ante una atroz impotencia ciudadana. Mucho compromiso político el de Almudena Grandes y mucho éxito de público lector como escritora, en el ámbito de la lengua castellana y fuera de él. Eso se perdona difícilmente. Le rodeaba, ya en vida, una curiosa aura de fervor social y literario, ya estuviera en la Rotonda del Palace (si es que estuvo) o en la Tapia de la Almudena, donde se fusiló a placer durante años, y

¿Qué será el tiempo para el poeta?

Una lectura a Regulación del sueño del poeta Santos Domínguez Ramos. “La poesía es lo más real que hay, lo que solo es completamente verdadero en otro mundo” -Charles Baudelaire- Entramos en un laberinto, como un Teseo extranjero, un Camus ausente y oyendo a Cernuda. Es el sueño o la conciencia del poeta, son las palabras de Santos Domínguez Ramos. Ya en Un canto straniero, la búsqueda del Mito, para el poeta, fue un viaje entre la maravilla de los fenómenos que pertenecen a la tierra, antes del sueño y de Gilgamesh, olvidando el propio nombre, el logos y el mythos primordial, el poeta va borrando de su memoria el nombre de las cosas. En la búsqueda del tiempo puro y con el don de los dioses, que es el olvido, el tiempo es la noche de Pompeya, los seres imaginarios del Bosco, la ataraxia de Spinoza o un grabado de Piranesi. Serán sueños, ¿o pesadillas? Es la eterna lucha del ser humano con el tiempo, con el tiempo biológico que difiere de él en el sueño y en la esperanza, y con el ti

Haikús de otoño

Márcia Batista Ramos Akiko Itō desde el diván, observó las hojas anaranjadas que se amontonaban en la puerta de vidrio que daba al jardín. Recordó que se aproximaba su cumpleaños y pensó: “los cumpleaños, al igual que las hojas se amontonan en la puerta a cada otoño; de muchas maneras tenemos la posibilidad de no dejarlos pasar… pero ¿qué haríamos con esa vida tonta, si no se extinguiera? Por suerte, llegan los otoños y las hojas, otrora verdes, ahora vestidas con otra belleza, caen… a veces con la furia del viento, otras veces se desprenden lentamente y bailan suave hasta el piso. Así es la vida. Y así tiene que ser. Todos, iremos disipándonos en la luz que engulle el tiempo para después, no ser más nada, ni recuerdo arrugado, nada más que un desaparecido sin nombre…” Akiko Itō se acurrucó, abrigándose con la matilla blanca y recordó la mantilla roja a cuadros. La mantilla con que se envolvía en la cama, la misma que llevaba en los viajes y que la lavaba por la mañana, para volver a u

Nuevos escritos de memoria antigua

Maurizio Bagatin Es difícil hablar sobre lo que se conoce, entonces intentaré escribir sobre Nuevos escritos de memoria antigua “El hablar conquista al pensamiento; escribir lo domina” -Walter Benjamin- La literatura de Claudio siempre ha sido la literatura de la experiencia, de lo vivido, es un autorretrato que a veces se parece al autorretrato de Francis Bacon, desdoblándose para ver más allá, otras veces parecido a lo de Balthus, mirándose en un espejo borgeano, pero siempre es el autorretrato de Van Gogh, lúcido y sincero. Siempre nos habla de nuestro ethos. La memoria no es solo cosas de dioses, a ellos está consentido el olvido, a los humanos es consentido aquel surco que pertenece al momento, al instante, a un estrecho espacio entre la esperanza y el arrepentimiento, y este es el espacio de la vida. Ahí es donde el stajanovista Claudio se adueña de todo lo posible. A través de la vida, a través de la escritura. La literatura de Claudio es una receta culinaria que roba a la escri

Si morir fuera una cosa diferente

  Márcia Batista Ramos “Suave antorcha tus rayos, dulce hoguera tu espíritu; Aún vives un poco porque yo te sobrevivo". Marguerite Yourcenar El motor del tiempo es inexpugnable y hace que el alma viaje descalza sobre la redondez del mundo. Contemplo en un acto reflejo, el ir y venir angustiado, de las personas en las calles, en el preciso instante que una moneda rueda por el piso hasta tropezar con el pie de un indigente (invisible), que olfatea los aromas del mundo, desde la fría acera (colchón, sofá, almohada) diván, desde donde contempla la vida lamiendo el aire, mientras babea sus jugos. Dicen que la moneda es caridad, es misericordia, es empatía… Pienso que la limosna es un descargo de conciencia por la falta de humanidad oculta detrás de las mentiras. Siempre imagino que, si nuestros muertos no viajasen al más allá y simplemente, sentasen en las aceras a pedir limosna, o si ellos se volviesen niños hambrientos, nacidos en los tugurios de los arrabales… Pienso que entonces, t

Una historia sin fin

A G.R. Con la gratitud de siempre Jaime Bateman, “el flaco”, aseguraba que nada se puede construir desde la tristeza y ejercía toda una autocrítica desde un lugar poco usual -fue uno de los fundadores y líder carismático de la, en su tiempo, guerrilla más popular de Colombia- sobre la solemnidad de los movimientos rebeldes y populares por no encarar la lucha desde la alegría…desde la alegría de la vida y de la lucha. Sostenía Jaime, muy tropical el hombre, que había que “rumbear” la vida, que había que amarla y que había que amarla de manera constante. Decía algo así: solo los que atesoran amores firmes, persistentes, pueden resistir, pueden lanzarse a las montañas y a las selvas, pueden soñar revoluciones, pueden cambiar al mundo. Jaime Bateman murió en un “accidente” de aviación -de esos que nunca se aclaran- y la realidad perdió un ser luminoso, un faro de sentido y sensibilidad, alguien que no dudó en empuñar las armas para defender a su pueblo pero que creía, por sobre todas las c

A una presencia

A Humberto Ak'abal In memoriam Altiva guardiana, velaste mis noches, cuatro noches, de serenidad beatífica, implacable: cuando amanecía, cedías, con toda tu majestad, la primacía a los pájaros, que cantaban desde los molles del valle Los días se sucedían entre memorias de tantas batallas, de tanta fragua, de tanto ardor en la piel, que sólo tú eras capaz de conjugarlos, de conjurarlos en mi almohada y concederme el bienestar de dormir soñando, de seguro, con esos combates de la pasión, de la emoción, de esa gloria que vos, mejor que nadie, sentiste, sentías Porque estabas allí, presente Yo te sentía Yo sentía tus latidos de basalto, de piedra de volcanes, del lapislázuli con el cual te habían honrado Yo sentía tu gloria, tu honor de haber sido monarca y guía, faro y amparo, Señora de los Mayas Y sentía tu amor por tu pueblo yucatano y sabía que si alguna mano te legó a la historia -a mi historia y te labró para mí- era porque eras amada, eras valiente, te merecías el amor de l

La marcha

Uno, dos, tres, decenas, decenas de miles marchando. Caminando, caminando, paso a paso, kilómetro a kilómetro, en busca de algo que está dentro de ellos mismos. Cuando un pueblo marcha sólo se re/encuentra a sí mismo. Y vaya si era un pueblo el que marchaba. Era la Bolivia morena, la Bolivia profunda, la Bolivia que no sale en las noticias, la que se puso a andar. El altiplano es un ámbito de revelaciones. Todos los secretos del mundo están allí o no hay ninguno: depende de la mirada, del corazón que se abre a esos arcanos, de la piel que se tensa por el frío o el calor -el altiplano es sagrado para aquellos que sienten a la divinidad como se muerde un pan o se acaricia a un perro. Y yo no te puedo explicar lo que se siente ante las pequeñas grandes victorias de la vida. Simplemente: o se siente o no se lo siente. Mírate al espejo. Vete tú a saber. Fuimos al encuentro de la marcha -el pueblo andando- hasta el Ayo Ayo donde nació Julián, Julián Apasa, el hombre que se rebeló contra la i

Los agachaditos

Llueve y hace frío. Los Andes no creen en Dios, dijo alguien. Api y pastel, tojorí y buñuelos, a primeras horas y en días así, todo el día. El maíz en una de sus máximas expresiones, maiz Kulli, amarillo, willkaparu, api y tojorí caliente y todos sentados en taburetes bajo un techito hecho de lona para camiones, azul o anaranjado, mirando la esquizofrenia del día que está por empezar. La wawa envuelta en el aguayo que está a mi lado sigue disfrutando del sopor del abrazo de su madre, del sopor natural de las primeras horas mañaneras, del calor de las ollas humeantes que están a su lado. Aluminio envuelto en aguayos, niños y maíz protegidos por una envoltura que antes fue tejida por una historia ya es olvido. Café negro y espantosamente dulce, te sin color y linaza para llevar en bolsita y con bombilla, es el inicio de una jornada de trabajo, pan casero, marraqueta o tortilla, los albañiles los levantan y los llevan a la obra junto a media docena de plátanos y una bolsa verde con 5 pesi

Dos poemas de Luis Alfaro Vega - Costa Rica

Ávidos de beso, besando Beso que se torna aguacero, luz que de su luz flamea, bocas ávidas de beso, besando, agua que saciar la sed no puede, y sacia, torrente de alta peña caído que en serena pose en mutua esencia con el valle, se hace espejo. Anuencia al beso en justo tiempo, bajel que boga, olas levantadas, fluyentes corrientes en su asunto. Beso como un eco atendido, juntura olorosa a hierbabuena en el verano, cuerpos sueltos, ardidos nogales girando, sudando entre sobresaltos de placer, aspirando la presencia desnuda de las lenguas, delicia de la carne y su veneno. ¡Beso: ardor que justifica el instante de la historia! Vigilia del roce, irradiación de lumínicos topacios, vibración de acentos en lo hondo cálido rielando. ¡Ávidos de beso, besando! Lujuriosas agitaciones Equilibristas en la llaga de lo táctil, tornamos a las huellas, procurando el ensalmo del gozo. Aleteos en concordancia hacia la luz, intrínsecos amparos de deleite. Palpitando la atmósfera radiante, en agite de