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Fawcett: una historia

 Pablo Cingolani De esta historia, ya me estaba olvidando. Brad Pitt acaba de estrenar su película sobre Percy Harrison Fawcett, el celebrado explorador británico. Siempre quisimos hacer una película sobre el mismo legendario personaje. Fue mi amigo Pablo Castillo, un bibliófilo de cepa y que desde hace añares publica maravillas como editor de EUDEBA, una de las más prestigiosas editoriales argentinas, quien me obsequió el libro de memorias de Fawcett, la segunda edición conocida en castellano, la editada en Madrid el año 74. Ya vivía en La Paz, en Bolivia y recuerdo que “Paco” al entregarme el texto, me dijo que a mí me iba a servir más que a él, abandonado en su biblioteca. Entendí el sentido del mensaje apenas me puse a leer esa obra singular, compilada y adaptada por Brian, el hijo menor de Fawcett, al que la historia le debe, al menos, el reconocimiento de haber encendido la llama del poderoso recuerdo que envuelve y atesora su padre. El motivo es uno solo: el libro está tan bien es…
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Pequeño lagarto dragón

Pequeño lagarto dragón, te veo o te sueño, no lo séPero me imantas, saurio, por eso te escribo, te cantoEs que al verte o soñarte, me devuelves verdadesCertezas ausentes que parecían olvidadas, perdidasEntre tanto afán sin sentido, tanta sombra acechantePequeño lagarto dragón, legendario ser, divino reptilTu sonrisa incesante agasaja al mundo, a sus orígenesA la febril matriz de todas las virtudes y las huellasQue se obstinan en recorrerlas, en no extraviarlasPorque es inútil querer escapar de la luz del destinoPequeño titán que has danzado bajo los volcanesBebiéndote el fuego redentor que anudan las desgraciasSobreviviendo a vos mismo en todas las batallasPreservado por tu fe, tu mística, tu amor al solMi pequeño y venerado gran lagarto dragónTe veo o te sueño, no lo sé…Lo que me incita, lo que me halaga y me llevaEs que me procuras esa dicha que fertilizaY siempre te aguarda en páramos y oquedadesEs la misma felicidad que sientes cuandoEn medio del agua clara, ves las piedrasAbrazad…

Un sueño escritural

Homero Carvalho Oliva 
Ayer, domingo, desperté a las 4:30 de la madrugada, la hora del conticinio, esa hermosa palabra olvidada que es el instante de la noche en que todo está en silencio. Desperté y recordé el sueño que soñé, fue una epifanía. En mi sueño me vi a mi mismo escribiendo en una agenda de cuero, una en especial que me obsequió una enamorada que me soñaba escritor. El que escribía era yo mismo, me acerqué y pude ver mi cara de satisfacción, estaba feliz con lo que escribía; miré la agenda buscando descubrir que me hacía tan dichoso y solo pude ver unos signos extraños, un lenguaje desconocido para mí. Miré al hombre que era yo mismo y me interrogué acerca de lo que escribía, él, que era yo, que siempre está conmigo incluso cuando no escribo, me miró compasivo, como perdonando mi ignorancia y siguió escribiendo. Lo volví a mirar reclamando que me presté atención, levantó la vista, me miró desde mí mismo y luego bajó los ojos al papel leyéndolo en voz alta, ¿lo entiendes?, me…

El final del camino

Claudio Ferrufino-Coqueugniot
Domingo de mediodía. Caliento milanesas de pollo. Las hice picantes esta vez, con salsa habanera. Escucho el soberbio “pequeño cabaret ambulante” de Enrique Bunbury. ¿Qué falta para la melancolía? Nada. Están los sabores antiguos, el oriente en el comino, el sur con mejorana. Gracias a Bunbury, pasean por el departamento calaveras de mujeres desnudas de ropa y carne, batiendo la dentadura como castañuela andaluz. Clac clac. Cortinas cerradas de frente, abiertas de costado. Maúlla un gato y miro a ver dónde está pero es parte de la música. Escribo a Irina de Pilniak y Gorky. De los vagabundos que creo que estaban a orillas del Caspio, ese mar con forma de cacahuate, de maní tostado, salado, cochabambino, grande y superior. Había un nombre de mujer, en Gorky, que empezaba con V pero no era Vera. No lo voy a buscar aunque podría encontrarlo. No era Varna porque Varna es Bulgaria, el Mar Negro que Diana Kofszynski agita últimamente para hacer aflorar penas, hu…

Lolodorf, una metáfora africana

Maurizio Bagatin
“Quién ha visto el león rugir no corre a la misma manera de aquellos que sólo lo han oído” (Proverbio africano)

El camino que une Kribi con Lolodorf eran huecos profundos hasta tres metros, limo rojo que en algunos charcos se vuelve, mezclándose con otra tierra más amarilla, de un naranja psicodélico, y gracias al verde de la floresta el contraste es feroz, como todas las bellezas africanas. La empresa Andrade Gutiérrez sigue una línea fija, irremovible y derrumba, aplana, estruja toda la naturaleza que encuentra a su paso; el verde, mirando hacia el cielo, parece escapar, degradarse, diluirse con el tórrido sol que traspasa gafas y enceguece todo espejismo ecuatorial. Llegamos a Bipindi, pasando por petit villages adonde unos niños ofrecen venderte pescado cocinado a la brasa, unas papayas anaranjadas como la tierra y bananos color prásino, otros unas víboras del Gabón recién capturadas: esta es tierra de los pigmeos badgeli, recolectores de miel, nómadas pacíficos que…

Las palabras (cuento)

 Márcia Batista RamosLa casa fue un pequeño cuartel español que sirvió de protección y albergue para los Jesuitas de la extinta Misión de San Juan, cuando viajaban desde El Oro hasta la audiencia de Charcas, cargados del metal precioso, que explotaban en las minas de su misión, con la gracia de Dios y la sangre de los indígenas apresados en cualquier lugar y también a las orillas del río Grande, otrora navegable hasta la audiencia de La Plata. Después de la Republica la casa fue guarida de cuatreros, hasta que un palestino de pasado dudoso, los mató a tiros y se apropió de la casa que pasó a sus herederos, que un día derrumbaron la torre de vigilia para que la historia se olvide que existió un cuartel y cambiaron algunas paredes de tapial por adobes, la paja por teja y llamaron al antiguo cuartel y guarida de cuatreros de hacienda.Los años y la historia corrieron a raudales, toda suerte de gente vivió y murió entre sus muros: por enfermedad, tiro o degüelle. Sus almas no pudieron aban…

La palabra

Maurizio Bagatin
"Miraba el cuerpo dormido de Alcibíades, veía los últimos destellos en la chimenea, en la copa de vino, y me preguntaba si las cosas más importantes de la vida no existieran más allá de la palabra, sino antes." - Thodoros Kalliafatidis -
Contemplando el paisaje dejado por las ruinas de Babel… encontraremos al primer grito humano, allí está la tabula rasa de la palabra, aquella voz primordial, luego chismosa o ausente, nunca dicha, saltada y abortada, a la palabra que aún no ha nacido, a la recién sembrada y a la borrada, a la que Adorno temía darle un mañana; ahí están el Gilgamesh inmortal, el profeta bíblico y el cronista evangélico, el hidalgo y el vate, el trovador… 
El lenguaje nace dialectal, el lenguaje reconoce el territorio donde nació, reconoce las huellas del pasado y traza las del futuro, como en un viaje a las raíces, el lenguaje es la lengua materna, es la semilla de la primera acción, es el verbo que nunca traiciona su primavera y puede convertir…

Pueden ustedes llamarme Moby Dick

Ustedes no saben nada de miUstedes que se desgarran entre síQue se hieren, que se matanHan dicho de mi lo que han queridoPero nunca me han preguntadoQuien era yoQue sentíaQue soñabaUstedes me llamaron salvajeMe rodearon de crueldadMe hostigaron lo indecibleMe martirizaron sin treguaY jamás escucharon mi vozMe exiliaron junto a sus fantasmasUstedes que profanan las aguasUstedes que gangrenan su odioUstedes que se procuran horrorUstedes, me han condenadoA la maldad colosalA la desgracia infinitaPorque les duele mirarseEn su propio terrorPueden ustedes, si eso quierenLlamarme Moby DickSeguiré mi rumboHonraré a mis muertosCumpliré mi destinoPueden llamarme Moby DickUstedes no saben nada de mí.