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Entradas

De Herman Melville al Che Guevara / Escriban sobre Bolivia

PABLO CINGOLANI -. A vuelo de pájaro, la imagen de Bolivia en la literatura internacional es variada y muta de acuerdo a la personalidad de quien escribe. Para la chilena light Marcela Serrano (en Nosotras que nos queremos tanto ), Bolivia es un buen lugar para escaparse y tener un romance prohibido en las mullidas camas de un hotel cinco estrellas de la ciudad de La Paz pero eso sí, rociado con vino Undurraga, contrabandeado desde el valle Central de su propio país. Pero para la también trasandina y ecologista Malú Sierra (en Donde todo es altar ), por el contrario, Bolivia es sinónimo de diversidad, resistencia y profundidad cultural y a pesar de haber sido tomada como rehén por los comunarios de Amarete, en la región Kallawaya, ella los ama, ama a Tiwanaku, ama a la isla del Sol, hasta tuvo valor para pedir mar para su vecino en medio de la dictadura de Pinochet. Luis Sepúlveda, que andaba fugándose de las mazmorras del tirano, cuenta en su Patagonia Express que sólo
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De Odessa a Kharkiv, 18 horas cruzando Ucrania

Claudio Ferrufino-Coqueugniot / NÓMADAS/2021 Abro un mapa que queda corto para Kharkiv, llega hasta Sumy y Kremenchuk. Trato de trazar a lápiz aquel viaje que hice en octubre de 2018 entre una ciudad y otra, entre Odessa y Jarkov, la antigua capital. Del Mar Negro a la casi frontera rusa, medio país hacia oriente. Entonces no usé un mapa y lo desecho hoy, no por inservible, sino porque aparte de unas cuantas referencias geográficas hablaré de gente, impresiones, recuerdo y memoria. El boleto costó 11 dólares. El plan consistía en explorar primero el este y en un par de meses inclinar las maletas hacia occidente, a esa joya arquitectónica de Lviv y de allí cruzar a Polonia en un detallado croquis histórico, paisajístico. Siempre la literatura detrás de las alucinaciones. El oeste contaba con referentes sacados de la trilogía histórica de Sienkiewicz (A sangre y fuego, El diluvio, Un héroe polaco), también llevada al cine de manera notable por Jerzy Hoffman, aunque los libros abarcaban m

Existimos tan poco

 Márcia Batista Ramos Segundo año de peste: cada vez que suena el teléfono por la noche, se estruja el alma…   Será mejor que los teléfonos no suenen por la noche y los enfermos se recuperen durante la noche, y respiren mejor con la luz de la luna. Al final, siempre faltan cosas para decirse y deben ser dichas. Por lo menos, te amo, una vez más. O tal vez, hay que dejar claro, que allá a donde se viaja sin las pesadas vestes del cuerpo, cada uno llevará en la memoria al otro, para siempre. Decirlo es importante, una vez más, por lo menos, para que los que se queden, puedan soportar quedarse. Entonces, los teléfonos no deben sonar por la noche, por lo menos ahora, en el segundo año de la peste. Lo que debiera oírse, por la noche, son los cánticos angelicales que guardan los sueños de los mortales, pero no se oyen… Las noches están plagadas de ambulancias y miedos. Peor que eso, nadie sabe qué aturdirá su sueño, quién llamará para contar sobre quién se ausenta, sin siquiera enumerar

A mis amigos- una vez más

  La única manera De protegerse Del presente Son los amigos   El presente Lo diluye todo Lo licúa todo Vuelve todo Una razón Insondable Incomible Inexplicable   La única manera De ampararse Y ser uno mismo Con el destino Son los amigos   Los sobrevivientes   Mis amigos.   Pablo Cingolani Laderas de Aruntaya, 21 de junio de 2021 Imagen: Amistad. Pablo Picasso.  

Réquiem por Juan Forn

 Me conmovió la noticia por la proximidad, tenías 61, tengo 58 por cumplir, tres años me separan de tu infarto. Sabía que vivías en una playa, vivo en una montaña. Suponía que -una playa- era un buen destino para partir: ahora le temo. Te confieso: tuve entre mis manos tu novela, la que te consagró, esa donde se nadaba de noche, pero nunca la leí. (Fabián, mi amigo de la infancia, fue el que me la arrimó. Con Fabián, empezamos a caminar los cerros a nuestros 7 años. El, supongo, te leyó.) Si leí tus textos en P12, la mayoría me conmovieron porque intuía que buscaban un destino, algo improbable siendo escritor, siendo argentino y viviendo en una playa. Lo intestaste, Juan Forn, y por eso, me conmuevo y te escribo este epitafio. Yo sé que es duro lo que te digo -quiero ser honesto Yo sé que es honesto lo que te escribo… Que en paz descanses, mi hermano, y si tu almita viene por acá, por estos lados donde no hay más nada que montañas, indios y una alegría imposible de definir, si es por m

¡Con este sol...!

  Es una de las mejores escenas del cine argentino, que digo: del cine latinoamericano, mejor diré, de una buena vez: del cine mundial, de toda la historia del cine. La interpreta Rodolfo Bebán en ese clásico titulado   Juan Moreira , obra maestra de un creador de obras maestras llamado Leonardo Favio.   El gaucho Juan Moreira sufre los desgraciados avatares propios de tener que vivir en un mundo que ya no es el suyo: el capitalismo -con su implacable mano de hierro y su alambre de púas- viene cercando a los paisanos, los viene queriendo amansar para sus fines, los quiere volver mano de obra barata y que se dejen de joder con su ser libres, su ser y estarse en la tierra sin límites, su ser, en definitiva, gauchos.   Juan Moreira nació rebelde y morirá rebelde -si algo nos legó Favio con su obra es eso esencial que está más acá o más allá de la muerte- y cuando la aciaga cita lo espera, lo convoca al rebelde, asediado por la tropa de milicos, mal herido, sangrante en la refriega, acorra

Líquenes

  "Cuando me di cuenta que era eso, que era un liquen Viví cada amanecer como si fuera el último Y a cada noche agradecí seguirme amparando Estoy feliz por ello: mi vida era mía y de nadie más..." de El testamento de un liquen, Pablo Cingolani https://plumaslatinoamericanas.blogspot.com/2019/05/el-testamento-de-un-liquen.html

En un rincón de su jardín…

…hay maní forrajero, son algunas hojas que fuimos sustrayendo hace veinte años atrás de una plazuela en Yapacaní. El pasto es siempre verde y cubre como una manta la tierra del rosal. Ninguna novela empezó así, ninguna tal vez jamás así empezará. Los patriarcas deciden cuando, adonde y como morirse. Es el destino de los íntegros hasta el final, de los que vivieron una generación que hoy nos parece tan antigua, así tan inalcanzable. Una generación que hoy nos está dejando y así dejan también un mundo. Un poco de Revolución francesa, un poco de Contrato social y siempre el sueño de querer la luna. Acción e ilustración. “Hoy quería preguntarle si se acordaba de cuando con su compañero de viaje, luego de una inolvidable sopa de cebolla, comida en aquel mercado de Les Halles en París, entraron a la Bolsa de valores, casi al lado de la iglesia de San Eustaquio, y sabiendo que los americanos habían invadido la Republica Dominicana, se pusieron a gritar: “¡Abajo Estados Unidos, muera el Imperi

Muerte de Tsimi Matahua

Paz en su tumba hermano Tsimi Matahua, hermano Araona que parte por causa del COVID_19.  (Orgánica Cidob Bolivia, 18 de junio de 2021)   Los Araonas: Sobrevivientes del auge de la goma   El Sabio Araona Tsimi Matahua es hijo de un Araona que escapó de una barraca gomera y sobrevivió a las balas y la persecución de los siringueros en el segundo auge de la goma por la década de 1930. Luego de vivir aislado en la selva inaccesible fueron encontrados por lingüistas en la década de 1960. Según Hebe A. González quien entrevistó a Matahua el año 2000, Dos familias araonas huyeron del auge de la goma. Relata que sólo la abuela de Matahua, su padre y sus dos tíos lograron huir, al abuelo fue asesinado durante la fuga. “Nos contó Tsimi Matahua…La madre y los tres niños continuaron su fuga hasta encontrar una familia Caviña compuesta de una pareja, su hija y la abuela. Tenemos entonces una familia Caviña compuesta de cuatro personas y una familia Araona compuesta también de cuatro personas. El hi

Argonautas del siglo XXI

  Márcia Batista Ramos En medio a un congestionamiento surrealista y caótico en la urbe alteña, intentando salir de la ciudad sede de gobierno de Bolivia, miraba, desde el asiento del acompañante, los tres carriles apiñados de minibuses parados, esperando para llenarse de pasajeros, desde el carril que se movía tan lento como una boa digiriendo un toro, porque en el cruce un camión viejo repleto de personas, se trancó al tentar pasar en semáforo rojo y sin poder andar ni atrás, ni adelante, cortaba el paso del único carril que no tenía minibuses parados… Mismo con los vidrios cerrados, para no dejar escapar la refrigeración, escuchaba los sonidos de afuera y me sentía en zozobra entre tantos bocinazos, voceadores – gritando el trayecto de cada minibús a voz en cuello- transeúntes buscando un espacio para cruzar la avenida, vendedores ambulantes de todo lo humanamente imaginable, bajo el sol del mediodía. Yo soy una persona que tiene profundo apego al silencio, entonces, realmente, en a

Clamores de un vagabundo a un dios peregrino

  [Léase con ilusión]   Oh, dios, generoso señor de todos los nómades y andarines, creador de eriales y ciénagas, tu que sabes de asedios y naufragios, dame un reino áspero, un país abrupto, una tierra que nadie ansíe, un lugar despreciado: yo lo honraré con mis huellas, con mis silencios, con mis puños malheridos, con mis labios llenos de grietas, con mi piel tatuada de ágatas y estrellas, ardiente de cobres y cenizas   Señor que cargas la mochila de todos los desarraigos y los desasosiegos, dame piedras, dame alumbre, dame amianto, dame sal, dame frío de estepa, dame agua abandonada, dame lo que nadie quiera, dame eso de lo que no se admira o se ha olvidado o es maltratado, buscaré su magia, insistiré hasta encenderla, hasta que se me revele y me guíe   Monarca salvaje, soberano imposible, vela por los jinetes, los cactus, las vicuñas, los guanacos, los líquenes, los  cipreses que vi sólo en sueños , los nogales, las queñuas, las hormigas, el cedrón y la memoria de Varela   Cuidadoso