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Los miserables/CUADERNOS DE NORTEAMERICA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot Leo a Roberto Arlt. El universo de los pobres es el mismo en todo lado: traición, robo, insultos, padres suicidados, alcohol. En el mercado de abasto de Washington era así. Willy, chofer negro, había asesinado a su madre siendo casi un niño, ofuscado en droga. Tyronne pasó trece años en prisión por robo con "asalto". En las noches de la calle Morse se contaban historias; ron y licor malteado entre los dientes. Olor a mariscos; húmedas paredes y autos policías que cruzan lentos sin parar. Cada hombre hundido en su miseria. Olvidado ya el tiempo en que se preguntaba ¿qué hago aquí? Cuando las esperanzas brillan mal. Wayne y yo caminamos hacia la esquina de los mendigos. Allí hay droga fácil y prostitutas de a diez dólares. Un amigo cuyo nombre me es borroso se sentaba en un desventrado sillón, en medio de la calle: el trono de la oscuridad.  Wayne compra piedrecillas blancas, opacas: cocaína adulterada. Al lado de una reja de amontonad
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1989

Claudio Ferrufino-Coqueugniot The Moldau, Bedřich Smetana, 1989, uno de mis primeros discos compactos: Lo he recordado escuchando a Dvořák la noche del viernes con nieve de fines de mayo. Sí, después de días tórridos ha caído nieve, quince centímetros, y los pies se han congelado de nuevo. Hasta los zorrinos escapaban detrás de los arbustos ante esa lluvia fina, tupida, helada. Catorce horas, bastante para creer que el mundo se ha volcado, que estamos en los antípodas, en la ventisca del río Amur en Dersu Uzala. Decidí no dormir y ver otra vez esta película, la quinta, sexta vez. Era Gloria en el polvo universitario, con risa en el intermedio, la primera, cuando mencionó Dodes'ka-den, también de Kurosawa. Mi cine está lleno de mujeres, si amores fueron dirán ellas. Ligia también conversa sobre los dos filmes. Tiene los pies fríos para matizar mis calores. El Amur… tengo que verlo. Todo lo ha hecho tan difícil el payaso del Kremlin. Tantos viajes truncados. Tendré que esperar, pero

Carlos Franck en Costa Rica

Agradezco a Luis Alfaro Vega por su labor de ratón de biblioteca Casi nadie ya lo recuerda, pocos habrán leído sus poesías, sus trabajos de crítica y de difusión literaria, sus ensayos, pocos habrán compartido con él tardes de cervezas y la poesía de Vallejo y de Ungaretti, y de haber sido uno de los pocos me siento muy afortunado. El ácrata Carlos Franck era poeta de la palabra y por la palabra era poeta de palabra. Sería la hora de publicar toda su obra. Mientras me permito escribir esta breve nota, citando el material que el amigo Luis logró rescatar de la Biblioteca Nacional de San José de Costa Rica, país donde el poeta vivió pareciera desde siempre, y aunque no fuera así, su desarraigo fue lo de su alma apátrida, de su búsqueda permanente en esta eternidad que lo llevó siempre en decir que: “Nunca se dónde voy, pero siempre llego”. En Costa Rica fundó la revista Hipocampo de la cual fue también director, escribió en la revista Arte y Literatura y en varios cotidianos locales; sie

Pequeña huaca roja

Reúno estas palabras para cuatro personas, alguien más puede cazarlas al vuelo, oh mundo, lo siento por ti, no conoces a esas cuatro personas. Ezra Pound:  Causa Estás allí, alejada de un mundo que no sabe de ti. Que te olvida en su inmediatez. Te niega en su necedad. Estás allí, en el centro del cosmos, en el lugar preciso donde se conjugan mis sentimientos y tu inmenso poder de reflejarlos, ampararlos, dialogando con ellos La emoción se sincera sintiendo la luz que emanas y es tan intensa que se eleva y vuela hacia la cumbre de los cerros, hacia las anhelantes abras donde las apachetas aguardan, hacia las quebradas donde la muerte ya no duele Mullu huaca: el salitre purifica al cobre y, cuando cuajan, luces tan bella, pequeña huaca roja, que curas temores y cicatrizas dramas: danza el espíritu al son de esa música, molecular, intima, liviana, que sólo las piedras saben trasmitirte Porque hay música en el destino de estarse allí, inmemorial e inmóvil, abriendo corazones, alejándolo

A soberania revolucion, a governance insurreciones

Desde las ciudades soñadas por filósofos y poetas, imaginarias, invisibles, etéreas, hasta las ciudades concretas, visibles, efímeras de los visionarios y de los locos. Ayer D’Annunzio con la ciudad de Fiume y la idea de dionisiaca temporalidad -un superhombre a través del Futurismo y el vivir siempre del momento- hoy el capitán Abdallah y su isla de hierro. Caprichos y fiestas, proyectos y rebelión. Una barricada de Masaniello como la Esperanta Respubliko de la Insulo de la Rozoj, sueños de seres humanos que dejan huellas en la tierra, sueños en las mentes. La practica que se envuelve de teorías, un teatro y una visión, la poesía necesaria. Ayer escribió una poetisa sobre Hakim Bey, el poeta de los espacios de corta duración, estas zonas temporalmente autónomas, según ella vivirá en nuestras memorias de larga duración. Ayer las barricadas en Milán, el ’68 en Paris, la Guerra del agua en Cochabamba, rebeliones en territorios de fuertes intensidad. Un día hubo fiesta en estos territorio

Regar jardines y cultivar palabras

El tiempo fluye. Siempre lo hizo. En otoño, por ejemplo, mirando desde las ventanas, el caer de las hojas se vuelve un espectáculo, no aquella masacre que algunos individuos llaman podas, descuartizando las ramas principales, decapitando las secundarias. Pobre ciudad jardín. En primavera, por ejemplo, es otro mirar al mismo árbol, el tajibo se acuerda de su pasado, deposita sus flores e inventa el verde, aparecen las hojas que en el jacaranda van mirando la alfombra que sus flores han tejido. Nuestra desmineralización empezó hace un siglo atrás. Un análisis del suelo hoy día nos permite relevar que muchos minerales, los mas importantes, se han marchado, se fueron de la tierra. No fue una fuga sino un pillaje hecho por el ser humano, fosforo, selenio y cobre fueron los que mas sufrieron, magnesio y cobalto también tuvieron un arrebato fatal, el calcio, el zinc y el fierro son los que mas faltan a nuestros cuerpos. El análisis al suelo ofrece los mismos resultados que el análisis hecho a

El blues del álamo solitario de la quebrada sin nombre

Noble árbol, agita tus hojas y dile al viento que arroje lejos a la tristeza, se la lleve a donde jamás regrese, la exilie de mi vida, la pierda, se pierda la ingrata Árbol que brillas al sol de los Andes: puede que te alces solo en medio de esos tercos eucaliptus y esa tremenda omnipresencia de la piedra, pero, mira, mira bien, como el Gran Dador te embellece, te embellece sólo a ti Eres testimonio de esa presencia virtuosa: eres otro sol, un sol altivo en medio de un mar inmemorial. Las piedras cantan su canción arrolladora; trac, trac; trac, trac; tú te meces y les cuentas verdades del aire, secretos de los pájaros Cuando te vi, cual mástil áureo anclado al destino, el dolor se licuó en alegría, mi piel se estremeció de dicha, sentí tu abrazo vegetal de solo verte, solo acariciarte con los ojos, y supe, lo oí latir muy dentro mío, supe que nuestra cita ya estaba marcada. Por vos, desde tu raíz insumisa que te eleva mansamente. Por mí, por ese lazo fraterno con la flora que ampara

Teorema

¿Cuándo se ha separado la estupidez humana de la sensibilidad, de la compasión? Las notas del saxófono nunca quedan en la piel, penetran e invaden tejidos y órganos, viajan como un perfume cuando entra por la ventana, el perfume de una mujer que jamás podremos olvidar. Baila Zorba cuando todo está perdido y queda solamente la belleza, lo dijo muy bien Nietzsche: “Siempre hay alguna locura en el amor, pero hay siempre alguna razón en la locura”. Es un teorema la vida. En nuestro pisar la tierra sin reinventar el amor -esta historia que Pasolini podría haber escrito ayer- y dejarnos de las emociones que realmente no vivimos; o cuando el horror del sublime se nos presenta y la normalidad pretende desviarlo, y ni la química puede ya hacer algo. Sigue la música, el canto de unas sirenas imposibles en las improvisaciones del jazz, en nuestras vidas. Maurizio Bagatin, 22 de mayo 2022

El Gallo Negro / CUADERNOS DE NORTEAMÉRICA

Claudio Ferrufino-Coqueugniot/1992 Pub de jóvenes mujeres que bailan con suaves caderas rubias. Es El Gallo Negro y el símbolo del bar, el ave, está de pie en el cartel, afuera, mirando la calle que despierta la noche. Cervezas de Europa. Dublín se ha trasladado a Washington DC; hasta los maderos y los cuadros llegan de Irlanda. Se sirve la bebida desde barriles, en vasos de a litro. Crecen el negro licor y la blanca espuma. Uno habla de Joyce. Pero él no vive allí, no encaja. Los jóvenes quieren beber y amar. Con muchachas dadivosas no hay literatura que valga. No cuando la opción es entre el beso y la palabra. _____ Publicado en OPINIÓN (Cochabamba), 24/01/1992

Las semillas de la discordia

Los sueños vienen del mar, las vidas de una semilla. Vieron una planta que no había dejado caer sus semillas ya maduras, las mujeres se acercaron y las cosecharon, no tuvieron que doblar su espalda y recogerlas del suelo, por primera vez, a las semillas. Luego fueron sembradas, la planta ya no era silvestre, inició su domesticación natural. Luego de haber generado por su sobrevivencia y de forma natural, las hojas necesarias, las plantas mutaron naturalmente. La naturaleza siempre vino en ayuda del ser humano. Darwinismo, positivismo, ideologías y ciencias se enfrentaban. Todo por el poder, naturalmente. Las ideas no se sienten realizadas si no ganan el duelo, los hombres también. Con el Covid-19 entramos en una nueva época, el Pandemioceno, el Antropoceno ya se fue, dejamos atrás ruinas y escombros de una magnitud nunca vista antes. Ahora serán los virus en dictar las reglas, los humanos abrieron caminos absurdos, Bacon desesperado, Schiller sin palabras, la sexta extinción declarada.

Las palabras que nos habitan, ¿cuáles son las favoritas de escritores y poetas?

Homero Carvalho Oliva Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una. Francisco de Quevedo Las palabras que nos habitan son energía que sale de nuestro cuerpo, cada una de ellas es una semilla de las que ya vienen y, a veces, una palabra es suficiente para describir, definir, reflexionar, nominar, acariciar, condensar, descubrir el universo y sus vicisitudes, en fin…sirven para mostrarnos, escondernos, agazaparnos, así como para emboscar, viajar, construir y destruir, amar y desamar, vivir o morir. Hay palabras que se bastan solas, otras que necesitan compañía e incluso existen las que se quedan huérfanas si no las protegemos con otras de su familia. El maestro Borges afirmaba que “el nombre es arquetipo de la cosa/ en las letras de ‘rosa’ está la rosa/ y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo”. Octavio Paz, obsesionado por las palabras las describe así: “Palabra, voz exacta/ y sin embargo equívoca;/ oscura y luminosa;/ herida y fuente: espejo;/ espejo y