Viernes de bacalao


La polenta será blanca, para nada inmaculada, será de harina de una tierra que vio algún día Atila, dicen que lo vieron arrastrando todo lo que encontraba en su paso, hierbas, bosques, ladrillos. En el sugo, en aquella salsita que la cocción ha elaborado, iremos introduciendo la polenta y los dedos hasta perder su rastro; lameremos también el plato.

Mi mamá ayer había golpeado duro al bacalao, mi abuela lo había salado y a mi me pidieron que lo sazone. En aquel orden no sé qué resultado tendremos, ni modo, costras de polenta en la caldera quedarán para rasparlas al final del día, o un buen trozo y bien cortado con su hilo y luego “brustolada” sobre la estufa a leña, podremos hacerla nadar en el tazón de café con leche. Esto será mañana. Ahora me siento encima del cajón lleno de leña, la para el invierno, la que sirve para calentar y cocinar con la estufa blanca, en la esquina cerca de la ventana que mira hacia el camino del Bósc. Empieza a oler rico.

Nostalgia. De un plato que nos representaba y de muchos momentos, del viernes de bacalao y de todos los viernes que lo acompañaba.

Maurizio Bagatin, 12 noviembre 2021
Imagen: Bacalao a la Vicentina con polenta

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