“Hay algo más oculto y profundo que la historia, que nos pesa”. -Mario Luzi-
La indiferencia es un alimento fuerte. Otro ingrediente es el espectáculo. Europa es una moneda, un viento, Europa son solo cicatrices, el gusano bajo la tierra, el picaflor en la cucarda, una poesía de Celan: “¿Qué tiempo es éste/en el que una conversación/es casi un crimen/porque incluye/tantas cosas explicitas?”, el silencio a una “palabra” que esperaba de Heidegger.
Hoy se trata de memorizar el pasado, de aquel tiempo que es la eternidad.
En el abril del 1986 explotó la central nuclear de Chernóbil, las huertas adonde las primeras lechugas eran verdes se abandonaron, en todo el nordeste italiano comieron verduras importadas, no se de dónde. En aquella época estaba en Tarento, miramos una noche casi veraniega mucho movimiento cerca del Castillo, donde un puente parte en dos como una manzana la ciudad espartana de Taras, de Falanto, de una Magna Grecia de inconmensurable belleza, y nos comunicaron que toda la Marina Militar debía replegar y se estaba quebrando la cortina de hierro. Luego nos contaron que fue un submarino ruso que había invadido las aguas territoriales italianas. Dos hechos que demostraron de como el monstruo se estaba desmoronando, intentando hacer ver sus garras, garras cortadas hasta lo más profundo, la piel, para que hoy, después de que muchas aguas fluyeron, volvamos a ver muros erigirse y a hombres enfrentarse. “Omnubilacion en marcha que es la historia”, como bien la calificó el escéptico Cioran.
Hay un lenguaje simbólico que siempre habla de una cosa para decir otra, confesó el maestro Roa Bastos, en un eterno retorno -sin fin y sin memoria- adonde espero en la memoria de Funes, en aquel lenguaje -como forma de vida- cual lucido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso.
Maurizio Bagatin, 1 de marzo 2022
Imagen: Anticristo montado sobre el Leviatán , Liber floridus , 1120


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