25 de octubre de 2011

Sólo una nube acorralada



JORGE MUZAM -.

Rosas violetas y rosadas se mecen con el ventarrón al otro lado de la alambrada.
Los postes están podridos y quieren deslizarse cerro abajo.
Nada es horizontal desde mi horizontalidad.
A ratos el cerro asciende y a ratos desciende bruscamente.
Una antena de aluminio, algo desarmada y afirmada en un poste torcido, mira ensimismada el vacío.
Graznan intermitentemente los gansos de la señora Blanquita. Graznan por cualquier cosa.
Nuestras perras deambulan melancólicas entre los espinales añorando su vida de barrio.
Un festival de trinos retumba desde los jardines cercanos.
 Los jilgueros van por la medalla de oro,
pero es zona de patos jergones y yecos, y no se las darán tan fácil.
Ayer preparamos un pequeño huerto.
Abril plantó los porotos.
Estaba indecisa sobre si plantar de a tres o cuatro porotos.
 Finalmente lo hizo a su manera y los cubrió de tierra con un azadón oxidado.
Pese a que yo no era el autor intelectual, puso sobre el huerto un colorido letrero que dice: Huerta de Papono.
 Sobre el sembradío monté ramas secas de peumo, muy espinosas, para que las gallinas no se atrevan a escarbar.
Ya al oscurecer bebimos leche de la vaca María y sabrosos trozos de queque de naranjas que preparó Brenda.
No terminábamos aún cuando en el ventanal que daba a mis espaldas sobrevoló una enorme lechuza.
 Los niños se exaltaron de alegría.
Abril temió por sus hámsters.
Octavio las empezó a amar a través de Harry Potter y sufrió como nadie con la muerte de aquella noble ave en el sexto libro.
 Tras el incidente de la lechuza volvieron a predominar los grillos que ya se empiezan a apoderar de los rincones de nuestra casa.
Nos fuimos a dormir muy cansados, mientras el frío se abalanzaba implacable sobre los cerros de San Juan
Muy temprano el gallo Raúl de la señora Blanquita cantó su diana matinal.
Despertamos añorando el sueño esfumado.
Las nubes se habían comido las últimas estrellas y una brisa fresca acariciaba las mejillas.
Volví de dejar los niños al colegio.
 Había poco tráfico, sólo algunos camiones grandes con gravilla y microbuses viejos con escolares.
Encendí la radio del auto en la única señal que traspasa las colinas.
 El locutor se daba un festín exacerbando una extraña visión sobre el mar de anteayer.
Los oyentes que llamaban decían haber visto mil cosas diferentes, desde misiles hasta ángeles desnudos.
Aquella tarde también la observé con interés, aunque no llegó a impresionarme.
Sé que era sólo una nube acorralada entre vientos juguetones,
una nube que llegó a parecer una tromba o un soplo misterioso desde al alto cielo.

9 comentarios:

  1. Anónimo25/10/11

    Una vaca que se llame María es algo divertido.
    Bellísimo poema.

    Saludos

    Victoria

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  2. "El mejor destino que hay es el de supervisor de nubes, acostado en una hamaca mirando al cielo." Ramón Gómez De La Serna

    Eso me representa muy bien a mí. A vos el bello entorno que recrean tus palabras.

    Saludos

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  3. Qué envidia, mis domingos en familia suelen ser dentro de un mall en un sallón de juegos superpoblado y ruidoso.

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  4. Vuestro viento empuja las malezas como en una buena película de Zhang Yimou.

    Un placer Muzam.

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  5. Maravillosa forma de atrapar el momento, así se construyen los sueños y se edifican esos recuerdos que darán luz y calidez casi solar a nuestros días más grises.

    Hermoso

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  6. A eso se llama hacer de la vida un poema. Admirable cualidad.

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  7. Papono suena bonito pero le hubiera puesto otra cosa.
    Siempre me gustan los relatos de mi papá.

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  8. Notable, Abril!
    Comentario a la altura de su padre.

    Saludos.

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  9. Linda foto, lindo poema! Gostaría hacer eso, retartar mi vida con bellas palavras.

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