12 de agosto de 2012

Paisaje urbano nocturno

ENCARNA MORÍN -.

Son las tres de la madrugada y tampoco él duerme.

Hace un par de horas, su dormitorio, en la casa de enfrente, en un preciso ángulo de cuarenta y cinco grados, tropezaba con mi vista extraviada. Estaba prendida la luz del techo, que iluminaba toda la estancia, y una lamparita en la mesilla de noche, formada por múltiples estrellitas. Siempre había sido una de esas ventanas anónimas del edificio de enfrente. Hasta que la luz, la iluminó en mitad de la noche con las cortinas descorridas.

Un cuerpo masculino, joven y realmente escultural, reposaba en su cama completamente desnudo. Imposible ver su cara, ya que estaba fuera del ángulo de visión, aunque tampoco hacía falta. El bronceado cuerpo atlético se reflejaba en el espejo del armario. Así durante un buen rato, posiblemente más de media hora. Entonces debió percatarse del efecto pecera de la ventana de su dormitorio y apagó la luz del techo. Pero las estrellitas permanecieron encendidas, adivinándose desde lejos la silueta de su hermoso cuerpo, aún tumbado en la cama.


Ahora soy yo la que tiene encendida la luz. Estoy vestida, por eso de que a veces, las casas de la ciudad son una especie de escaparate, aunque el asfixiante calor de la noche invita a la libertad de la desnudez. La temperatura agobiante del verano y los horarios disparatados de las vacaciones, me tienen revueltos los tiempos de sueños y siestas de una forma tan anárquica, que es casi la mejor manera de sentir las vacaciones aunque no haya ido de viaje, como corresponde.

Me he sentado, de nuevo, ante mi ordenador y no he podido evitar la tentación de mirar otra vez hacia la estancia de enfrente, descubriendo la semi penumbra del dormitorio con muebles blancos y armario con espejos.

Su lamparita de pequeñas bombillas ramificadas de manera asimétrica, le da calidez al espacio casi apagado, pero ocupado por un hermoso ejemplar humano que alegra la vista en medio del conglomerado urbano, dándole ese preciso toque necesario, mezcla entre humanidad y galería de arte.

Está claro… para ver un hermoso paisaje, a veces, no es imprescindible tener una casa con vistas al mar o la montaña.

11 comentarios:

  1. Pocas cosas son tan placenteras como ver casualmente a una persona desnuda. Lo fortuito, lo inesperado, sumado a los reflejos de un vidrio, a las luces, a la noche. Ver, disfrutar, imaginar posibilidades, deleitar la vista, los sentidos, sin que un ojo reprensor nos frunza el ceño.
    Hace un tiempo me pasó algo parecido con una mulata cubana. Era bailarina o actriz, y se ejercitaba desnuda ante un espejo. La vi casualmente, porque nuestras ventanas coincidían. Desde entonces, es imposible olvidarlo.

    Buen relato, querida Encarna. Un abrazo.

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  2. De esas situaciones a partir de las cuales se hace poesía o se va directo a los hechos. Ver es estimulante para ambas cosas.
    Muy bien narrado, se disfruta el paso a paso -o bien, la ojeada sin ver.

    Saludos!

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  3. Raúl de la Puente12/8/12

    Me ha divertido su relato. Cuántas historias se tejen entre ventana y ventana.

    Saludos

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  4. Sebastián Martínez13/8/12

    No hace mucho tiempo estuvieron de moda las casas de vidrio, como instalaciones artísticas en diferentes ciudades del mundo, que buscaban analizar las reacciones del público al ver como otras personas desarrollaban las actividades que hacemos todos los días dentro de nuestras casas, pero a la vista de todo el mundo. Los escándalos que se armaron en la prensa fueron de antología. Surgieron todos los grupos conservadores a poner el grito en el cielo. Eran ellos precisamente quienes veían con mayor claridad que los demás (eso es lo que parecían demostrar) la suciedad que hay en los actos humanos cotidianos. Yo abogo por la transparencia, que todo pueda ser abierto y libre.

    Saludos. Entretenido relato.


    Sebastián

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  5. Incitante ventana. Me gustó.

    Saludos

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  6. Hay cosas y actos que dependen del lugar y el momento, y pasan de ser inadecuadas, a dejar de serlo. Despierta más curiosidad ver a la vecina en top less en su casa, que a esa misma persona en la playa. Hace unos días, encontré unas fotos mías en blanco y negro, en una playa nudista, que me hizo mi entonces marido.Me gustó mucho tropezarlas, como una forma de inmortalizar mis veinte años de entonces. Lo cierto es que estaba tomadas con mucho arte.

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  7. Pues siento disentir con la tónica general de los comentarios y con la autora del relato. Relato que está bien construido, sin ninguna duda, pero que como mujer me rechina, y les explicaré por qué.
    Hace unos años, un vecino se dedicaba a observar a los demás en nuestras vidas cotidianas. Claro, en un edificio doce plantas hay mucha gente viviendo: jóvenes, no tan jóvenes, adolescentes, niños, mayores...Esta persona se dedicaba a mirar cómo vivíamos sin cortarse y cuando le recriminábamos su respuesta era siempre la misma : "si no quiere que la mire, eche las cortinas, que va usted provocando, yo estoy en mi ventana".
    Puede que en un relato tan bien narrado hasta resulte hermoso y poético, pero que alguien te observe, sea de manera admirativa o no, casual o no, reiterada o no, a la luz de mi experiencia y de la de mis vecinos, no tiene nada de hermoso.

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  8. Ana, yo creo que en absoluto se exhibía, dadas las altas horas de la noche y también las altas temperaturas actuales. Yo tampoco buscaba un espectáculo de tal tipo, ni fisgaba... fue todo fruto de la casualidad y la coincidencia, pero con su toque artístico. Creo que es distinto de lo que tu describes.. pero respetable tu punto de vista, por supuesto. Y ya sabes... en las historias que se relatan, siempre juega la ficción. No es todo tal y como se describe...Podemos dejarlo en que hay poca realidad y mucha ficción. Y convencer al lector de que es creíble... pues no deja de ser un logro.

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  9. Anónimo14/8/12

    Observar una escena que se nos presenta de forma causal nos puede producir admiración, rechazo o indiferencia en función de nuestra sensibilidad, cultura y moral. Para mí una persona tiene la misma dignidad desnuda que vestida. Es cierto, que hay personas que sienten pudor cuando perciben que son observadas pero hay otras que disfrutan pensando en la admiración o en el morbo que su desnudez pueda despertar. También hay personas que andan desnudas por cuestión de comodidad y les resulta indiferente los pensamientos que suscitan entre los observadores causales o los mirones profesionales.

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  10. Anónimo14/8/12

    Paco Rafael

    Aunque el personaje del relato de Paísaje urbano nocturno observa por casualidad un torso desnudo, el voyerurismo siempre ha estado muy presente en nuestra sociedad y así se ha reflejado en diversas cintas cinematográficas, siendo la más representativa “La ventana indiscreta”, del añorado maestro Alfred Hitchcok, en la que un convaleciente James Stewart combate su aburrimiento observando a sus vecinos con unos prismáticos, pero con la desgracia de contemplar unas escenas que le llevan a sospechar de un caballero cuya mujer ha desaparecido, en lugar del esbelto cuerpo desnudo del relato de Encarna Morín.

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  11. ¡Oh madre mía, qué torso masculino, qué brazos, qué color de piel, y qué recuerdos me trae de Carlos! Hasta mi lecho de muerte me los llevo: el monte de su hombro, la llanura de su espalda silueteada, el camino de su brazo, el cuello y la oreja en la oscuridad. Señor, varón.

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