5 de marzo de 2013

Venezuela, de la nueva mayoría al mito

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.

De vez en cuando, la realidad vuelve a recordarnos que por algo es precisamente eso, realidad. No conviene tomársela como evidente, inmutable y hasta manejable, sino estar receptivo a sus bienaventuranzas y golpes bajos. El pueblo venezolano ha sabido de aquello este 5 de marzo. Primero, una elección ganada con una contundente mayoría (reconocida por sus propios adversarios, salvo los más furibundos que alegan fraude), después una recaída cancerosa demoledora y un saldo fatal reciente. Toda una sucesión de hechos donde lo único certero es la acción del azar.

Hasta el día domingo 7 de octubre buena parte de los medios de comunicación del mundo presentaban a Venezuela como un escenario donde un poder anquilosado y desgastado se enfrentaría a una sociedad civil recién organizada políticamente. Describían a una sociedad civil dispuesta a empoderarse de su rol, con la convicción de que ahora sí sería posible alcanzar la victoria definitiva.


Este argumento se basaba en el siguiente análisis: el entonces Presidente Hugo Chávez se encontraba ad portas de experimentar –continuamos con la visión mayoritaria de las grandes cadenas informativas-, por primera vez desde que asumiera el poder en febrero de 1999, una elección donde su proyecto socialista bolivariano –“populismo clientelista” para sus enemigos acérrimos- sería puesto en entredicho y, en el mejor de los casos, abortado.

A más de alguien se le ocurrió comparar a la oposición venezolana con su símil chilena de la época del plebiscito de 1988, instancia donde resultó derrotado el general Augusto Pinochet Ugarte, obteniendo sólo el 44 por ciento de los votos frente a un 56 de sus opositores.

Si bien es cierto los partidos y organizaciones que apoyaban al candidato opositor Henrique Capriles Randoski abarcan todo el espectro político -destacándose los social demócratas de Acción Democrática y los demócratas cristianos del Comité de Organización Política Electoral Independiente COPEI-, en el caso chileno la situación fue en un contexto y con protagonistas diferentes. Nuestro país se enfrentaba a la posibilidad de ponerle fin de manera pacífica a una dictadura de más de tres lustros, con una gestión económica celebrada por una parte de la población, pero con un saldo de muertes, torturas y represión padecidas por el saldo restante. En esa oportunidad, y después de un largo período sin el más mínimo atisbo de democracia, sólo se ofrecía dos alternativas frente a un único candidato. La oposición chilena, por su lado, debió esperar cerca de un año más para presentar su propia propuesta que el país acogió mayoritariamente en las urnas.

La porfiada realidad –aquella que menos que nunca ha coincidido con la mayoría de los medios de comunicación- nos mostró un cuadro interesante, y para muchos inesperado, con el pueblo venezolano. Un Presidente reelecto por tercera vez, con una mayoría que ya se quisiera cualquier político (más de ocho millones de votos equivalentes al 55,26 por ciento), condición necesaria –pero no suficiente, dirán sus detractores- para continuar con un proyecto transformador, iniciado desde hace más de una década.

BONANZA  PETROLERA

Cada vez que se intenta buscar las razones que llevaron al poder a este ex hombre de armas, hay una respuesta que se repite y que guarda relación con una bonanza monoproductora petrolera que sólo alcazaba para un grupo reducido de elegidos, en desmedro de la mayoría de la población, una historia que ya nos suena demasiado conocida. Un círculo vicioso reproducido por los gobiernos de Acción Democrática y COPEI indistintamente, y que sucedieron desde la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1957.

El gobierno de Rómulo Betancourt dio inicio en Venezuela a un proceso modernizador alrededor de este yacimiento de importancia mundial. Se constituyó la Corporación Venezolana del Petróleo y el país se sumó a la recién creada Organización de Países Productores de Petróleo, OPEP, en 1960. De manera paralela, se sancionó una nueva constitución en 1961, donde se optó por ocupar un lugar al lado de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Los intentos del dictador de República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo, y de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (auspiciado por el Partido Comunista y Fidel Castro) por derrocar al gobierno de Betancourt no hicieron mella en este camino de normalidad institucional.

Las presidencias de Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi contribuyeron a consolidar el sistema político con la alternancia en el control del Estado de los partidos políticos tradicionales. Sin embargo, la estabilidad promovida por la riqueza petrolera fue en desmedro de la tan ansiada justicia social. Esta realidad comenzó a hacerse evidente a través de diferentes estallidos sociales que la clase política tradicional se negó a reconocer.

Para aumentar el desconcierto, se calificó a la democracia venezolana como “ejemplar”, dado que no se vio contaminada con la peste dictatorial auspiciada por Estados Unidos en los años setentas, fenómenos que los chilenos sí vivimos de cerca.

Con la llegada al poder de Hugo Chávez –quien en su momento fracasó en su intento de llevar adelante su proyecto por la vía armada-, esta situación de normalidad institucional comenzó a cambiar. El reparto ahora se extendió hacia aquellos que, hasta entonces, habían estado marginados de la bonanza del oro negro, bajo un férreo control estatal del proceso, considerado por los chavistas como sinónimo de participación de base. He ahí, dice este análisis alejado de la voz oficial de las grandes cadenas, el porqué del apoyo contundente, a diez años de su gesta, a Hugo Chávez y su proyecto socialista bolivariano. Aquel con el cual desafía verbalmente a Estados Unidos y lo hace buscar aliados en cualquier lugar del orbe con el santo y seña antiimperialista: Evo Morales de Bolivia, Rafael Correa de Ecuador, Fidel Castro de Cuba, por nombrar sólo algunos.

Sin embargo, dado el excesivo personalismo y carácter de cruzada de su acción, el período de Chávez ha sido cuestionado por denuncias de atropellos de los derechos humanos. Esto es lo que el representante de Human Right Watch, José Miguel Vivanco, ha definido como el "legado autoritario" del líder venezolano: "Tras sancionar una nueva constitución que consagró amplias garantías de derechos humanos en 1999 —y superar un breve golpe de estado en 2002— el Presidente Chávez y sus partidarios desplegaron una estrategia de concentración de poder -señala en su columna del diario electrónico chileno El Mostrador-. Tomaron el control del Tribunal Supremo de Justicia y debilitaron la capacidad de periodistas, defensores de derechos humanos y otros venezolanos de ejercer sus derechos fundamentales"-


SOCIALISMO BOLIVARIANO

¿Qué entiende la ciencia política como socialismo bolivariano? Un nuevo tipo de socialismo que, basado en el pensamiento marxista y alejado de la tercera vía social demócrata, sustenta su accionar en cuatro ejes de desarrollismo democrático regional, economía de equivalencias, democracia participativa y protagónica y organizaciones de base. También supone un reforzamiento radical del poder estatal democrático controlado por la sociedad para avanzar al desarrollo.

“La única manera de librarnos de esta pesadilla que estamos viviendo es matando a Chávez y Chávez no es fácil de asesinar –le confesó al escritor Gustavo Bolívar Moreno un hombre en un centro comercial en Caracas-. Tiene en el bolsillo a todas las fuerzas armadas y sus anillos de seguridad son impenetrables. Por eso hay que matarlo desde lejos, con un francotirador apostado en la ventana de un edificio, como sucedió con Kennedy”.

La visión contrapuesta, que demuestra la polarización y apasionamiento existente al interior de esta nación, se la dio a Bolívar un taxista que lo transportaba por el centro de Caracas:

“Este es un hombre con pantalones que no le ha temblado la mano para poner en su lugar a los ricos de este país y al presidente de los Estados Unidos. Es un varón y nosotros lo apoyamos porque está haciendo por el pueblo, todo lo que los anteriores presidentes no hicieron por andarse robando los bolívares”.

Por cierto que la situación presenta muchos más matices que los anteriores. Por de pronto, sólo tenemos la certeza que más de la mitad de los venezolanos legitimó en octubre pasado, y a través del sufragio popular, el ya no tan nuevo socialismo bolivariano. Sin embargo y a poco andar, la muerte se encargó de ponerle un nuevo bache en su camino al proceso (no es el primero ni el único), dejando un signo de interrogación dibujado en la corteza de todos los continentes.  

10 comentarios:

  1. Conversaba con unos amigos sobre lo que se viene ahora para Venezuela. Fue un golpe duro de soberanía que le dio el pueblo venezolano al imperialismo, a los grupos de poder de toda América que tenían los dedos cruzados para que saliera Capriles, que usaron toda la prensa disponible para difamar a Chávez y el proceso revolucionario. El triunfo fue rotundo, indesmentible. Ahora a profundizar y perfeccionar todo lo que se hizo mal o no se hizo.
    Tu artículo es muy aportador, Claudio, expone una perspectiva histórica que omiten los grandes periódicos y cadenas informativas. Como si Venezuela existiese desde que Chávez tomó el poder. Hay que mirar para atrás para entender.

    Valioso aporte

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  2. Sebastián Martínez13/10/12

    Chávez, Correa, Cristina, Evo y pronto otra vez Michelle Bachelet. La dignidad se empieza a imponer en América Latina.

    Buen artículo

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  3. A ver qué va a pasar. Gracias por los datos.
    Saluditos

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  4. Excelente amigo Rodríguez. Juntos vamos reescribiendo el libreto del gran juego.

    Dejo un artículo interesante de Jacques Pineau, que de alguna forma confirma lo que has planteado.


    Teatro de operaciones
    13 de octubre de 2012

    Los comicios presidenciales en Venezuela tuvieron una cobertura por partes de los medios opositores argentinos nunca antes vista para un evento electoral en el extranjero. Los movió la expectativa de lograr reflejar la realidad argentina en el espejo de la tan anunciada y deseada derrota de Hugo Chávez Frías.

    En su tercera campaña por la presidencia de Venezuela, Chávez se enfrentó no solo a una oposición unida tras un candidato edulcorado y con discurso pseudo progresista, sino también a una amplia y vasta coalición mediática global. Todas las grandes corporaciones de medios de América Latina, EEUU y Europa se esforzaron al máximo para crear un clima de triunfo del candidato Henrique Capriles. Todos sabían, de uno y otro lado, que esta era una batalla decisiva no sólo para tratar de recuperar el poder político en el país que tiene las mayores reservas petroleras del mundo, sino también que podía dar comienzo a la reversión de los procesos populares en Sudamérica.

    Todas las luminarias se concentraron en esa “feroz dictadura” y en la figura del “autócrata”. Pero la severa derrota infringida a la derecha venezolana y a la coalición mediática internacional, en una elección limpia y trasparente, hizo que la hiperexposición les jugara en contra y se corriera el velo, quedando en evidencia ante la opinión pública del mundo la falsedad del mito. Efecto boomerang, no lo esperaban, y hoy tienen que explicarlo.

    De esta manera, el discurso editorializado de los medios opositores de la Argentina se rediseñó de apuro, mostrando una faz de cierta comprensión y tolerancia hacia los efectos sociales del “populismo chavista”, al mismo tiempo que se lamentaban de la falta de garantías individuales, la persecución a los medios y a los periodistas “independientes”, en una suerte de dicotomía entre igualdad y libertad.



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  5. Recogiendo el piolín del espejo de la pretendida derrota chavista, ahora intentan hacer un paralelo entre la Argentina y Venezuela, tomando los aspectos de “autoritarismo”, “ausencia de valores republicanos”, y “atentados contra la libertad de expresión”.

    El tiempo no pasa en vano, el 7 de diciembre se acerca inexorablemente. Los esfuerzos para lograr la declaración de inconstitucionalidad del artículo 161, de la Ley de Servicios Audiovisuales, pasa por la confrontación en el Consejo de la Magistratura para evitar la designación de un juez natural, y los variados intentos y maniobras para imponer en el juzgado un magistrado que les sea funcional.

    En otro orden de cosas, en la arena mediática internacional, se celebra en San Pablo en estos días la 68ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), donde entre las preocupaciones centrales se encuentran las denominadas “leyes de prensa”, que ven como amenaza para la “prensa libre e independiente”. La SIP equipara la situación en Argentina con Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, novedosamente nos colocan alineados con los países del ALBA.

    En esa reunión de empresarios de medios se reconoce la legitimidad de origen de esos gobiernos, pero se ingenia una nueva categoría que denominan “ilegitimidad de ejercicio”. En la composición de esta novedosa categoría política, ubican las supuestas prácticas antidemocráticas en el incumplimiento de la división de poderes, las restricciones a la libertad de información, la violación de las garantías individuales, y la utilización coercitiva de la distribución de la pauta de publicidad oficial.

    Como nada es casual, mientras tanto, la Red Mundial de Editores (GEN, Global Editors Network), presidida por Ricardo Kirschbaum, Editor General del diario Clarín, el último jueves hizo un llamado a todos los medios del mundo para que encaren una campaña de protesta por los atropellos que el gobierno argentino desarrolla contra la libertad de prensa.

    La GEN nuclea a editores de medios de más de sesenta países, se fundó en 2011 y entre sus socios figuran La Nación, Clarín, El País, El Mundo, ABC, BBC, The New York Times. Esta organización funciona conectando a los editores responsables de esos medios, lo que posibilita la direccionalidad y coordinación on-line de acciones en función de los intereses de sus miembros. Un verdadero centro de operaciones a cuyo frente hoy se encuentra el Editor General de Clarín.

    La sanción de la Ley de Servicios Audiovisuales ha sido un paso de enorme importancia en el camino de nuestra democracia por sacudirse los tutelajes de poderes ajenos a los intereses populares. Es así que el 7 de diciembre se ha transformado en una fecha clave para el afianzamiento de las instituciones republicanas, donde en la imposición del cumplimiento de la ley se implica la responsabilidad de los tres poderes del Estado. Sería deseable y necesario que de este escenario no quedaran borrados los partidos de la oposición, que deberán optar entre el apoyo al cumplimiento de la ley o jugar en beneficio del grupo mediático hegemónico del que han sido prisioneros hasta ahora.


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  6. Raúl de la Puente15/10/12

    Aún coincidiendo en la explicación previa del proceso chavista que planteas, no tenemos la certeza que no se transformará en otra dictadura.

    Saludos

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  7. Ahora una nueva guerra fría. Sólo hay que calmar a Chávez, que parece cachorro nuevo.

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  8. Me gusta leerte en este tipo de textos. Simplemente genial.

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  9. Diosdado o Maduro. Esa es la cuestión ahora. Quién tiene mejor muñeca para maniobrar.
    Sin Chávez, la oposición reordenará rápidamente sus piezas. Veremos qué pasa. Sólo espero que el pueblo llano, el que siempre pierde, pues no salga tan desfavorecido nuevamente.
    Buen artículo, estimado amigo.

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  10. Creo que Maduro de todas maneras ganará las próximas elecciones y por un muy alto margen: La incertidumbre que se me plantea es si podrá completar su período sacando adelante las transformaciones políticas y sociales que el chavismo se había propuesto.
    Muy bueno su artículo amigo Claudio.

    Saludos.

    LUIS

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