15 de febrero de 2013

Lo que dios ata

ROBERTO BURGOS CANTOR -.

Algunos de los temas de la vasta realidad excitan el interés de la gente por la curiosidad que despiertan. El ejercicio de entretenimiento y humor en medio de un mundo desolado en el cual sin caer en el cinismo los vecinos sonríen por las fotografías de las pieles con naftalina de las señoras o las colas de pingüino con delatador brillo de los señores, sirven para formar el gusto, para soñar o desdeñar. Pero de manera particular ocurren asuntos que la crónica denomina “acontecimientos”, que a pesar de estar inscritos en las órbitas voluntariosas de la vida personal, la rebasan y se ofrecen al escrutinio público por canales distintos a los normales y estremecen la suspicacia humana.

Así: ¿Cómo no preguntar la razón por la cual un matrimonio católico es cubierto por el redactor político de un periódico y no por el sensible alumno de Truman Capote que es un buen y perspicaz escritor de costurero?

Hay que proponer entendimiento donde la promiscuidad colombiana amenaza con dislocar cuanta referencia hace posible la vida en comunidad. A lo mejor no es más que la conquista de lo mundano, aún de aquellas zonas que pertenecieron a lo sagrado, a lo intocable por las fútiles ambiciones humanas.

Sin ser experto en las sutilezas de la intimidad de los seres, un periodista político con libreta de editor de sociales, titula: Sacramento y Poder.

Más allá de la sorpresa cuando se aceptó aprender que lo de Dios es de Dios y lo del César… ¡vaya a saber! algunos pensaron que era un lastre de las perversiones sufridas por los bautizos. Se sabe: el rito memorable en un río entre Juan y Jesús se transformó en la conmovedora y falsa ilusión de hacer del padrino no un guía espiritual sino un mecenas para el rebusque.

En el matrimonio es delicado por cuanto los contrayentes no son los niños llorones que gritan al recibir el agua y el aceite y la llama. Ingresan con la fuerza de la tradición a la iglesia. El matrimonio supone una búsqueda del amor. Pero el amor, esa palabra. Quienes contraen tienen uso de razón, Confirmación y Eucaristía así lo indican. Y es quizá el sacramento de sutil diseño. Pasar de la sabia civilidad romana a la construcción espiritual de la religión no es poca cosa. Es un logro de tal poder que durante siglos, en Colombia, la unión eclesiástica tenía efectos civiles.

Lo que desconcierta a la sensibilidad contemporánea, al persistente deseo de un mundo que hace su humanidad desde la humilde aceptación del barro o la arcilla, es la vuelta escandalosa de aquello que parecía derrotado por una caducidad temporal inevitable.

Todos recuerdan en la época de los reyes los matrimonios como herramientas de alianzas. Las dotes que envolvían de dignidad lo vulgar de una venta. Y en tiempos recientes y actuales la venta de mujeres por su padre y su madre para un uso de enamoramientos fugaces.

Entonces ¿qué lleva a unos padres a someter a su hija al espectáculo abominable de invadir su matrimonio, no con sus amigos, si con sus favorecedores en el templo adornado de jaula con vajilla alquilada y un latín proscrito?

Historia o ridículo. Y después dicen. Dicen.

1 comentario:

  1. Catalina Cienfuegos16/2/13

    Es hora de ir abandonando malas costumbres. Los hombres deben conquistar espacios de libertad, para sí mismos y para los que vienen después. No imponer la misma cárcel mental y física.


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