22 de octubre de 2013

Nueve para una "república bananera" (primera parte)

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.

Me gustaría saber qué explicación dan ahora aquellos analistas que, tiempo atrás, se sonreían al enterarse de la oferta electoral de cierto país centroamericano por considerar excesivo el número de candidatos presidenciales. “Eso no pasaría jamás acá en Chile, sino sólo en repúblicas bananeras que no tienen idea hacia donde ir”, decían con aire de suficiencia allá por los años noventa. Siguiendo esta lógica, hoy podemos decir que nos hemos convertido en una “república bananera” –los calores que se vienen encima cada verano y la conducta de algunos hinchas de fútbol contribuyen a asumir esta “nueva identidad”-, pues para las próximas elecciones de noviembre contaremos con una papeleta que tendrá nueve nombres de aspirantes a suceder al Presidente Sebastián Piñera para el período 2014 -2017.

Nadie puede discutir que se trata de un número importante de opciones, justamente en un momento en que Chile se encuentra condicionado al fantasma de la abstención masiva, consecuencia de la ley de votación voluntaria, y de una creciente ola de demandas sociales acumuladas por el sistema político – económico heredado de la dictadura y perpetuado (o maquillado, humanizado, corregido, póngale el término que más le acomode) por los gobiernos democráticos. Aun así, contamos con chilenos y chilenas dispuestos a ocupar el Palacio de La Moneda, la “casa donde tanto se sufre”, según las palabras del ex Presidente Arturo Alessandri Palma, quien sí sabía de estos trotes.

Repasemos, uno a uno, los aspectos que, desde mi regalado punto de vista, me parecen relevantes para todos los candidatos. La idea, lo confieso, es levantar la primera piedra sin siquiera preguntarme por el derecho a hacerlo. Partiremos por quienes se ubican o debieran ubicarse entre lo que se conoce como la centroizquierda y la izquierda. 

Michelle Bachelet 

Ex Presidenta, ex encargada de ONU mujer, militante socialista, médico, experta en materias de defensa, hija del asesinado general de la Fuerza Aérea, Alberto Bachelet (cercano a Salvador Allende), favorita para ganar las elecciones, sino en primera vuelta, al menos en segunda. Su campaña se ha centrado en convocatorias callejeras, con una aparente prescindencia de los partidos políticos (insisto, sólo aparente) de la fenecida Concertación y hoy Nueva Mayoría, donde ahora se incluye de manera oficial al Partido Comunista (para el escándalo del mundo conservador, aún prisionero de la lógica de Guerra Fría). Tras ganar las primarias con una sorprende participación a sus oponentes Andrés Velasco (su ex Ministro de Hacienda), Claudio Orrego (demócrata cristiano) y José Antonio Gómez (radical), su estrategia de campaña ha tenido una lógica de caminar sobre huevos, evitando entrar en honduras que pudiesen provocar una fuga de electores. Michelle Bachelet cuenta con muchos de votos y, a su vez, los cuida con esmero, apelando a una suerte de inmovilidad exasperante. Su programa de gobierno pretende orientarse en tres ejes: una nueva constitución y reformas tributaria y de educación. Las dos primeras, cuestionadas por la candidatura oficialista de la ex Ministra del gobierno de Piñera, Evelyn Matthei, como ejemplo de lo que Chile “no debe hacer, pues frenará el crecimiento y la generación de empleos”. Sin que le hagan mella los cuestionamientos de su principal contendora (también hija de aviador, pero del otro lado, como integrante de la dictadura), Bachelet ha entregado un paquete de primeras medidas en el caso de resultar electa, a modo de respuesta a la acusación de la derecha de no contar con un auténtico programa de gobierno. Otro aspecto que le enrostran sus adversarios ha sido su reticencia a los debates. Más allá de que se trate de una crítica interesada y al fragor de la lucha electoral, hay un hecho cierto: argumentando motivos de agenda, Bachelet se excusó de participar en el encuentro organizado por la Asociación Nacional de la Prensa (entidad que agrupa a los dueños de medios informativos, no precisamente un ejemplo de diversidad en Chile). Una decisión dudosa en cuanto a buenas prácticas democráticas, pero acertada en cuanto a estrategia y pragmatismo. En la ocasión, los dardos de otros candidatos llegaron sólo a su principal oponente, Evelyn Matthei. Por más que se la ataque y se intenté poner a la misma altura las víctimas de un tsunami (hecho ocurrido a fines de su administración) con los crímenes cometidos por Augusto Pinochet (estrategia iniciada desde La Moneda y su vocera de gobierno), pareciera que esto le genera a Bachelet una coraza protectora mayor que la del tanque que subió hace unos años, cuando era Ministra de Defensa de Ricardo Lagos, y que la llevó a la fama y la fortuna. Hoy su sonrisa beatífica y sus escuetas palabras tienen el viento a su favor.     

Marco Enríquez Ominami

Filósofo, cineasta, ex diputado socialista, hijo del ex guerrillero del Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) muerto en combate durante la dictadura, Miguel Enríquez. A diferencia de su campaña anterior, la cual le rindió buenos dividendos y que fue una importante cortapisa para impedir que la Concertación siguiera gobernando por un nuevo período, en esta oportunidad ha recorrido el engorroso e injusto camino institucional. Formó un partido político -el Partido Progresista, PRO-, elaboró listas de candidatos para contar con un parlamento afín, armó equipos de trabajo y cuenta con un programa de gobierno. Se ha esforzado por explicar en todas las instancias que se le presentan los diferentes aspectos de sus propuestas –que transitan desde el liberalismo moderno hasta la socialdemocracia-, superando los problemas de dicción (en ocasiones su mente va mucho más rápido que su hablar). Ha tratado de sortear de la única forma que puede la permanente observación de los periodistas respecto de que ya perdió el “encanto de la novedad” de hace cuatro años. Para quienes elegir un Presidente de la República es una suerte de ofertas de temporada, una feria comercial o ganadera, el argumento se vuelve patéticamente acertado. La lucha de Meo –apodo peyorativo que, con agudeza, él hizo suyo- va por alcanzar el tercer lugar detrás de las candidaturas más poderosas y, en el mejor de los casos, el segundo y así pasar a la siguiente vuelta. La irrupción del populismo liberal de Franco Parisi le ha arrebatado un buen caudal de votos, por lo que su candidatura se mueve cuesta arriba. 

Marcel Claude 

Economista y ensayista de pasado juvenil demócrata cristiano, vinculado en sus orígenes a la Concertación (militó en el Partido por la Democracia –PPD- del ex Presidente Ricardo Lagos), durante la dictadura fue funcionario del Banco Central y, de manera paralela, participante del “Movimiento contra la Tortura Sebastián Acevedo”. Director de las fundaciones ecologistas Oceana y Terram, asesor de sindicatos y asociaciones estudiantiles (dice que su candidatura está sustentada en buena parte por estos últimos), apoyado en esta oportunidad por el Partido Humanista (un nuevo socialismo inspirado más en el filósofo argentino Silo que en Karl Marx), Claude ha tomado las banderas de la izquierda extraparlamentaria, aquella que quedó a la deriva tras la migración del Partido Comunista a las huestes de Michelle Bachelet. A medida que pasa el tiempo, Claude ha asumido una actitud cada vez más beligerante con quienes tiene al frente, sean los otros candidatos, periodistas y políticos. Es común verlo increpar a quienes cuestionan su lugar en las encuestas, a sus apocalípticas predicciones sobre futuro de Chile, a su pasado como economista del Banco Central o a sus militancias pretéritas (para el 11 de septiembre de 1973, siendo estudiante de enseñanza media, formaba parte de un partido golpista, por lo que las dudas son más que razonables). Cuando se le vincula con el chavismo y se le acusa de estatista trasnochado, él responde que Chile ha estado secuestrado durante las últimas décadas por dos grupos políticos, la Alianza y la Concertación, que han impedido cualquier tipo de cambios a la herencia pinochetista. Si vemos que Chile cuenta aún con el sistema binominal, una Constitución malsana y una distribución del ingreso con record mundial en su deficiencia, podemos decir que Claude tiene razón. Donde su argumento se cae, o por lo menos se remece, es que la mayoría del país ha optado, elección tras elección, por este camino de tibiezas, impunidad y desfalco. Condenado por el momento a la votación histórica de la izquierda, ahora sin los comunistas. La tiene difícil. 

Roxana Miranda 

Costurera, dirigente del Movimiento Andha Chile -deudores habitacionales que se encargaron de arruinar actos públicos de la entonces Presidenta Bachelet, su ahora contrincante y anteriormente objeto de sus amenazas, motivo por el cual fue detenida y procesada-, cuenta con el apoyo del partido que ayudó a fundar: Igualdad. Su escudero es el abogado y candidato a diputado, Rodrigo Román, conocido por defender causas en que figuran como imputados jóvenes de movimientos anarquistas, okupas y detenidos en manifestaciones callejeras. Su público electoral es el mismo de Claude, con la diferencia que los argumentos del primero –intelectuales, de datos duros y elaborados con cortes de precisión de cirujano- son reemplazados por apelaciones emocionales a los abusos que, día a día, son sometidos miles de chilenos por parte de los grupos económicos que controlan a su antojo el país. Roxana se declara “no representante, sino parte del pueblo”. En este sentido ha lanzado duros ataques a Marcel Claude –lo considera alguien de clase alta que pretende representar a los pobres-, pese a que en su oportunidad tuvieron acercamientos para unir sus candidaturas, lo que como es evidente no prosperó. No se reconoce de izquierda, sino más bien “resentida” y representante de los “sin trabajo, sin dinero y sin dientes”. Roxana ha dicho que si llega a la presidencia, mandará a la cárcel a los “delincuentes que gobiernan, a los banqueros y a los parlamentarios”. En los debates y foros ha sido toda una novedad. Muchos izquierdistas desencantados han decidido darle su voto. Tal vez vean en ella la encarnación del despertar popular, el de los peones y proletarios, con su cultura propia, subversiva y autosuficiente; en definitiva, la rebelión de "los de abajo" tan anunciada por el historiador Gabriel Salazar. Todo lo que obtenga es ganancia. 

Alfredo Sfeir 

Desde el retorno a la democracia, los grupos ecologistas siempre han participado en las elecciones presidenciales. Al inicio como parte de la Concertación. Al poco tiempo, sin embargo, desertaron de ella junto a sus primos hermanos, los humanistas. En ocasiones han presentado candidatos diferentes, pese a que los une el mismo público electoral. Hasta ahora los resultados han sido bastante pobres. En esta oportunidad, quien levanta estas banderas es Alfredo Juan Sfeir, economista, ecologista y líder espiritual. Conjuga los pergaminos académicos de maestrías y doctorados en Estados Unidos en materias económicas, con su condición de gurú medioambientalista y fundador del “Instituto Zambuling para la transformación humana”, con sedes en diferentes lugares del mundo (la información viene directamente de su página electrónica por lo que es difícil contrastarla, pero apelo a la buena fe). La fusión de estos dos aspectos de su personalidad se ha traducido en su trabajo como “economista agrícola” en África del Oeste, director de una oficina del Banco Mundial y participante de las Naciones Unidas y la Organización Mundial del Comercio. Tal como a sus antecesores ecologistas en estas lides, las encuestas no le son favorables. La respuesta de Sfeir ha sido continuar en su línea de no violencia. Con su pelo cano y largo, su barba blanca y túnicas (junto con Ricardo Israel, es el único candidato que no desacredita a sus pares) organiza convocatorias para explicar, en un tono pedagógico y amable, la importancia de aplicar políticas redistributivas con respeto al medioambiente. Algo alejado de las arengas que apelan a las pasiones bajas de la sociedad como lo hace Roxana Miranda. Fue el único candidato de la izquierda que participó en la ceremonia de unidad convocada por el gobierno por el 11 de septiembre. Un gran amigo, iracundo y tremendo poeta curicano, le dará su voto. Lo va a necesitar.

Continuará...

7 comentarios:

  1. Bueno, muy bueno y aportador este primer pantallazo rumbo a las presidenciales. De este lado de la cordillera tenemos poca consciencia de lo que pasa por allá. En nuestras mentes influenciadas por los medios nada puede salirse de la realidad nacional, la batalla entre Cristina K y los opositores tiene más episodios que Stars Wars, es tan popular como la saga y ya nadie se la quiere perder. Cada tanto sale en los segmentos internacionales alguna tontera de su presidente y entonces reímos tontamente... para recordarnos que es tema serio pronto nos recuerdan que las elecciones se acercan y Michelle le sopla la oreja. Del resto poco y nada, a veces escandalosamente nada. Por eso gracias por esta primer entrega de un poco de realidad paralela.
    Abrazos y espero la continuación.

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  2. A paso veloz los chilenos van mutando de borricos a macacos.

    Excelente análisis, estimado amigo.

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  3. Excelente aporte,una buena manera de ir conociendo la trayectoria de los que nos pretenden gobernar.
    Como acota Muzam nuestra mutación avanza veloz :" de borricos a jaguares y ahora a macacos"

    Saludos

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  4. Julianita24/10/13

    Me resulta tendencioso su post, el que situe a la señora Bachelet en primer lugar da cuenta de su inclinación politica. El resto es nada

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  5. Para mi fue una lectura edificante, muy bien narrada y con un toque simpático.
    Muy bueno, saludines!

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  6. Anónimo25/10/13

    ¡Comunistas, todos son unos comunistas, partiendo por el autor de este panfleto!

    El viudo

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  7. tinorojo07@gmail.com25/10/13

    Anonimo, el día de las elecciones encerráte en alguna iglesia y a rezar duro y parejo; seguramente Dios te escuchará...

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