19 de febrero de 2014

Del árbol llamado molle

CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT -.

Así titula el capítulo CXII de la Historia de la Conquista del Perú por Pedro Cieza de León. Muchas veces, por el constante contacto que uno tiene con algo, se pierde la perspectiva de su importancia o su belleza. Ocurre con el árbol de molle, tan cochabambino y tan cercano. Cuando, luego de muchos años de ausencia, tropecé en Los Ángeles con árboles iguales a los de la tierra, sentí algo que fácilmente podrían calificar como "nostalgia de la patria" siendo que este concepto abstracto de patria no tiene nada que ver con el de herencia. Al leer a Cieza, antes que hubiese patria alguna sobre la cual afirmarnos, vienen a la mente imágenes de árboles solos en las vertientes andinas de Cochabamba, de tupidas sombras sobre los lechos de ríos secos en el silencio de Cotagaita y demás valles potosinos.

Escribir acerca de un árbol quizá no parezca serio y sin embargo hay una literatura gauchesca del ombú, una vasta mitología africana del baobab, planta misterio que a duras penas cultivan hoy en granjas especializadas de Zambia. El molle forma parte de nuestra heredad, por encima de fronteras. Nombrarlo implica un acercamiento familiar, intimidad que han producido los años, confianza de una presencia antigua.

Delia Seyhun, nueva colonizadora boliviano-canadiense del sur de África, relata su encuentro con el molle en el borde que separa el Estado Libre de Orange y el reino de Lesotho, a orillas del Senqua que en lengua sesotho significa sauce llorón. En aquella lejanía, el molle cubre la región montañosa de Maluti que se extiende, ya en Sudáfrica, en la cadena Drakensberg (casa del dragón). Si abre los ojos, porque no necesita cerrarlos, le parece que la semiaridez del lugar, la arboleda dispersa que incluye molles, sauces y álamos chilenos bien podría llamarse Suticollo, Itapaya, Viloma, Capinota, Vinto, cualquier atesorado rincón. Interesante que no sólo el molle hermana esta parte del continente negro con el valle de Cochabamba: tanto zulúes como basothos fabrican un brebaje de maíz similar a la chicha y el pito -con azúcar- lo utilizan para largas caminatas igual que los quechuas.

Esta anacardiácea, Schinus molle, llamada comúnmente "pimiento boliviano" (Chile), "aguaribay" (Uruguay), "molli", "cuyash" (Perú), "molle"(Bolivia/Argentina), originaria de los valles interandinos de Sudámerica, se encuentra también en la Europa mediterránea, Australia, Israel, África, Brasil, México y Centroamérica y sus aplicaciones medicinales son diversas. La utilizan en Turquía como diurético y expectorante; en Argentina como antinflamatorio; analgésico en Sudáfrica; para la uretritis y la blenorragia en Paraguay; contra la bronquitis, asma y como antidepresivo... Las testarudas chicharroneras de Cochabamba continúan limpiando sus peroles con ramas de molle; lo mismo hacen con sus hornos las panaderas, sabiendo inconscientemente, por tradición, de sus grandes cualidades antibacterianas y antifungales. Hay pepitas de molle en el vino chileno y se las vende como pimienta en los mercados de Quillacollo y California. En Córdoba se bebe aloja de molle.

Se encuentran sus rastros en los enterramientos ancianos. Lo usó el soldado Pedro Cieza de León en 1550 y había en el patio trasero de casa uno macho y otro hembra.
9/marzo/2004


Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), marzo, 2004
Imagen: Molles cochabambinos

2 comentarios:

  1. "Las testarudas chicharroneras de Cochabamba continúan limpiando sus peroles con ramas de molle..."
    Qué sabrosa frase. Pondré más atención al molle. Puede que lo conozca, porque es muy cierto que lo usual, lo cotidiano, lo que ves siempre, en realidad no lo vez nunca.
    Me encantó el texto, estimado amigo. Cuanta música en cada palabra, cuanto dato y comparación geográfica. Muy bueno. Saludos cordiales.

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    1. Seguro que existe en Chile, Jorge, en el norte probablemente. Varían los nombres, pero en su tiempo era una especie muy extendida. Creo que con el ceibo es el árbol representatitivo de mi región, Cochabamba, aunque cada vez hay menos y desaparecerá en la confusa vorágine de hoy. Saludos.

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