27 de julio de 2014

La fiesta sorpresa del cumpleaños del antropólogo Giorgio Muzami

EDUARDO MOLARO -.

 / Del Atlas Desmemoriado del Partido de Lanús

Corría un 12 de junio del 79 y los muchachos de la Barra Poética sabían que no era una fecha más.

Su amigo, el antropólogo italiano Giorgio Muzami, deshojaba vaya a saber cuál página de su calendario personal.

Nuestros héroes no eran hombres muy festivos o - en todo caso – su manera de divertirse distaba mucho de los convencionalismos.

Sin embargo, aquella mañana decidieron organizarle una fiesta de cumpleaños a Don Giorgio.

El primer obstáculo era ponerse de acuerdo con el dónde y el cómo.

Finalmente, aquello fue resuelto por iniciativa de Pedro del Mar, el famoso cantor mudo, que mediante gestos hizo entender a sus cófrades que debían organizar una proverbial timba (con posterior orgía) en la casa del filósofo Heráclito D´Exceso.

Está claro que esta interpretación tenía más que ver con los deseos de los muchachos que con lo que Pedro había querido expresar, pero eso suele suceder cuando una persona no sabe comunicar como se debe.

La cuestión es que Heráclito se entusiasmó con la idea y –a tal efecto– emergió de su casa exhibiendo un magnífico paño verde donde se desarrollarían las nobles prácticas del azar.

Edmundo Morales, el notable poeta de la calle Ituzaingo, se ofreció para hacerse cargo de la parrilla y de asar un espléndido costillar de ternera que el carnicero Jorge accedió a donar aún contra su voluntad (voluntad quebrada por las convincentes palabras amenazantes del Tano Brazzutto, uno de los "Viejos Sabios de la calle Piedras", con su solapada exhibición del revólver 38 en la cintura).

Marcial Morales, el galán de la Barra Poética y hermano del poeta Edmundo, se ocuparía de conseguir las damas predispuestas al ulterior convite de sudores.

Héctor Pascales, el meteorólogo de la calle Pedernera, vaticinó buen tiempo para aquella noche y prometió ocuparse de adquisición de las imprescindibles damajuanas de vino tinto y alguna que otra botellita de vino blanco dulce para las damas que vendrían tras la cena.

Faltaba lo más importante: Avisarle a Muzami.

Aquello no fue tan sencillo, dado que Don Giorgio revestía un acrisolado espíritu de hombre itinerante.

Lo buscaron por los lugares de siempre: La biblioteca Sarmiento, La Unidad Básica "Gorilas go home", la comisaría 8va. De Villa Obrera y el consultorio sexual de la afamada nudista Milagros Bares.

Finalmente lo encontraron en la canchita del Club Pellerano, enseñando a unos pibes a armar eficazmente un barrilete.

El antropólogo de Trieste no pudo disimular su felicidad al ser anoticiado.

Y entonces, cuando las sombras prematuras del atardecer empezaron a ganarle la pulseada al solcito que abrigaba los tejados de la calle Posadas, Edmundo Morales encendió el poético fuego que asaría los manjares, mientras Heráclito le pegaba una barrida con keroseno al piso del comedor y Marcial Morales recontaba los naipes de Poker tres veces, como para cerciorarse de que ningún prodigio del azar le estuviera vedado aquella noche.

El tano Brazzutto observaba con admiración las 5 damajuanas de tinto y velaba por ellas, mientras se incorporaba a su organización psicofísica un vaso repleto de Gancia con limón.

Finalmente llegó el agasajado.

Los muchachos no podían dar crédito a lo que veían. Muzami hizo su ingreso vestido con impecable traje y sombrero bombín, dos botellas de sidra en su mano izquierda, un aputosado postre tiramisú en la mano derecha y un precocísimo estado de ebriedad.

A pesar de la perplejidad, los muchachos encararon la velada sabiéndose propietarios de una noche para el recuerdo.

La comilona fue digna de los dioses nórdicos (dioses que ignoraban la existencia de Lanús tanto como los habitantes de Lanús ignoraban la existencia de tales deidades).

Luego de los aplausos para el poeta Morales por su eficaz tarea al frente del altar de los asados, ignoraron el postre aputosado y desplazaron las migajas de la mesa para disponer el magnífico paño verde que Heráclito había sustraído de algún garito lanusense para la ceremonial partida de póker.

Pero en Lanús las cosas nunca salen bien.

El Dr. Eloy Guampetti, destacado jurista y afamado cornudo de la zona, se enteró (el carnicero Jorge sería justificadamente castigado luego por la infidencia ) de las actividades clandestinas que en casa de Heráclito tendrían lugar, e hizo la correspondiente alcahueteada en forma de denuncia ante la comisaría.

En medio de la partida –y cuando las damas acababan de llegar para la posterior disipación programada – personal de la comisaría 8va. hacía su impertinente ingreso a la casa de Heráclito, ante la indignación de Marcial Morales ( que iba ganando), la bronca ebria de Muzami y la extraña indiferencia de Heráclito ( que iba perdiendo por goleada).

El tano Brazzutto acertó a escapar por los fondos junto a Héctor Pascales y Pedro del Mar, y fue mordido por el perro de Doña Sara, al que no omitió darle un formidable patadón con maldición incluida:

-Perro de mierda!

Ante la desvergüenza policial, Muzami ensayó una protesta:

-Pero hoy es mi cumpleaños!

Y el comisario supo atender ese reclamo:

-Bueno, Muzami. Venga con nosotros que le tenemos reservada la Suite Aniversario.

Los hermanos Morales, Heráclito y Muzami fueron llevados en carácter de detenidos.

En la calle, nuestros héroes eran observados por los vecinos, cuyas miradas denotaban una profunda e hipócrita condena moral. Entre ellos estaba un sonriente y revanchista Dr. Eloy Guampetti.

Marcial trató de zafarse de su custodio para increpar a Guampetti, pero recibió un oportuno ¨gomazo¨ que lo puso nuevamente en vereda, no sin antes dejar una clara advertencia al abogado buchón y dedicarle una de sus más seductoras sonrisas a la hija menor de Guampetti, que devolvió el gesto con un sonrojamiento enamorado.

Los muchachos se comieron tres días de calabozo.

Pero estos hombres sabían ajustar cada tanto las cuentas con el universo: Heráclito ralló con una moneda el flamante auto al Dr. Guampetti, Muzami le cagó el porche de entrada de su casa y Edmundo Morales se volvió a acostar por enésima vez con la esposa de Guampetti, pero con el agregado de que esta vez le bebió la totalidad de su adorado Whisky importado y se afanó la caja de puros cubanos que tanto atesoraba el jurista.

No fue el mejor cumpleaños que pudo haber pasado el antropólogo italiano Giorgio Muzami.

Lo que si queda claro es que fue unos aquellos aniversarios que difícilmente puedan olvidarse.

Incluso, a pesar de su emblemática borrachera y su aputosado postre tiramisú.

8 comentarios:

  1. La esposa del doctor Guampetti debe ser un caramelo. Bien por Edmundo Morales. Abajo los buchones del mundo. Por cierto que entre los Muzami no han habido nuevos degustantes del tiramisú.

    Buenísimo capítulo, querido amigo.

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  2. Entre las muchas buenas cosas que han hechos, rescato dos sabias decisiones de aquellos descendientes: Quitarle al apellido la ¨i ¨y prohibir - bajo pena de tortura - el aputosado Tiramisú.

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  3. Escatológica la revancha de Muzami pero comprensible atendiendo a su nivel cultural y reconocido aprecio por el mundo salvaje. Imagino esa fiesta más que divertida, lástima que siempre haya un buchón resentido y envidioso que lo eche todo a perder. Habrá que empezar a preparar fiestas de No-Cumpleaños también, sé que a Muzami le gustaría festejar tales ocasiones.
    Inviten!

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    1. Tomo nota, bella Lore. Buena idea!

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  4. Mi próximo cumple lo festejo por allá!
    Muy divertido Edu, abrazos

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  5. Mi próximo cumple lo festejo por allá!
    Muy divertido Edu, abrazos

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  6. Si existe el Purgatorio, al doctor Muzzami le van a celebrar su primer cumpleaños allá con una torta descomunal de la que saldrá desnuda, húmeda, y precoital su paisana Michelle...

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