12 de octubre de 2014

Treintaiochoavo anuncio



RODRIGO VERDUGO PIZARRO -.

A mi Tía Silvia Pizarro Silva

“y el cielo es más azul que el apocalipsis

donde sudan las estatuas de mármol”

Luis Mizòn



La nodriza les saca la tierra de encima a los peces
Ha llegado la noche como un perfume sacrificado
Lo que siempre se anhelo al lado de una lámpara
Olas de tierra y olas de mar como nuestras lecciones
Ayer una muchacha se iba a casar
Un crepúsculo más grande devoraría la isla
Ganaríamos una muerte de frutas podridas
Las olas de mar empezaron a entrar en las olas de tierra
Las muchachas no pudieron casarse
Pero el alba si fue extraíble del animal
Consta esto en cada centella, y empuñadura
Nuestra esperanza es en lo extraíble
Bajo las centellas ganaríamos una muerte de frutas podridas
Las muchachas no pudieron casarse
La llave se prometió a si misma como la primera noche del mar
Y ella que dice, ella que no se pudo casar, que ella hable ahora:
“Yo levante sola esa estrella, mi misión en mi sombra celeste
El desierto nunca estuvo en mi mudez
Era mas extenso esto mío, mas hondo todavía
De ahí que las familias emigraron, por toda la isla
Se asentaban por temporadas, hasta la llegada del crepúsculo más grande
Era mucho mas extenso esto mío, mas hondo
Aunque veíamos que solo los cadáveres de los locos se cubrían de abejas
Y lo festejábamos juntos, hasta que empezaban las demandas, las difamaciones
Yo debía alejarme,
Más los acogía, en cada estación llegaba uno distinto,
Nunca fueron los mismos, nunca se repitieron,
Fueron cuatro lo que llegaron,
Los recuerdo a los cuatro cuando la noche llega como perfume sacrificado
El primero guardaba en su boca al insecto que se metió dentro de la cruz
Casi nunca salíamos, preferíamos pedir,
Pedir que la única torre que quedo a causa del incendio de la casa no se cayera
Pedíamos todo el día junto a tijeras bicéfalas
Una tarde se fue, le di el último beso,
El insecto recorría vertical y horizontal mi vientre,
Olas de tierra nos desviarían, no nos volveríamos a cruzar nunca más
El segundo lo armaba y desarmaba todo
Cuando nació los gigantes vertieron orina esotérica sobre el
Por eso siempre miraba al cielo, quería pintar entero el cielo
Pero ni las flores ni las raíces dan para eso
Las estrellas tramaron un poco antes lo embrionario,
No hay arco donde nos detengamos que no volvamos a decretarlo
Con este si salíamos, a escondidas de mi madre,
Una vez me llevo a ver
Como el fuego volaba sobre los alacranes que andan con dados en los ojos
Me mostro como las nubes siempre andarán en su primera palabra
Una mujer le dijo: “Háblale de la tormenta al rayo”
Y esa mujer dice que fui yo, siempre seré yo,
No se niega lo que las estrellas tramaron un poco antes
Ni bebiendo orina esotérica en el cráneo de los bueyes como todos los parientes.
Una mañana se fue, el fuego volaba sobre él, olas de mar lo arrastraron
Hasta que pudo conocer todo de mi misión en la sombra celeste,
Armarlo y desarmarlo todo eternamente,
El tercero, entraba a las viñas y una de sus manos soltaba sola gotas de sangre
Estuvo muy poco tiempo conmigo, casi al anochecer se fue,
Sabed que no habían ni olas de tierra, ni olas de mar y solo le escuche decir:
“Entren a esta viña quienes sienten una soledad de demonio dentro de la sangre”
El cuarto menos tiempo estuvo conmigo, se fue casi al llegar
Fue a buscar la flor, resbalo al precipicio rocoso
Pero aunque nadie lo sabia se llevo la flor al otro lado,
Se fue al amanecer, y le escuche decir:
“Aquí todo es una red, lo que pasa es que ustedes no lo saben”
Ninguno de los cuatro sabía porque me sentaba a la mesa y ponía más sillas de las
Que había que poner, más cráneos de bueyes que los que había que poner
Si hubiesen sabido que era para reversarles un lugar a los invisibles,
Así como hay una dimensión reservada a la madera
Ninguno de los cuatro supo ver lo influenciada que estaba por el relámpago
Por eso déjenme sola en esta mesa
Sin demandas cubiertas de abejas, sin la difamación de las familias
Esperando a los que van a ser cortados en la caída hermafrodita de las hojas
Sola como la esperanza de los que quieren
Ser cortados en la caída hermafrodita de las hojas
Una hoja basta, quizás una hoja es lo que veremos por primera y ultima vez
La neblina se abría para ser piedra, consta esto en cada muslo
Que hable la que no se pudo casar, mientras la nodriza les saca la tierra a los peces.

Pintura: Miguel Visarraga 

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