8 de marzo de 2015

Bitácora entre vinos y churquiales



PABLO CINGOLANI -.


Valle

Mil pájaros te dibujan en el viento. Sublevan tanto sus trazos que el churqui, ríe

Camino a San Andrés

Huele tanto a chicha, a cueca, a hierba buena y albahaca que hasta los cerros bailan. Fiesta interminable es la travesía.

El vino

Hoy vi todo el padecer del silencio enfrente de mí, calle adentro, domingo de siesta en Tarija. A veces no hay nada más qué hacer si no olvidarse en el espejo donde todas las palabras se vuelven a recordar.

La casa de Nilo

Todo ese terco barro que resiste, es más bello para mí que las pirámides de los faraones del Egipto. Y eso que son hermosas las moradas del desierto. Pero las forjó la sangre. A la casa, no. Es terca porque también está hecha de poesía.

Silencio

Hay cosas que no se sienten sino en el desgarro. Hay casas que no se habitan, hay moradas que se extrañan, hay desiertos que seducen, hay destierros que, acaso, se anhelan. Hay palabras que sólo se pronuncian dentro de su hielo ardiente, que sólo se pueden decir, escribir, reescribir, intentar, persistir, en el silencio, en el silencio –cruel silencio- de no decirlas.

Silencio de nuevo

Hay palabras que nunca deberían ser dichas o vueltas a decir. Palabras que no resisten ni la gravedad de la especie ni el triste mundo donde han perdido significado, peor; sentido. Palabras que, hoy por hoy, sólo pueden pronunciar el viento o el huayco cordillerano: ellos son los portadores de la furia salvaje de esas palabras, sus guardianes eternos, acaso sus cenizas, sus despedidas, sus tumbas.

Valle dos

¿Cómo es imaginarse la palabra valle desde las antípodas de un valle real, desde una multitud que se fagocita a si misma? Valle de angustias: las ciudades. Valle de miserias: el capitalismo. Valle de desasosiegos: la tecnología. Valle arrasado: la destrucción de la biosfera. Valle desalmado: la desaparición de los pueblos indígenas. Valle sin fe: la televisión. Valle amputado: el cielo contaminado, el mar lleno de plástico. Valle de mierda: el consumo. Valle, eterno valle, valle real, valle del vino: Tarija.

Vuelta de San Andrés

A veces, sucede, que la fiesta interminable se ancla en esos extraños lugares donde aún se cultiva, se venera, se conmueve al alma. Se la riega del vino eterno de los caminos, se la alimenta con las eternas chichas de la tierra, se la danza en perpetuas cuecas. Contrapuntea la cumbia y el fernet con coca-cola porque el pueblo no es de piedra, es de papa y es de maíz, el pueblo, como siempre, está vivo. Volvemos desde San Andrés, el Cercado de Tarija, y vemos desde las alturas, acaso el horizonte, tal vez el destino, siempre la vida, la vida misma.

El vino, siempre el vino

Uno que va siempre de a pie, que sigue –como siempre- caminando el Ogaden somalí y rimbaudeano y africano y nómade, navegando los mares llenos de pulpos –los mismos mares del montevideano- ¿en cuál muelle anclará su estar y su sombra? ¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos? Eso no importa, mientras haya vino. Vino de Tarija.

Ají

Una palabra que jamás podrán abolir, es ésta: con A de amanecer, J de jamás, I de injusticias, A-J-I, Amanecer Jamás de Injusticias, mientras haya ají, mientras exista el ají, mientras la vida sean sus colores, mientras sus colores, tan alegres, nos hagan llorar por la boca, hay esperanza, siempre la habrá mientras haya ají.

Aquí

Aquí es el silencio (que dicta todas las palabras). Aquí es el valle, Aquí es el vino. Aquí no es allí.

Allí

Allí se han olvidado de lo que dijo un profeta o un loco, da lo mismo. Dijo: ustedes tienen el oro, ustedes tienen el hierro y la plata. Ustedes, dicen, que lo tienen todo y que nosotros, no tenemos nada. Nosotros, y no se lo digan a nadie, tenemos el silencio, tenemos el vino y el valle, díganle a ellos, díganle a los otros, díganle a los de allá: tienen razón, no tenemos nada. Nada de vino, nada de cueca, nada de fiesta y de viento… nada de nada para ustedes, ¡todo para nosotros! Todo el silencio, bendito silencio que lo dice todo, todo para nosotros.

1 comentario:

  1. Poesía narrativa, sentidos sedientos, silencio que ve, que guía, que atrapa.
    Hermoso texto, querido hermano.

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