9 de marzo de 2017

Carta abierta al Negro Aróstegui, convocador del Primer Cabildo de Artistas de Bolivia



Querido hermano:


Es imposible que asista a tu magno encuentro. Me hallo lejos, vivo en las antípodas, y no tengo un quibo para viajar. Sin embargo, tomando en cuenta su indudable vocación histórica, es imperioso que, al menos, me dirija a vos, en tu condición de convocante.

En ese entendimiento, debo decirte que, antes que nada, me ha sorprendido gratamente tu convocatoria.

Uno, porque apela a los mecanismos de construcción democrática –y más allá de su validez o qué, allí están para ser apelados, interpelados, contrastados, conjeturados. Es sano, supongo, que un anarquista como vos, los apele, los utilice, los promueva, los difunda, los convoque, los sueñe: los pretenda probar, parir, alumbrar.

Qué, cómo, cuándo, dependerá del dichoso cónclave –donde más allá del cafecito gratis (te confieso: la única parte de tu esquela que me disgusta un poco)- , es clara tu pretensión que sea la voz de los artistas, la voz de los creadores, la que se manifieste y escuche.

Hay –es evidente- un alto principio que anima todo lo tuyo: es ése. Es que la voz, la presencia, el quehacer, la dicha o la desgracia de los que crean, de los que habitan el arte y la cultura, sea visible. Hasta, y esto es conmovedor, sean “supervisadas” y difundidas por el organismo democrático encargado de las decisiones supremas del pueblo, es decir, el órgano electoral.

Yo que te conocí en los caminos y en las pascanas de los caminos, me conmuevo con tamaña actitud democrática que habías atesorado. Bienvenida si es que así lo sentís. Bienvenida si eso puede aportar, un grano de arena así sea, en la reivindicación y valorización de la labor de los artistas, los creadores, los que creen/creemos que el cotidiano, la realidad, Tarija, Bolivia toda, Sudamérica, el planeta, no sólo se construye con decisiones políticas y/o económicas, sino que sobre todo se construye sobre la sensibilidad y la militancia cultural, sobre la decisión estética, sobre la voluntad de belleza y de creación, sobre el edificio social/ histórico que cimenta el arte.

En un mundo globalizado, interdependiente, lleno de dolorosas contradicciones producto del auge de la comunicación masiva vía un desarrollo tecnológico sin clemencia y sin gracia, la cultura y el arte se vuelven un asunto crucial para decidir el destino de nuestra presencia en ese mundo.

Pan y vino. O somos mansos corderos rumbo al matadero al cual esa globalización tecnológica y mediática nos quiere conducir –no hace falta decir cómo se va verificando esto, a diario- o alzamos nuestra voz, nuestra voz propia, nuestra voz singular, nuestra voz que desde abajo y desde adentro, dice: aquí estamos, somos nosotros, y a nosotros no nos maman más, a nosotros no nos van a venir de vuelta con sus espejitos de colores, no van a venir otra vez a enchufarnos a sus terminales políticas y económicas para decirnos lo que debemos pensar, lo que debemos sentir, lo que debemos crear. Pan o vino.

Somos los del Sur del Mundo, y a vos te escribo hasta el Sur de Bolivia, o sea al Sur del Sur de todo lo que sentimos y de todo lo que amamos y valoramos. Es mi más absoluto deseo, en esa dirección ya expuesta, que el encuentro que estás convocando, afirme esa vocación, afirme lo nuestro, afirme lo propio. 

Es indudable que este encuentro hoy tiene sentido y tiene razón de ser en Tarija y en Bolivia por los cambios que hemos experimentado en la última década.

Lo afirmo sin prejuicios, sin esos partidismos huecos e intrascendentes que nos asolan, y sin culpa: no hay dudas que hoy vivimos una democracia ampliada, una democracia cada vez más sustantiva –por eso, de ahí también, tu apelación al órgano electoral.

No hay duda también que en los últimos años hubo una revalorización dinámica de lo cultural en sentido estricto de lo que es ser, estar y hacer cultura en Tarija y en Bolivia.

Hoy, a la vez que hay más democracia, real, hay más espacio para la creación propia, genuina, como nunca antes. Hay una identidad reforzada que crea ese espacio, que lo nutre, que lo alienta en el día a día. Hay un orgullo por la cultura boliviana que está en la calle, que está en los pueblos, en las ciudades, y que también, sigue latente, puede proyectarse más, mucho más de lo que, hasta hoy, se ha proyectado.

Tal vez ese sea un deseo, un objetivo. Del cabildo y de los artistas que se (auto) convoquen. Pero también de la democracia y de Bolivia toda. Y eso, evidentemente, pasa –como síntesis- por el Estado Plurinacional, por la construcción permanente y la profundización necesaria del Estado Plurinacional.

Para que en esa construcción, haya más apoyo, apoyo concreto y tangible, para los artistas, para los creadores, para todas las iniciativas y proyectos que tengan que ver con ese ámbito de la realidad, con ese su/nuestro quehacer.

Para que existan más puentes y más carreteras que nos unan, más conexiones de luz y de gas domiciliario en todas las casas, pero también más fomento, más financiación, más convicción en torno al desarrollo cultural que es lo mismo que decir desarrollo espiritual.

Si vamos a sobrevivir como pueblo en este siglo XXI desgarrador, fagocitador de las culturas, no es sólo con las bases económicas que sustenten una independencia política, una soberanía nacional: sobreviviremos sólo sí, y sólo así, si a esa nueva realidad la revestimos y la blindamos con una identidad, ancestral y pujante, querida y querible, que es la hija predilecta de nuestra cultura y nuestro arte. Con nuestra marca, con nuestra huella en el derrotero humano, con nuestro ajayu. Los artistas, los creadores, son los llamados a ese desafío.

Nada puede unirnos más, nada puede identificarnos más, ampararnos más, protegernos más, que una cultura propia, un arte propio, nacional, popular, revolucionario y democrático. Nada puede desconsolarnos más, desarraigarnos más, desorientarnos más, desolarnos más, que no tenerla.

En ese clamor y en esa fe, brindo por tu convocatoria y deseo que fructifique, que florezca, que anude lazos entre los creadores, el estado y el pueblo que son un todo, que son lo mismo, o deberían serlo.

¡Por el arte y por el pueblo!

¡Por los caminos recorridos y por los que vendrán!

Te mando un abrazo fraterno, de vino y rosas compartidas.


Pablo Cingolani
Río Abajo, La Paz-Bolivia, 7 de marzo de 2017

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