Aruntaya, 8000 años atrás

 

La mirada del primer hombre,

el cazador de abismos,

está labrada en la piedra,

la atesora tu ajayu

 

Fue la tenacidad del agua

lo que cautivó

al rastreador de guanacos

 

De pronto, se vio envuelto

en tanta dicha,

tanta belleza,

que temió abandonarse

a eso desconocido

y no volver sobre sus pasos

 

De pronto,

inspirado,

sintió

que la piedra

podía ser él

 

Respiro hondo

Se colmó de ese encanto

Sonrió para sí

 

Fue el primer poeta de los Andes.

 

 

Pablo Cingolani

Laderas de Aruntaya, 21 de octubre de 2021


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