…un río, muchas veces el mismo río,
me lleva en su deriva.
Me aferro, llego a la orilla
quiero sentirlo de nuevo
que choque mis pies, una y otra vez
con su sonido de burbujas.
Al frente la montaña: imponente, enérgica,
en la distancia la vegetación verde
y tupida, se torna oscura.
Y yo a sus pies, inmersa en su silencio.
Me subyuga.
¡Qué reto es escalarla!
Pienso en cómo soy
En lo que quiero lograr:
El camino se ensancha, a veces se vuelve un trillo,
hay malezas que aparto con las manos,
espinas que atacan, rocío que empapa las botas
y otra vez el camino de guijarros
resbalan y la pendiente se empina
parece imposible poder llegar.
Insisto:
los pies en todas las posiciones posibles
avanzo metro a metro:
escalar es más: es crear otras miradas,
descubrir incertidumbres, disyuntivas:
se deshace el enigma.
De ella me llevo
su olor húmedo, su aliento pegajoso,
los helechos milenarios
y esa mano que tiro de mí.
—que era la misma mano
que siempre estuvo alli,
en el fondo del rio.
Amalia Cordero / Cuba

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