26 de octubre de 2010

González, Keller y Droguett ¿escritores nacis?

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.
Un buen amigo de San Antonio me pidió información sobre Carlos Keller, Jorge González Von Mareés y Carlos Droguett. Aparentemente está realizando una investigación histórica sobre el nacismo chileno, pero no ha encontrado suficiente material. Es efectivo que casi no existen textos históricos respetables que hayan profundizado en el tema del nacismo chileno. Un ejemplo de aquello es la biografía sobre Jorge González Von Mareés titulada “El jefe” de Rodrigo Alliende, publicada en 1990. El típico caso de una material en bruto con un potencial enorme, pero desperdiciado por una prosa rígida, sin pulir, como hecha a la rápida y sólo por cumplir. Al lote, en otras palabras. En todo caso, en cuanto a información, el libro entrega muchos datos que pueden ser útiles, tales como fechas, hitos, declaraciones y publicaciones. Aparecen, además, bastantes antecedentes sobre la sociedad González – Keller, este último tanto o más interesante que el primero. Pero no está demás reiterar que no hay reflexiones ni análisis sesudos. Sin embargo, el libro lo leí hace varios años, con un bagaje distinto y talvez sea un poco injusto con mi actual comentario.
Salvo este texto y las típicas reseñas de los libros escolares, no tengo conocimiento de otros títulos donde se aborde el tema del nacismo, aunque puede que existan, pero deberían ser de los últimos años, del 95 en adelante.
En el caso particular de Jorge González, él escribió en 1940 “El Mal de Chile”, donde lanza una crítica bastante vigente a la situación política, social y económica del país y es de la editorial Talleres Gráficos. Se encuentra en la Biblioteca Nacional y no tengo copia de él. Aparte de eso, en Internet hay unos textos dando vueltas sobre su persona. El más interesante corresponde a Miguel Serrano y creo tenerlo guardado en mi computador, donde narra la conversión de González al liberalismo (terminó siendo, si no me falla la memoria, tesorero del Partido Liberal en los ‘60), dándole la mano a Arturo Alessandri en el cementerio y recibiendo de parte del nazi esotérico de Serrano un desprecio muy bien escrito, pero desprecio al fin y al cabo. Lo más suave que le dice es traidor.
El caso de Keller es mucho más complejo. Existe una abultada bibiografía en la Biblioteca Nacional que parte desde la década del 20 y 30 y se extiende hasta nuestros días. Tuve el privilegio de leer ”La eterna crisis chilena”, editado por Nascimiento en 1932. El valor del libro está en ser una síntesis del pensamiento político de Keller, más aún por haber sido escrito cuando los nacis chilenos estaban en pleno proceso de formación, antes de la anexión de Polonia por parte de Hitler y toda su melcocha posterior. Keller fue un tipo que escribió sobre todo lo que se le pasó por la cabeza: política, filosofía, economía, antropología, historia, agricultura, sociología (me parece que fue uno de los fundadores de la escuela de Sociología de la Universidad de Chile, pero es un dato que no puedo corroborar) y hasta literatura. En las librerías de viejo se puede encontrar, para quien guste de escarbar, una novela histórica sobre La Monja Alférez escrita por Keller (me parece que es de mediados de los ‘70) y anterior, en todo caso, a una novela de una escritora chilena sobre el mismo personaje, pero escrito el 2005. También tiene un libro sobre los pueblos indígenas del sur en un tono bastante épico y racista (en cuanto a florear a una raza por sobre otra), parecidos a los textos de Serrano, donde se manda voladas mitológicas y esotéricas.
Después de los mil días socialistas de Salvador Allende en La Moneda, Keller formó parte del Instituto Nacional de Estadísticas, lo que hace suponer que apoyó el golpe de Estado de Augusto Pinochet. Tengo memoria de un texto que leí de Keller a días de este suceso, criticando la pornografía en los quioscos. Supongo que se refería a esos embelecos candorosos de Pepe Antártico y Viejo Verde que no le hacían mal a nadie… Avanzando un poco, Keller murió al año siguente, en 1974.
Mención aparte merece el Centro de Estudios y la Biblioteca Carlos Keller, del cual tuve conocimiento gracias a Internet. En ellas se pone orden a la bibliografía de Keller, como a otros textos que apoyan la causa nacionalista. Como es posible deducir, el tufillo nacista (la c es porque sigue la tradición chilena del movimiento, más que la germanófila) salpica la pantalla del computador de arriba hacia abajo. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta. Allí aparecen los textos de Carlos Droguett relacionados con la Matanza del Seguro Obrero.
Respecto a este último, el único antecedente que manejo respecto de su adhesión al Nacismo de González y Keller lo leí en el libro de Enrique Lafourcade “Animales Literarios Chilenos” en un capítulo dedicado, precisamente, a su persona. Sin embargo, por el tono de mala leche en que está escrito, me da la impresión que Lafourcade pecó de venenoso. Lo destroza literariamente y, más encima, le atribuye simpatías por el movimiento en los años ‘30 con bastante menosprecio. Lo pinta como un loco rabioso y con acné permanente. La crónica la escribió en los años ‘70, supongo que para El Mercurio. Sin embargo, el mismo Lafourcade lo incluyó en su antología con el cuento magistral “Magallanes”. Tal vez el padre de Palomita Blanca lo asocie al nacismo por los dos libros que abordan el tema: “La Masacre del Seguro Obrero” de 1940 y “Sesenta Muertos en la Escalera” de 1952. Son el mismo libro, pero el segundo está ampliado y corregido, es más literario y menos periodístico (si se puede hablar de periodístico en el estilo de Droguett). Sin embargo, en los dos, Droguett asume un punto de vista de testigo de los hechos, un testigo que se asombra, asusta, remece y aprende a odiar por unas muertes que considera absurdas y, por ello, se niega a aceptarlas. Más que un punto de vista ideológico, lo considero humanista.
En cuanto a la posición política de Droguett, la mayor parte de su vida fue de izquierda marxista. Adhirió a Allende en sus campañas y en su gobierno, fue contrario a Pinochet y me imagino que no lo convenció hasta su muerte el experimento concertacionista, porque si algo odiaba eran las tibiezas y en eso estos chicos que gobiernan desde 1990 son campeones. Antes de aquello, como ya lo dije, el único autor que lo relaciona con los nacis chilenos es Lafourcade. Sin embargo, si esto fue cierto, debió ser en sus primeros años, siendo veinteañero, porque a fines del ‘30 y a principios del ‘40, ya como periodista, escribía en revistas como Extra, cuya línea era de izquierda y cuando digo izquierda me refiero a la marxista… porque en estrictor rigor, tanto los nacis chilenos del 30 y 40 y después los falangistas, se les podría considerar de izquierda, por cuanto en sus principios siempre rechazaron el capitalismo como sistema económico. Y si hilamos más fino, Frei y su Falange guardaban muchas coincidencias con las ideas de González y Keller en cuanto al corporativismo y socialismo comunitario, contrario a la dictadura del proletariado. Por algo se llamaron Falange, al igual que la del fascista español Primo de Rivera.
Nacis: Los nacional-socialistas chilenos se intentaron diferenciar de los alemanes a través de esa letra, aunque la ideología de fondo era la misma.
Fotografía: Quien desfila al centro es el escritor e ideólogo naci Carlos Keller.

6 comentarios:

  1. Quizá el libro más relevante sobre este tema, y publicado después de 1995, es Los nazis en Chile, de Víctor Farías. Allí expone un catastro de los principales integrantes, colaboracionistas y simpatizantes de la causa nazi a lo largo de Chile. Son varios miles y provenían de diferentes ambientes. Desde académicos y altos políticos hasta estibadores y tenderos. Un capítulo especial lo dedica a seguir los pasos del pianista chileno Claudio Arrau durante su permanencia en la Alemania Nazi. Es un libro que vale la pena consultar más bien por los datos que entrega, que por las torpes conclusiones del autor.

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  2. Un tema interesante. En Argentina lo tenemos al mismo Perón sospechado de amigar con los más altos mandos del nacismo.
    Al leer esto me recordé de la película-documental de Rolo Pereyra "Oro nazi, tesoro infame". Si no la viste te la recomiendo, siempre aporta algo a la cuestión.
    En cuanto a la bibliografía tenemos problemas parecidos, hasta ahora más dudas que certezas.

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  3. Es indudablemente un tema a explorar.
    El primer tercio del pasado siglo generó movimientos de filosofía totalitaria que nacían como respuesta a otros, de misma índole, pero diferente signo. El Marxismo radical, el anarquismo sindicalista, los fascismos y el Nazismo, se convierten así en caldo de cultivo para regímenes dictatoriales que se erigían en salvadores de una patria siempre en peligro.
    Curiosamente, todos ellos veían como enemigos al capitalismo, independientemente de que su ideología fuera comunista o fascista.
    Acabada en Europa la II Guerra Mundial, con la inestimable ayuda de la Iglesia Católica, muchos de los gerifaltes del Partido Nazi alemán encontraron rutas de evasión y ayuda en forma de acogida amistosa en países de Latinoamérica, donde con el apoyo de los partidos Nazis locales, reiniciaron una nueva vida logrando influir en las sociedades de acogida y en sus gobiernos.
    Stalin y Hitler no eran tan diferentes. Paranóicos, despiadados, iluminados y megalómanos, creían que cualquier medio -la mentira, la tortura, la guerra y, sobre todo, el miedo- era legítimo para sostenerse en el poder y para extender sus ideas y su dominio por el mundo.
    Cuando acabada la guerra le preguntaron a Satlin si prefería que su pueblo le obedeciera por convencimiento o por el miedo contestó que sin duda por el miedo. Los convencimientos cambian y el miedo siempre crece y permanece con el estímulo adecuado, aseguraba.
    Muchos de los dirigentes posteriores, tanto en Europa, Asia, África o Latinoamérica siguieron esa premisa.
    Sin duda, una investigación real, independiente y profunda sobre el auge y pervivencia de los partidos Nazis en Latinoamérica sería de un interés enorme.

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  4. Conviene recordar que la mayoría de los países del cono sur de América se transformaron en guarida de nazis que escaparon tras la Segunda Guerra. Salvo unos pocos casos aislados, donde fueron ubicados por los servicios secretos israelíes, el resto prosiguió su vida con todo el amparo y la connivencia de las autoridades políticas de cada país. Muchos se enriquecieron, formaron nuevas familias o se trajeron a la que tenían en Alemania. El mismo guardaespaldas de Hitler vivió hasta pasada la noventena de años en Iquique. Un gigante de dos metros veinte( aunque la literatura le atribuye 2,36). Varios se cambiaron de nombre y pasaron a formar parte como uno más de la inmensa colonia alemana que ya existía desde el siglo XIX (al menos en Chile).
    En Parral, en el centro de Chile, se formó incluso una poderosa secta de nazis, en un fundo de treinta mil hectáreas, con aeropuerto, industrias, maquinaria de punta, armamento, policía interna, hospital, centro de torturas, y numerosos alemanes traídos bajo engaño que fueron esclavizados durante más de cuarenta años. Recién el gobierno de Ricardo Lagos pudo desmantelar a sus líderes y liberar a los cautivos. Con el período de Pinochet vivieron su etapa de gloria, y en el resto de los gobiernos, nadie pudo tocarlos, pues contaban con la protección de jueces y caciques locales.
    Hoy siguen viviendo algunos de los alemanes de entonces en Villa Baviera, pero ahora trabajan para sí mismos, sin sufrir los abusos de los líderes nazis.
    Los casos son miles y de seguro podremos abordar algunos en estas páginas, estimado amigo Jesús.

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  5. Respecto a Perón y el nazismo, me referiré extensamente en un nuevo comentario, estimada Lorena. Porque es un tema de muchas aristas. Veré si puedo conseguirme o bajar ese documental que mencionas.

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  6. Las relaciones del peronismo con los nazis es un mito incomprobable o bien una mentira total de los yakis

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