13 de diciembre de 2010

El Síndrome Salieri

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.
El compositor Antonio Salieri divide a su colega Wolfgang Amadeus Mozart en dos mitades (y tal vez más, si hubiese dispuesto de un cuchillo carnicero cerca de éste). Ama su obra, pero odia a la persona. La razón se debe a que lo considera un bufón inmaduro, de risa fácil y alma fiestera, capaz de alcanzar la plenitud creadora con la facilidad de la respiración. Salieri, en cambio, por su personalidad seria, austera y comprometida, se siente merecedor de este don que le negara un Dios injusto, para otorgárselo a su envidiado antagonista tan sólo por capricho o por aumentarle a él la dosis de sufrimiento. Todo esto, según la versión de la película de Milos Forman “Amadeus” de 1984 y que, al parecer, resulta mucho más atrayente y ficcionable que la realidad histórica.

Desde que vi por primera vez la película creo tener algo de ese patético Antonio Salieri. No poseo talento para las artes ni la más mínima capacidad de crear alguna forma de belleza. Sin embargo, puedo disfrutar con éstas y, más aún, vislumbrar cuando un leve temblor anuncia la llegada de un terremoto de proporciones. Se trata de una percepción especial para captar el talento superior, sobre todo cuando éste se encuentra en proceso de gestación, material en bruto, un huevo dentro de la serpiente que promete crecer en dimensiones insospechadas.

Créanme, amigos lectores. Cargar consigo el síndrome de Antonio Salieri no es nada fácil. Sentirlo no es garantía absoluta de poder transmitirlo al resto para disfrutar  –o padecerlo- todos por igual este maravilloso descubrimiento. La capacidad de persuasión no está incluida como tampoco la de imitar lo grandioso. A lo más, patéticas caricaturas que, de vez en cuando, garabateo sobre el papel.

7 comentarios:

  1. Genial. Me apunto a este club también. Algunos me protestan y tratan de consolarme con un "te salió bien" pero yo sé que todo lo que hago es producto de un esfuerzo o que brota de la revolución espontánea de la sangre como un sarpillido en un día de humedad. Intento, intento hasta que me doy por venida, recobro coraje y vuelvo a intentar. Si hubiese nacido con algún talento saría fácil brillar como el sol que aunque haya nubes o lluvias se percibe su fuerza.

    Al ver esa película (que se hizo cuando tenía tres añitos) sentí lástima al principio pero luego llegó la identificación. Hay muchos Salieris en la literatura y en la vida misma, hasta me siento poco como para compararme con este ilustre patético. Al caso me siento una persona con buenas intenciones que mata el tiempo frente al teclado para no entregarse a otros vicios más perjudiciales.

    Gran escrito Claudio!

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  2. No obstante, creo que vos escribís más que bien. No pertenecés a ese grupo pero qué bien aludís a éste.

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  3. Claudio, cuándo escribiste eso????

    La verdad es una soberana estupidez. En primer lugar no existe una medida para el talento. Ni para la alegría ni la tristeza.

    Si la hubiera uno podría decir: ah! Salieri era tres pintas menos talentoso que Mozart y dos pintas más talentoso que Eduardo Peralta.

    Cada uno es lo que es... bien o mal... lo que es. Pobre, rico, honrado o ladrón. Se es simplemente.
    Yo me siento afortunado de escribir un par de garabatos en un teclado... bueno, más de un par. Y todavía no escribo nada mejor que tú... Pero ya lo haré cabrito... ya lo haré...

    Saludines, como decía una amiga mía que era tan buena para el...

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  4. A juzgar por el conjunto de antecedentes contemporáneos a Cervantes, se puede llegar a plantear que el conjuto de su obra, y particularmente su Quijote, fueron considerados una gran estupidez por sus coterráneos. Me inclino a pensar que el mismo Cervantes garrapateó miles de hojas bajo el divertido convencimiento de estar escribiendo sólo estupideces. Extrañamente, los plasmadores de estos engendros son los que mayoritariamente le terminan entusiasmando al gran público.

    Por mi parte, y dada mi infinita arrogancia, no creo tener el síndrome Salieri, sino muy por el contrario. Y es lo que me permite mirar de frente y para abajo incluso a Thomas Bernhard.

    Cuando vi esta película tuve y mantengo la impresión de que a un gran genio sólo lo puede percibir otro gran genio. Mozart, en su corta vida, fue tan despreciado como valorado por su virtuosismo juguetón, pero en ningún caso por sus mejores obras. Cuando escuché las Folías de España de Antonio Salieri, tuve la confirmación de esta genialidad. Si bien la película tuerce deliberadamente muchos antecedentes, la historia real tiene algunas lagunas donde es posible adosar esta disquisición personal. Basta escuchar la música de ambos para formarse un incipiente juicio estético personal.

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  5. Lorena, siempre entrable... Muzam, siempre profundo... Alex, siempre rosquero (ya te pillaré, mequetrefe, ya que pillaré solito)... gracias a todos...

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  6. Estoy en completo desacuerdo contigo Claudio y más bien creo que es falsa modestia. Tus historias construidas con tanta maestría y belleza te han asegurado un lugar importante en las letras.

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  7. Muchas gracias, María Paz, de verdad, valoro tus palabras... mi intención -frustrada tal vez- fue rescatar la pugna entre Salieri y Mozart, al parecer maravillosamentwe ficticia, tan bien retratada por Forman. Y abrir la puerta para que soñemos todos en coro...

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