15 de abril de 2011

No te vayas


GABRIEL PRACH -.

Me voy -dijiste, y cerraste la puerta.

¿Pero por qué he de extrañarme? Siempre dijiste que te irías, siempre me recordaste que no pertenecías aquí, que aquí morías de una terrible soledad. Me decías que te marcharías porque sí, porque tenías que hacerlo, porque nada permanece para siempre, salvo la miseria, pero a esa ya nos acostumbramos o mejor dicho, nos acostumbraron. Parece mentira que hoy te extrañe de esta forma cuando ya ni siquiera sabes si existo. Tú nunca supiste, no quisiste entender que yo también pretendí irme, que estaba irremediablemente cansado, que el desaliento me apretaba el alma. Ignoraste mis razones, mis estúpidos juicios y ridículos argumentos (según tus palabras). No entendiste la presión de seguir así, la maldita presión de saber que todo se derrumba y no hay nada que hacer, solo esperar la debacle inevitable.

No es que no sea lo suficientemente hombre. Creo que más bien es sólo un poco de cobardía. Al menos déjame el placer de sentir lástima de mi mismo, la posibilidad cierta de disfrutar al menos del dolor, que es lo que me queda y también el nerviosismo y la inseguridad y el temor y la angustia, la sensación de no ser nadie y ser todo al mismo tiempo. En fin, vete, lárgate de una vez. No dejes nada, ni las flores, vete con los recuerdos y el perfume, con la noche sin luna y con el viento, vete con las rosas secas de la mesa, con el maldito perro y el maldito gato, con los poemas que te escribí al conocerte y con todos tus besos robados a mis labios. Vete temprano mientras duermo, apenas amanezca, con la primera luz del día y no dejes ninguna nota manchada con tus labios de carmín. No me dejes nada, no dejes ni siquiera la cama, ni las cortinas, ni el mueble del reloj, es más, llévate el bendito reloj que no quiero saber ni del tiempo, ni que tengo que levantarme del suelo, ni del paupérrimo trabajo, ni del tirano de mi jefe, ni las miles de cosas que me dirá que haga, ni la miserable paga, ni de los veinte mil pesos que debo en la botillería, ni las cuentas que se acumulan bajo mi puerta, ni del teléfono desgraciado ¡Que no para de sonar!

Vete, vete de una buena vez, y no mires atrás, no se te ocurra volver la mirada que de hacerlo jamás te irás. Y no esperes ninguna palabra mía para detenerte porque tendría que rogarte y eso hoy en día no se estila, es mal visto eso de andarse arrastrando, a menos que uno esté desesperado y yo ya casi lo estoy, aunque todavía me falta un poco como para llegar al suicidio.

Por otra parte existen cientos de mujeres con las cuales podría pasar mis amarguras. Cual de todas más desechables, que eso es lo que son o lo que hay. Todas ellas con sus precavidas reservas, con sus sanitizadas y frías precauciones para el antes, el durante y el después. Cosas que tú nunca usaste ya que queríamos tener un hijo, al menos era lo que me decías jadeando llena de ternura.
Un hijo que nunca llegó, porque la providencia no nació para ser justa.

Ahora hay algunos que andan comprando hijos y otros que los roban para venderlos. Se sabe que el negocio es bueno y va viento en popa, porque ahora todo se vende. Te hipotecan el futuro y el pasado a estas alturas ya está moroso, te venden una cara y falsa promesa y te endeudas el alma pagando esa estúpida oferta y si no pagas te demandan y a la vez tú los demandas, porque ahora eso se usa para quedar con el historial limpio, así es que se lleva lanzar pronto la primera piedra antes que te la lancen a tí, y te buscas un abogado aséptico, serio y formal, compuestito y sabiondo, que no pregunte el por qué hiciste aquello o lo otro. Más bien que haga su trabajo y en el fondo piensas y sabes que igual es corrupto o a lo menos amoral y talvez te pueda ganar el juicio, pero al final igual se queda con tu dinero. Hoy en día, y esto tú lo sabes bien, hasta vender a la madre es rentable y al padre y a toda la familia, y fíjate que aquello algunos ya lo han hecho y no muestran el más mínimo arrepentimiento. Parece que no han escuchado vociferar en las plazas y en las iglesias a los pastores que ruegan que lo hagan y amenazan con el infierno si no lo hacen y quizás éste ya esté aquí o tal vez sólo sean unas palmaditas del que está arriba por algunos pecados antiguos o a lo mejor ni siquiera son míos y pago culpas extrañas. Otra cruz que llevo y que nunca supiste. También es posible que así no sea, que quizás sólo lo imagino y es que ya mis ideas no cuajan porque mi razón se ha enfermado de civismo y madurez, de correctismo político quizá.

Puede ser también que el infierno sí esté aquí, lo sabias bien y por eso te fuiste, porque ya hay un infierno por aquí cerca. Con altas calorías para que se sigan cocinando como cerdos, porque el averno esta de moda, es mediático, con una página en Internet y uno que otro periódico circulando y repartiendo veneno por ahí. Un horno de almas para altos ejecutivos en puestos claves para mujeres insatisfechas y aburridas buscando lujuria vía telefónica desde su club de amigas o desde su trabajo o con la vecina en la misma peluquería. Un infierno para señores de barba cana y aspecto respetable que suben a sus lujosos automóviles a jovencitos que mueven el culo en la avenida central para que les sacien sus recónditos deseos y aumenten su miseria, la de ambos, la de todos. Siempre a la vista y paciencia de quien quiera ver y nadie dirá nada, porque te repito, estamos enfermos y porque a nadie le importa. Así lo corroboran los estudios y estos son serios, porque los hacen personas serias, que estuvieron en no se cual universidad extranjera y aprendieron a hacerlo bien. Ellos trabajan en grupos de pensamiento o Think thank y lideran el asunto acertada o equivocadamente, y lo manipulan y con ello ganan los que están tras ellos financiándolos. Y nos hacen parecer como tontos, tan ignorantes que te juro que si no te marcharas, no me habría detenido a pensar en ello y en otras muchas cosas, como la frase esa de que unos pocos miembros no dañan a toda la institución, ya sea ésta última la iglesia, los políticos, el gobierno o las fuerzas armadas, pero el caso es que esos pocos se van transformando en esos muchos y sigue la caída pendiente abajo y no hay quien ponga un alto o ponga las letras adecuadas en los lugares correctos para que se pueda despertar, alguien que levante el dedo y no para hacerse famoso sino que para sincerarnos, para espiar nuestras mentiras inconfesables, que no tenemos mucho tiempo y porque hasta aquí nomás llegamos, porque la soledad si te marchas, es la excusa. La soledad puede llegar a ser sólo la excusa y eso también lo sabias.

De todo esto huyes y tal vez tengas razón, quizás debería irme contigo, pero no quieres que lo haga, no quieres ni siquiera sonreír más, que para eso eres buena, para reír y esto en realidad es lo que más me apena, que no pueda verte la risa, que me pregunto quien reirá después para mi, porque sólo veo caras largas por aquí y por allá y ya me tiene más que cansado que me digan que este año si será, y el despegue no ha pasado por mi casa y todo esto tú ya lo sabes, lo que pasa es que siempre supiste más, pese a que era yo el que presumía de hacerlo. Pero está bien, que las desgracias siempre van de la mano y ésta no es la excepción. ¿Eso ya lo dije verdad?

Adiós. Hasta siempre, y no te preocupes más de la cuenta por las noticias en los diarios, ni por la mierda de la televisión, ni del atentado que hicieron en alguna estúpida marcha por el centro de mi barrio. No te quedes mirando los claveles rojos en la lápida pública que instalaron por los desaparecidos, ni te preocupes por el alza de la economía, tampoco por el alza de las inversiones, ni del alza de la pobreza de los mismos de siempre, ni del alza de la riqueza de los otros mismos. No te importe que llueva y granice, que haga un maldito frío insoportable y que los tipos que duermen afuera de la iglesia estén empalados y hambrientos y que quizás otro muera ésta noche. No te importe la muerte de Gabriela Pino porque sus padres eran muy pobres o insignificantes para que atendieran a la niña de ocho años en Cartagena. No te preocupes por el alza de la vida, ni por el alza de la muerte, en especial de los suicidios. No te molestes con los mentirosos de siempre, con los que te ofrecen el mundo por unos pocos votos, con aquellos que nos embaucan tan a menudo metiendo su mano en nuestros bolsillos, ni te molestes con escuchar a los traidores, a los egoístas, a los aprovechadores, a los perdedores como yo o a los pocos ganadores de siempre. Vete de aquí, aléjate de ésta podredumbre y no vuelvas. Márchate ya ¡Huye de mi!. Ahórrate el dolor, la desesperanza y la larga espera. Las noches en vela mientras yo recorro las calles buscando respuestas que no hay, evita mi resaca del domingo en la mañana y la ropa sucia olvidada debajo de la cama. Y por favor sin despedidas, no termines lo que quizás nunca empezaste. No te preocupes por nada, menos por mi, en especial por mi, sólo vete de una buena vez, pero por favor, ¡no regreses!, que no me encontraras, que yo también me habré marchado, definitivamente.

Adiós

9 comentarios:

  1. Una carta preciosa y desesperada ¡¡ Me pregunto si será real, qué intriga ¡¡ Creeré que lo es porque de verdad me lo parece.
    Saluditos ♥

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  2. Ah.. El título es "No te vayas" aunque él dice "andate" .. Me encantó, se siente palpitar el corazón en esta carta que nos llega en forma virtual. En una nota en papel puedo imaginar algunas arrugas, borrones y tal vez la humedad de algunas lágrimas o de sudor producto de un momento de profunda rabia y dolor. Ja! Me hice la película, no está mal para un sábado por la noche.

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  3. Anónimo17/4/11

    Corazón partido, cuando te dejan así te hacen mierda.

    Marcos Flores

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  4. Verdad o mentira, autobiográfico o no, lo cierto es que expones con claridad la angustia del mundo, la soledad, el ritmo vertiginoso de la vida actual, la lucha por llegar sin saber a dónde. Tu relato es como los fados portugueses: tristeza, pena, amargura, amor, desamor, calamidad, soledad. En fin. El fado portugués se extiende como la mala hierba.

    Un abrazo.

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  5. Prach anda y desanda, digrega, abre ventanas, las cierra y las vuelve a abrir, evoca, se enfurece, se enternece y se vuelve a enfurecer. Su ruda escritura es única.

    Notable.

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  6. Es mejor dejarlas ir, señor Prach. Al fin y al cabo, quién decide irse de nuestro lado demuestra que bien poco le importamos.

    Pluma de alto nivel, como si estuviera saltando desde un avión real, pero con un paracaídas imaginario.

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  7. Anónimo19/4/11

    A veces nos damos cuenta que no queremos que se vaya cuando ya no está. La plasticidad para cambiar de parecer es una propiedad fascinante de nuestras mentes, se dice que las más abiertas a esos cambios son las que demuestran un tipo de inteligencia no reconocida como se debe. Ayer te quise y hoy por todo esto ya no te quiero, hay que dejar ir pero también es posible permitir volver dejando de lado el orgullo sin sentido.
    Una carta hermosa.

    Saludos
    Lila

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  8. Perdonar es un acto de gran generosidad de la que pocos son capaces, dejar volver es tan difícil pero el corazón manda y si se quiere de verdad se puede. Si mi matrimonio se desgasta y no lo noto hasta que se está por ir no dudaría en grita fuerte no te vayas y rogaría porque me escuche a fin de reedificar una casa fuerte que resista la proxima tempestad porque compartimos tanto que dudo que sea posible que todo desaparezca de un momento a otro, ni siquiera creo que alguien más pueda contra una vida compartida.
    Voy preparando mi carta por las dudas porque no quiero que mi negro se vaya nunca.

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  9. Anónimo23/4/11

    Al final ¿se fue? A veces se van a pesar de que se lo pedimos de mil maneras diferentes, a veces se van sin irse ¿Hay algo peor que simplemente estar? Odio a los que no dicen adiós y te dejan sola en su fría compañía, eso es lo peor. Que se vaya si no me quiere de verdad, si no quiso oir que no quería que se fuera o se alejara de mi corazón.
    Un escrito increible sr. Prach, mis respetos y mi admiración para ud.

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    (¸.•´ (¸.•` Lila

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