17 de agosto de 2011

La verdadera vida, el verdadero drama

JESÚS CHAMALI -.

Ayer estaba viendo-oyendo el canal 24 horas de noticias de TVE. Sí, ya sé, hay mejores maneras de torturarse, pero ninguna más barata. De repente, una noticia que trataba sobre la hambruna en Somalia llamó mi atención.

Parece absurdo, ¿no?

Tal cómo está el mundo, con locos que armados hasta los dientes pretenden salvarnos de nuestras ideas a golpe de gatillo. O que revestidos de sotana y crucifijo, o de chilaba, turbante y cinturón bomba, pretendan que abandonemos este mundo de pecado, nos convirtamos al único Dios verdadero, el suyo, -¡por supuesto!- y vayamos a un incierto paraíso (unos antes que otros, al parecer). O con los mercados, nuevo becerro de oro al que todos tememos y adoramos, hundiendo a placer economías y estados sin importarles esas hormiguitas que son sus ciudadanos, en aras de sus beneficios. O con las decenas de desastres naturales que han habido en los últimos dos o tres años y sus cientos de miles de damnificados entre muertos y heridos y sus espeluznantes imágenes, que en el continente tradicionalmente más pobre (y no por falta de riquezas) haya una hambruna más, y que ésta me llame la atención es, cuanto menos extraño.

Pero lo que me extrañó fue la tranquilidad, la absoluta aceptación de su destino de los habitantes de esas minúsculas aldeas perdidas en el cuerno de África. Hablaban a la cámara pausadamente, sin gritar, sin llorar, sin quejarse. Agradeciendo la bazofia líquida y de aspecto repugnante que estaban cocinando en un fuego hecho de bostas y ramillas, que más que alimento parecía vómito, porque era lo único que habían comido en tres días, tal era su necesidad, de ese calibre era su pobreza.

Llevan años lidiando entre las guerrillas islámicas, el pseudoejército gubernamental y las bandas de ladrones. A cuál más peligroso para ellos, a cuál peor para su supervivencia, pero de una u otra manera, lo habían ido logrando. Sin embargo, dos años de sequía absoluta han sido demasiado para ellos que dependen de lo poquísimo que pueden plantar en sus aldeas y de las escasa cabezas de ganado que no les roban unos u otros, y lo que no consiguieron los robos ni las balas, lo consiguió el hambre atroz: que tuvieran que irse de sus casas con lo puesto, es decir, con todo lo que poseen en este mundo.

Pero lo que más me llamó la atención fue que al preguntarle a una de las mujeres que estaba sentada cocinando "aquello", fuera lo que fuera, contó que en el camino hasta el campamento de refugiados había visto morir de hambre a 7 de sus hijos, pero que gracias a esa comida podía darle algo de alimento a los otros 6 que le quedaban.

Y de su cara, hierática, no salió ni una lágrima.

9 comentarios:

  1. ¿Habrá un momento en que el ser humano se cansa de todo, inclusive el sufrimiento? ¿Cuánto más se debe descender para llegar a esto? ¿Será el comienzo de una templanza interior o sólo la perplejidad ante el infierno? Las preguntas suman y siguen después de leerte esta mañana, mi querido amigo.

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  2. Tremenda observación y reflexión, Sr. Chamali.
    Me lleva a pensar que cuando "la vida" se reduce a seguir el mandato biológico básico de seguir vivo y mantener vivos a los que dependen de uno, el sufrimiento pierde sentido ante el milagro de seguir con aliento un día más...ahora bien, porqué y para qué seguir vivo en ese escenario, no sé, la vida debe tener sus razones que no logro explicarme...sólo se queda uno con las preguntas, como dice Claudio.

    Mis saludos

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  3. Anónimo17/8/11

    ¿Quienes son los realmente fuertes entonces? ¿Si aquellos somalíes que sobrevivirían hasta del aire, o los Berlusconis, Soros, Gates o Piñeras, despojados de pronto de toda su fortuna y sus contactos y la mano de obra barata que los ha enriquecido?
    ¿Sobrevivirían acaso?
    Pertinente reflexión.
    Saludos señor Chamali.

    Francesco

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  4. A mi también me aterroriza esa duda Claudio. Me aterroriza que el ser humano pueda, a través del dolor y del sufrimiento, dejar de ser humano para quedarse simplemente en "ser".
    Ver habitualmente la muerte como algo consubstancial del día a día, como el ver salir el sol o el hacer las necesidades fisiológicas, como el arar las tierras u ordeñar el ganado en medio de muerte, destrucción, enfermedades y violencia gratuita hace que cada día tenga muchas probabilidades de ser el último de la vida, y eso te convierte en un ser ñoño o en un ser sin sentimientos, y cuando la opción es sufrir a diario, la cosa está clara: los sentimientos no tienen lugar en esa ecuación vital.
    Pero lo que me avergüenza es que nosotros, supuestos voceros de una conciencia social, no hagamos nada más que escribir cuatro líneas en un blog o en un periódico, acudir a la típica concentración para protestar por la situación del hambre en el cuerno de África (antes de irnos a cenar y a acostarnos calentitos en una cama cómoda, entre sábanas limpias)o comprando el lazo del color que se designe para esta campaña.
    Y mientras tanto, tal vez mientras escribo esto, indignado conmigo mismo y con mi cobardía y mi acomodación, alguno de los otros seis hijos de la protagonista de mi relato esté muriendo de hambre o de enfermedad en medio de la nada, sin que nadie más sienta su muerte y con el único testimonio de las estrellas del desierto africano, hermoso pero cruel.

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  5. Lucía17/8/11

    Lo sabemos, lo vimos u oimos durante el día pero estamos demasiado ocupados para atender el asunto. Solemos decir que no es nuestro asunto. Así somos: terriblemente egoistas. Me gustó mucho su forma de presentar el tema. Saludos cordiales-

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  6. Si dejamos que nuestras vidas se vuelvan un drama, si nos echamos a la espalda todos los dramas de la vida, no sé qué clase de vida se pueda llevar. Es un buen pensamiento el que expresa, buenas intenciones. qué hacer?

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  7. Un reflexión que llega a lo profundo del alma. Gracias por compartila Jesús. Me quedo haciéndome mil preguntas y tropiezo con la angustia de no encontrar las respuestas.. Así es la vida..

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  8. Jesús, estamos siendo testigos de dramas como el que narras con la mayor naturalidad. Como tú mismo lo cuentas. La indiferencia es el mayor azote de la humanidad.
    Un beso.

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  9. Qué triste realidad, pero que bueno observarla y pensarla a través de sus escritos. Mis saludos.

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