19 de agosto de 2011

Sabina



A mi lado, de copiloto, mi sobrino Floren. Viajábamos a nuestro pueblo e íbamos escuchando una canción de Sabina: " Y nos dieron la una, las dos y las tres y dormidos al anochecer nos encontró la luna..." Floren subía el volumen porque le gustaba la canción. El campo, a nuestro lado, reseco, amarillo. Las encinas se salpican dando una imagen pictórica muy castellana, muy mesetaria.

"Y mi mano le correspondió debajo de su falda..." -seguía Sabina-. Mi sobrino Floren dice. ¿Se la folló? Tú qué crees. ¿Se la folló? Pues claro, hombre. Se la folló.


Floren tiene 39 años, es un chico fuerte, guapo, inocente y bueno. Nació con una insuficiencia cerebral mínima, ya superada, pero que le ha condicionado mucho la vida. Mucho más la de mi hermana Marisa, pero es inteligente y se da cuenta de todo, de quien le quiere, de quien le trata bien, de quien lo desprecia, de quien le habla mal y de todos aquellos que, aún no teniendo ningún problema, no saben estar y no le tratan como deberían. Él lo sabe. Escucha y reflexiona -imagino- y corresponde con su afecto a los que le queremos de verdad. Diríamos que yo soy su tía favorita porque le quiero y nunca le digo nada que pueda molestarle. Además, somos los únicos de la familia que fumamos, él a lo bestia. Es el único vicio, su único capricho. Yo fumo poco, hay días que ni fumo, pero fumo y el hecho de ofrecernos cigarrillos de vez en cuándo nos hace cómplices, nos hace más amigos.

Sabina iba cantando con su voz socarrona, demostrando que es un golfo, que lo ha sido y que él no quiere vivir cien años como otros. Lo dice en otra de sus canciones que Floren me pidió escucharla una y otra vez. ¿A Sabina le gustan las chicas? Claro, hombre, le gustan todas las chicas. "Y, se las folla? Pues claro, a todas las que quiere. ¿Y se dejan?, imagino que sí. Sabina es un golferas y a las chicas le gustan los golferas, -le digo-.

¿Cónoces a Sabina? -me pregunta- Le conozco de haberlo visto en algún concierto, pero nada más. Me gusta mucho él, sus canciones y su estilo de vida, tan independiente y tan golfo. ¿Te lo ligarías? No, porque ya sabes que yo estoy casada.

"Su dedo dibujó un corazón en mi espalda..." decía Sabina. ¿Por qué, me pregunta, por qué le dibujó el corazón? Pues para demostrarle que le gustaba.

Así fue transcurriendo el tiempo hasta que llegamos a nuestro pueblo. Detrás las encinas, el campo amarillo y reseco, detrás nuestra ciudad, su Catedral, su castillo donde se han colocado obras de Baltasar Lobo, como la que ilustra el post. En la imagen, mi hermana Marisa, Floren y yo el pasado invierno.

Le conté que, hace algún tiempo, en una cena con los Príncipes Letizia y Felipe en la que estaba también Sabina, la princesa contó un chiste muy comprometido y Sabina, según la prensa, lo contó. A los príncipes no le gustó y se enfadaron. No sabemos si volvieron a reconciliarse. "Y, tú porque lo sabes? Pues porque lo sé, porque se enteró toda España.

¡¡"Loco por conocer los secretos de tu dormitorio...."!!!!!

11 comentarios:

  1. Cuatro universos unidos por una canción. Entrañable narración.Me recordó a "De hombres y ratoncitos" de Steinbeck.

    Sabina es un poeta transversal, un portavoz de los trasnochadores, de los melancólicos, de los tristes,de los desencantados, pero sobre todo, de los amantes inclaudicables dela vida.

    Un fuerte abrazo mi querida amiga.

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  2. Un hermoso relato. Tanto por la precisión en que es narrado como por los personajes. Se sienten vivos dentro de tan breves líneas. Un gran abrazo, querida Concha, y me alegro que hayas vuelto a publicar.

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  3. Qué conmovedor.. y me conmueve porque me toca de cerca. Leo como narrás esa charla en viaje y pienso de inmediato en las miles de chalas telefónica con mi padre justo cuando está en casa de mi hermano y junto a él mi pequeño sobrino. Gabriel sufrió convulsiones de pequeño y le afectaron una parte del cerebro. Es un pequeño de seis alegre y sociable que se lleva por delante la vida con esa inocencia que le quedó como secuela. Al teléfono, a miles de kms de distancia, le oigo hacer cientos de preguntas como las que acá describís.. Leo tu estupenda narración con el interés que siempre me despiertan tus escritos, esta vez le agrego esa cuota de conmoción personal que me hace doler el corazón de sólo recordar a esa personita que tanto abrazos me dio cuando estaba con él..

    En fin, un gusto leerte.
    Saludos.

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  4. Luisa López21/8/11

    Encantador, conmovedor y divertido relato. Lo de Sabina es tan típico.
    Saludos

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  5. Amelia21/8/11

    De esos momentos que quedan para siempre en el recuerdo, pequeños tesoros del alma. Lo narra con tanta ternura que se encanta.

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  6. Floren un grande en todo sentido, pregunta a lo principito y seguro llegará a reinar en este mundo con su forma de entenderlo.
    Me recomendaron esta entrada y no se equivocaron, me la guardo en el corazón - los hombres tenemos aunque las mujeres gusten de decir lo contrario.
    Buen domingo. Encantado de pasar por acá-

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  7. Me lleva la inocencia entonces, porq' yo me pregunto las mismas cosas cuando oigo a sabina o a arjona. Así son los hombres dados al arte y el espectaculo.
    Me gustó mucho su anecdota, desde que los leo cambio mi forma de vivir el momento, todo se me hace inolvidable o bien recordable.

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  8. Analía Juarez21/8/11

    Disfruté mucho de este relato. Simple, aleccionador, tierno. Muy bueno el blog y quedo prendada de sus narraciones en especial, mis respetos y saludos.

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  9. A lo que nos puede llevar el comentario cotidiano. Su relato es muy enternecedor y deja una sensación de haber compartido el buen rato.

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  10. Llevo días leyendo tu entrada una y otra vez, querida Concha. No sabría decirte cuál de las razones que me impulsan a ello pesan más en mi ánimo, si la poesía cruda y transgresora de Sabina, quien para mí junto con Cohen o Bukowski me llenan los momentos más significativos de mi vida y marcan una filosofía en ella.
    Tal vez sea que tu manera de expresar ese diálogo es tan natural que da la sensación de que uno va en ese coche, disfrutando la canción, admirando el paisaje, "sufriendo" el humo del tabaco; o tal vez sea porque yo tengo una hermana con una discapacidad cognitiva que ha ido superando a lo largo de su vida pero que ya, a sus 60 años, ha llegado a su máximo nivel de madurez y ésta no supera la de una adolescente de trece o catorce años, y aún así, a los de antes, no a los actuales.
    El caso es que no puedo leerlo sin que algo especial pase por mi corazón.
    Pero hoy no he querido dejar pasar el día sin darte las gracias por este relato.
    Decir que es magistral es tanto como definirte, así que no caeré en una redundancia.
    Sólo recibe un abrazo.

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  11. No me cabe dudas que este es un relato admirable. La simpleza con la que se vive y se siente se transmiten en cada palabra maravillosamente.

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