6 de junio de 2015

Cien años de León Tolstoi

CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT -.

Joseph Brodsky, Nobel de Literatura, en un precioso artículo sobre Nadezhda Mandelstam, del New York Times Book Review de marzo 1981, explica la gran prosa rusa surgida en la segunda mitad del s. XIX como resultado de la fortaleza de la poesía rusa de la mitad anterior.  Cita a Ana Ajmátova que decía que "la mayoría de los personajes de Dostoievsky eran avejentados héroes de Pushkin: Onegin y los otros".

Interesante, y cierto tal vez. Me pregunto si lo que supuestamente Ajmátova aplica a Dostoievsky recae también sobre Lev Nikolaievich Tolstoi. Creo que no. Tolstoi se ufanaba ante Gorky que con La Guerra y la Paz había escrito otra Ilíada.  Este rutilante y contradictorio titán, por si no fuera poca su grandeza literaria, rubricó una escuela de pensamiento de cuyos principios sobre sí mismo dudó Maxim Gorky (que lo amaba) en sus Reminiscencias de Tolstoi.

Ya había yo leído a mis 17 años todo lo que existía suyo traducido al español, con Los cosacos como inicio y Resurrección su epílogo. Autor imposible de repetirse, hábil en el macrocosmos histórico y sutil y emotivo en las relaciones humanas. Un ejemplo, y recurriendo de nuevo a Brodsky, que "La realidad per se no vale nada. Es la percepción que le da significancia". Y Tolstoi fue el gran perceptivo de la literatura, el mayor.

Puse una orden en la biblioteca del condado para recibir el devedé The Last Station, sobre los últimos días de Tolstoi. Esperé un par de meses, 198 personas lo requerían antes que yo. El fenómeno Tolstoi, o su rejuvenecimiento, es bastante nuevo, vino con un respaldo que el autor desdeñaría: Oprah Winfrey, quien con su multitudinaria audiencia empujó la novel traducción de "Ana Karenina" por Richard Pevear y Larissa Volokhonsky a la estratósfera. La muchedumbre recién descubrió a Tolstoi y se hizo chic nombrarlo. Desde entonces, y hablando de traducciones del ruso al inglés, la pareja de traductores continuó con un arrollador éxito la azarosa trama de los eslavos:  Dostoievsky, Gogol, Chejov, Bulgakov. Esta semana aparecerá, por ellos, Zhivago, de Boris Pasternak, que reeditará el éxito que tuvieron Omar Sharif y el filme, de una novela que Ehrenburg, adorador del Pasternak poeta, sugirió que en ella el escritor no sabía de lo que escribía.

Tolstoi escritor se vio algo opacado por Tolstoi profeta. Quizá en La muerte de Iván Ilich conjunciona ambos aspectos, siendo, en términos filosóficos tal vez su obra más lograda, y en cierto modo premonitoria. El filme en cuestión, que se centra en el postrer ídolo y su posible cuasi mitificación, sólo se asoma al literato en lo relacionado a los menesteres económicos, gigantescos, que dejaba su obra. La lucha entre los deberes familiares, la herencia de sus derechos de autor para sus hijos, por un lado, y una herencia "abierta" al mundo que querían lograr sus sicofantes, llena el cinematógrafo, dándole una especie de cotidianeidad absurda a sus últimos instantes. El tema fue mejor tratado en el filme soviético de Sergei Gerasimov Lev Tolstoy, que en tres horas guarda mayor fidelidad. Y no es cuestión de respeto a la muerte, o a la grandeza de un hombre que para Rusia encarnaba un largo historial de santones, rebeldes y mártires, sino el tono hollywoodense, de gratuita jocosidad, que se inmiscuye por momentos en La última estación. Gerasimov, además, en 1984, y actuando él mismo como Lev Nicolaievich, consideraba superflua una historia de amor. Hollywood hizo en el pasado eso con Ana Karenina, cuando en verdad el libro desgarra la personalidad de Ana y de su esposo y obliga a tomar partido en un asunto tan humano como molestoso.
En Isaiah Berlin, en su inolvidable The Hedgehog and the Fox (El erizo y la zorra, en español, prologado por Mario Vargas Llosa), una aproximación al pensamiento de Tolstoi, se sugiere que los hombres son o erizos o zorras, por su tipo de personalidad artística e intelectual (a raíz de una frase de Arquíloco de que la zorra sabe muchas cosas y el erizo sólo una, aunque muy bien). Erizos serían Dostoievski, Pascal, Dante, Platón, Lucrecio, Nietszche, Ibsen, Hegel, Proust, mientras que Aristóteles, Montaigne, Heródoto, Erasmo, Molière, Balzac, Goethe, Pushkin, Joyce, zorras. Según un antiguo blog de 2002: "El problema de Berlin comienza con Tolstoi. Este ruso era, por naturaleza, zorra, por convicción, erizo", retomando la profundidad tanto como extensión de lo que abrigaba en sí y lo hizo singular. El Tolstoi que en literatura afirmaba que Leskov era un escritor amanerado, y luego lo ensalzaba a la vez que criticaba a Dostoievsky; que decía que Dickens no era muy listo pero que sabía construir sus novelas como nadie, por cierto mejor que Balzac; que los franceses tenían tres escritores: Stendhal, Balzac, Flaubert, y quizá Maupassant (prefería a Chejov). Hugo era un "hombre ruidoso" y le disgustaba; que las voces de los personajes de Gorky eran todas las de su autor. Lo cuenta él mismo, Peshkov-Gorky, en sus recuerdos que culminan así: "Y yo, que no creo en Dios, por alguna razón lo miré con mucha cautela y algo de timidez. Lo miré y pensé: 'Este hombre es como Dios'".
Aurora, noviembre 2010

Publicado en Ideas (Página Siete/La Paz), 28/11/2010
Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), 28/11/2010
Publicado en Semanario Uno (Santa Cruz de la Sierra), 3/12/2010

Imagen 1: Tolstoi, por Karl Bulla
Imagen 2: Tolstoi, por Ilya Repin

6 comentarios:

  1. Anna Karenina, la novela que León Tolstoi escribió en el siglo XIX, es un clásico de la literatura universal por su crítica a la aristocracia de la época y mi favorita. Buena nota, saludos.

    ResponderEliminar
  2. Tolstói demuestra su poder en el mundo de la escritura y consigue un puesto alto en los clásicos de la literatura con "Guerra y Paz". Espero algún día poder leerlo completo.

    ResponderEliminar
  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  4. Tolstoi era uno de los autores favoritos de mi profesor de literatura. Sin embargo, hasta que no he leído "La elegancia del erizo", no me he interesado por él y por su obra.
    Me ha encantado, especialmente Ana Karenina y la muerte de Ivan...
    Su manera de radiografiar la sociedad de entonces, junto con su magistral dominio de la palabra, le convierten en un autor que todo el mundo debe leer. No solo es literatura de la buena. También es historia

    ResponderEliminar
  5. La eminencia de Tolstoi como un artista literario nunca fue seriamente cuestionado por críticos; él ha sido universalmente aceptado como uno de los mejores escritores de ficción en el mundo. Pero nunca ha habido unanimidad en su reputación como gran pensador. El dualismo del desarrollo de la moral y el intelecto de Tolstoi, ha sido más entendido en nuestros días por estudiantes modernos que siguen sus pasos.

    Interesante artículo.

    ResponderEliminar
  6. La arbitrariedad apreciativa campea en todos los niveles. Recuerdo haber leído artículos sobre Nabokov (de Kundera y José Donoso, respectivamente) donde se resaltaba su desprecio hacia la obra de Dostoievski y a todo lo que se escribió en la era soviética. Reitero palabras del propio Nabokov: "La literatura rusa es muy joven y sólo comienza a partir de Pushkin en los primeros años del siglo diecinueve".

    Donoso, en su artículo sobre Nabokov "Entomólogo literario" afirma: "Lo irritante en Nabokov es que parece dar como cosa establecida que Dostoievski es un novelista de baja categoría, y se burla de él en forma despiadada (también se burla de Gorki, lo que ya es más comprensible; y en Turgueniev rechaza el elemento de crítica social).

    Transcribo esto porque tengo el libro en cuestión a mano.

    Notable reflexión literaria, amigo Claudio. De Tolstoi he leído abundantes relatos, La muerte de Iván Ilich (que me parece una genialidad mayor) y el descuere reiterado que le hace Paul Johnson (pero ya sabemos como es ese cizañero borrachín conservador)

    Luego regreso. Estos temas dan para largo.

    Un abrazo

    ResponderEliminar

*