6 de noviembre de 2012

¿Nos vemos en el Edén?

LILYMETH MENA -.

Siempre pensé que el amor y la fe son parte indispensable de un ser humano, tanto para su identificación como individuo como para agruparlo dentro de la sociedad. Y que sin embargo los mismos factores a veces lo apartaban de sus semejantes, al no coincidir estos con los conceptos o ideas de los demás. No porque lo que ejecuten los otros sea lo correcto, sino lo común y corriente y que por ello nos resulta más sencillo entender y aceptar. 

Lo nuevo, lo que va fuera de los parámetros que calificamos como “normales”, siempre asusta o causa incomodidad; nos la vivimos alabando y deseando la libertad para uno mismo y el resto de nosotros, pero en cuanto divisamos un espíritu puro y libre le coartamos como podemos, lo etiquetamos de paria para separarlo de la canasta de manzanas. Y le damos la espalda.

No se puede soportar a un espíritu libre cuando nunca has sido uno. 

De niña escuchaba a las malditas monjas decirnos que el hombre está hecho a imagen y semejanza de dios. Yo a esa tierna edad me imaginaba que eso acercaba al hombre a la piedad y perfección infinitas. Qué equivocada estaba ¡pobre de mí!

Porque también nos enseñaban que nadie es perfecto, que somos humanos y cometemos errores, errores que son los mismos que nos separan de la divinidad, errores que se tienen que pagar con arrepentimiento y expiación. De lo contrario somos malos.

Y al que es malo nadie le quiere. Ahí es donde uno empieza a sospechar que esa monserga de “a imagen y semejanza” es pura pendejada para hacernos creer todo lo demás.

El que es malvado no merece perdón de dios.

Dios que esta lleno de misericordia y perdona todos los pecados.

Todas esas contradicciones me hacían imposible acomodar las ideas que los demás intentaban inculcarme a fuerza de rezar toda la mañana en el colegio. A fuerza de golpes con el bastón de bejuco que la desdichada monja guardaba celosamente tras su casillero. 

¿Cómo creer que dios existe cuando parecía un ente tan incongruente y mimado?

Para mí todo eso no era más que un capricho de la sociedad para mantenernos con la cabeza gacha, reprimidos, infelices y sin saber por qué. Una excusa para contenernos. Para manipular nuestras voluntades e incluso nuestra sexualidad.

Y sin embargo entiendo la necesidad de no sentirse solo en el vasto universo, de imaginar que existe perdón después de la muerte y que somos protegidos por un manto blanco enorme. 

Que existe alguien que siempre se encuentra pendiente de nosotros y de darnos consuelo en los momentos de dificultad.

Siempre he dado por hecho que al creer en ese dios, su dios, mi vida habría sido más sencilla, se me hubiese colocado en el montón para ser una más, una acogida por los creyentes y su iglesia. Pasaría inadvertida y todo estaría en calma.

Pero sería una calma tan falsa como que todos los curas respetan su voto de celibato, y que el cuerpo de Cristo descansa sobre una ostia que se te pega a la lengua. O el ejercicio de los mandamientos que absolutamente ningún ser humano lleva fielmente a cabo.

Por qué todos mentimos y pecamos.

Y somos sucios irrespetuosos y lujuriosos.

Todos indignos de llegar al cielo.

¡Ah, que no! Que está el asunto ese del arrepentimiento y la salvación del pellejo, un pellejo que del otro lado no sirve para maldita cosa pero que tenemos por muy preciado mientras nos cubra el cuerpo. No se si solo yo lo veo así, pero las personas cuanto más mayores son suelen someterse a más horas de misa, plegarias y contriciones, aunque en su juventud no hayan sido nada devotos; seguramente porque sienten que ya se los va a llevar “patas de hule” y no quieren irse al infierno.

De lo que exista o no en el más allá (si acaso lo hubiera), nadie puede decir a ciencia cierta nada. Me imagino que muchos no tendremos tiempo de apegarnos al arrepentimiento antes de la muerte, porque estemos seniles, delirantes de enfermedad o porque nos importa un cacahuate.

El cielo entonces, que es para los puros y piadosos (que son bien pocos, seamos honestos), ha de ser un lugar muy poco concurrido y aburrido.

Imagen: Garden of Eden (Bassano Jacopo)

8 comentarios:

  1. Sólo de pensar en "patas de hule" ya me dio cosa.

    Mi materialismo dialéctico, no exento de cierta dosis de agnosticismo renuente, y microreligiones que me invento cada jornada, no me impiden jugar con la idea de cabalgar en el infierno y beber con Céline y don Sata. El cielo es aburrido hasta en el arte. A mí me gusta la joda.

    Y a los religiosos, pues hay que hacerles el quite a como de lugar, porque son reodiosos.

    Un abrazo fuerte Lilymeth. Me alegro mucho de que hayas vuelto a publicar. Se te extrañaba.

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  2. Raúl de la Puente7/11/12

    Suelo comentar que a los chicos debiéramos ahorrarle esa futura decepción, que no debe instruírseles religiosamente, que cuando sean adultos decidirán por sí mismos.

    Buen texto

    Saludos

    Raúl

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  3. Y la fe os hará libres. Dentro de todo el repertorio religioso de predica y oración, ese era el dicho que más me fastidiaba pues nada más coercitivo que la religión. Yo me fui hace tiempo y desde ese punto lejano miro con asombro y a veces respeto a los que se quedaron dentro de la jaula. Desde acá también leo con admiración a los que como vos le hacen frente con sus palabras, los que la desnudan en toda su soberbia y tonteras.
    Muy bueno, un abrazo enorme!

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  4. Fanáticamente en contra de todo lo que huela a religión católica o protestante. El resto las estoy conociendo y parece que las rechazaré de la misma forma, salvo el budismo.

    Honesto y con fuerza

    Saludos

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  5. Anticlericalismo bien explicado.

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  6. Patas de hule jajaja a mi tambien me da miedo, pero no podemos escaparnos de el o de ella. Por mucho que creamos o nos santiguemos, el final no es otro. Para la muerte todos osmos iguales. Saludos a todos y gracias por leer y comentar. Es un agazajo leerles. Un placer.

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  7. Todos vivimos en el infierno y ahí nos quedamos porque la muerte nos deja acá, bien bajo tierra.

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  8. Del polvo venimos y a él volveremos. Nos vemos todos en el infierno!

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