1 de noviembre de 2012

Notas sobre Cervantes

CLAUDIO FERRUFINO-COQUEUGNIOT -.

Dice Borges en el prólogo a los prólogos de su biblioteca personal que un libro es una cosa entre las cosas hasta que encuentra su lector, aquel que comprende sus símbolos. "Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica". Así, pasados los treinta años, reconocí en el Cervantes que no entendió mi juventud esos símbolos, en la lectura intensa de Don Quijote con sus malabares de maestro que diciendo algo lo desdice, que al burlarse, eterniza.

Cuando, y prosiguiendo con Borges, el alcalaíno se burla de

La Mancha, aquel lugar del que no quiere acordarse, lo hace

eterno. La región, a partir de Cervantes, se convierte en lugar emotivo; en visita a España todos anhelan caminar por su llano que en realidad no ofrece más que la monacal tristeza del yermo, sin atisbo de lujuria. Pero ante esa inmensidad adusta caemos en el aún ferviente juego literario del autor, en esa división a la vez que simbiosis de realidad y sueño, donde de la nada pueden surgir gigantes y el hombre común convertirse en caballero.

Mucho se ha escrito sobre don Miguel de Cervantes Saavedra y sus biógrafos han detallado, hasta donde alcanza la posibilidad, su vida. No vale la pena repetirlo. La única forma de hablar con novedad sobre él es con la experiencia personal, en las diversas maneras en que Cervantes puede haber tocado e influido a sus semejantes, no sólo en el aspecto literario, en el de la novelística como arte, sino en la misma existencia. Aquel Alonso Quijano, hecho don Quijote, parodia inicial de la caballería andante terminó siendo, en sutil movida del escritor -o tal vez a despecho suyo- un ejemplificador caso de nobleza, el último caballero andante que desfaciendo entuertos e imaginando castillos y princesas recreó la fantasía de Tirant lo Blanc y Palmerín de Inglaterra, preservándolos para la posteridad. Muchos serán los condottieri, Ernesto Guevara entre ellos, que bajo su sombra y con adarga al brazo se lanzan contra las aspas de enemigos demasiado poderosos pero mínimos ante el valor y el encanto de quien los enfrenta.

La contraposición cervantina entre el práctico Sancho y el ilusionado Quijote tiene sus vaivenes; será Sancho quien finalmente y ante un avejentado Quijano abogue por la ilusión, él que era el más terreno de sus paisanos, flor y nata de la sabiduría popular ha caído bajo el hechizo insensato de su maestro.

Está de moda ahora la idea de que Cervantes fuese de familia conversa. Hay discrepancias al respecto ¡cómo si importara! La rica herencia judía, así como la árabe en la cultura española hace mucho que han sido reconocidas, y el hecho de un Cervantes judaico no haría más que afirmarla. Por supuesto que hay sectores en España que maldicen la idea. Son, como sucede con Cristóbal Colón, manipulaciones políticas. Se ha tratado de hallar un émulo ibérico del gran almirante y se ha colocado en el estrado a los hermanos Pinzón, duchos marinos cuya valía de seguro se desmerece; pero Colón es Colón y lo seguirá siendo, tanto como Cervantes es Cervantes, la mayor representación de la lengua española, fuese judío o no, porque, además y como lo afirma Juan Goytisolo, el universo cervantino también tiene mucho de árabe.

Su universalidad y su herencia se pueden trazar en cada idioma. Baste recordar a Gogol y pensar, creo que sin error, que el divertimento de su novela "Las almas muertas", injustamente mutilada por su autor, carga sangre cervantina. Lo mismo su teatro: su obra maestra, "El inspector general", parodia de la sociedad rusa ochocentista, comparte la risa como elemento literario con el Quijote que, a su vez, se alimenta de la sátira, del uso de los dobles sentidos, la utilización del lenguaje vulgar -del pueblo ejemplificado en Sancho Panza- de François Rabelais cuya influencia en la literatura mundial como dice Bajtin probablemente iguala en intensidad la de Cervantes.

Hablando de amplitud y de extensión en Cervantes, el novelista español Antonio Muñoz Molina en entrevista para la prensa francesa afirma que no sólo influye Cervantes en la literatura francesa pero también en la pintura y la ilustración, en Daumier y en Doré, asimismo en la música de Massenet. Según él, Flaubert es el literato francés más influenciado por Cervantes aunque la "obsession chevaleresque" de Stendhal evidencia al gran español. Hugo -ya fuera de la opinión de Muñoz Molina- reconoce en Cervantes, en su teoría de las formas literarias, esa conjunción del género "noble", la tragedia, y del "vil", la comedia, presente en los grandes escritores: Dante, Shakespeare, Cervantes, Rabelais y Ariosto. La seducción francesa por el Quijote es como anota un interesante artículo sobre el tema: una "fascination ancestrale".

Lo dijimos, que bastante se ha escrito sobre este autor y cualquiera opina al respecto, mas, hablando con franqueza, pocos lo han leído; sucede que se aprenden y se transmiten lugares comunes sobre don Quijote por ya cuatrocientos años, siendo Cervantes y esta obra en particular un mundo tan rico que no se puede minimizar en caracterizaciones generales.

Quién no sabe de Sancho Panza, labriego inculto y mugroso, sentencioso y bonachón; de su maestro obsesionado con las armas caballerescas. Lo que no se conoce y difícil comentarlo sin leerlo es el fantástico entorno literario de la novela, su contemporaneidad, la osadía como también eficacia cervantinas de decir lo que se quiere de manera alusiva, la extraña sutileza que toma a los censores por sorpresa y les impide reaccionar. Lo moderno de su argumento, entremezclar al narrador en la historia. Recuerda Borges que cuando el cura y el barbero revisan los libros que leía el caballero encuentran uno del mismo Cervantes: el autor soñado por su personaje y viceversa...

Leo un sólido concepto sobre su literatura: "Escritor clásico por antonomasia, trasciende gustos y modas, sin padecer, como Góngora, Quevedo o Calderón, la condena del barroco".

Otras obras de Cervantes no tuvieron la fama de "El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha". "La Galatea" sucumbió ante notables escritos pastoriles de la época. Sin embargo las "Novelas ejemplares" son narraciones deliciosas que intentan moralejas adecuadas para entonces. "El Licenciado Vidriera", por ejemplo, juega con la percepción de la "verdad" que tiene el pueblo. Mientras está loco lo escuchan, pero cuando un fraile de San Jerónimo lo transforma en erudito, y lo echa a la calle para pregonar exactamente el mismo discurso, ya no. Una sencilla historia que se presta a variada interpretación. Cervantes, que quiso en el Quijote subrayar la necesidad de la realidad sobre el sueño y terminó ensalzando la ilusión, muestra en su texto "La fuerza de la sangre" un indefectible optimismo que lo contrapone a otra escritora algo posterior a él y recientemente importante, María de Zayas. Cómo olvidar los avatares cándidos y jocosos de "Rinconete y Cortadillo"...

Comienzo con Borges y termino con él, en la presencia constante de Cervantes, porque si para el argentino conocerlo fue una de las mayores alegrías de su vida (literaria) lo fue también para mí. Lo llama "mi entrañable señor Cervantes" y entrañable es.

4/5/05

Publicado en Fondo Negro (La Prensa/La Paz), años 2005 y 2009
Publicado en Lecturas (Los Tiempos/Cochabamba), 22/mayo/2005
Incluido en el examen propedeútico de la Universidad Estatal de Londrina (Brasil) en el área de español

Imagen: Miguel de Cervantes en un grabado de F. MacKenzie, 1835

4 comentarios:

  1. Cervantes es un filósofo humorista, a ratos se vuelve melancólico, a ratos parece tener una bolita de cristal que ve la historia hacia atrás y hacia adelante.

    Me fascina Cervantes y Borges.

    Muy bueno su artículo.

    ResponderEliminar
  2. Leerlo en voz alta, recitarlo, inundar el silencio de español cervantino, creo que es una experiencia distinta, superior.

    Como dices, estimado Claudio, las lecturas son variadas, las interpretaciones a veces hasta antagónicas, prácticamente no existe intelectual para quien la obra cervantina le sea indiferente, y antes que perderse en ese tumulto de visiones, hay que remitirse a la experiencia personal, directa, esa que comenzó seguramente a una edad temprana, cuando empezamos a soñar el mismo sueño de ese lector insomne que anhela un mundo heroico.

    Respecto a Gogol, recién empiezo esas Almas muertas, pero ya anduve por su Nariz, esa historia tan deschavetada como extrañamente creíble.

    Ya vuelvo amigo.

    Un abrazo

    ResponderEliminar
  3. Leí de pequeña El Coloquio de los Perros. Entonces no sabía casi nada de Cervantes. La historia me pareció enternecedora, y hoy creo que entendí la mayor parte, al menos así lo asumí a esa edad. Eran mis perros parlanchines.
    Siempre he querido ponerle a un perro Berganza o Cipión pero hasta ahora no he podido tener uno propio. Hace poco intenté leer esa obra y me compliqué mucho, parece que con los años nos vamos llenando de compleidades inútiles la mente. O es el tiempo que ya no nos deja concentrarnos.

    Saludos. Buen texto.

    ResponderEliminar
  4. Rolf Ohlendorf2/11/12

    La imagen que tengo del Quijote es la de Fernando Rey. Qué buena serie.
    Y efectivamente leer el Quijote es transportarse a otra época señor Ferrufino.
    Buen articulo

    R.O.

    ResponderEliminar

*