30 de diciembre de 2012

Our little Joni Mitchell


Por Pablo Cingolani
A Carolina, 
en la misma gracia.

1. Joni Mitchell es la cantante que más me ha conmovido, siempre.

2. A Joni Mitchell, escucharla cantar, me hace feliz. Me hace más feliz que escucharla cantar a Janis Joplin, a Mercedes Sosa, a Patti Smith, a Aretha Franklin, a Billie Holiday, a Liliana Herrero, a la Violeta, todas mujeres que me hacen sentir muy feliz cuando las oigo cantar, pero cuando la escucho cantar a Joni Mitchell me siento más feliz aún.

3. Ese plus de felicidad se explica, tal vez y por ejemplo, por Blue.

4. Creo que Blue es algo solamente comparable con Moby Dick de Melville, con El naufragio de la medusa de Delacroix, con Apocalipsis Now de Francis Ford Coppola, con el mejor de los poemas de Manuel Castilla.

5. Así como no puedo determinar cuál es el mejor poema de Manuel Castilla, tampoco puedo establecer cuál es la mejor canción de Joni Mitchell.

6. Tal vez, La última vez que vi a Ricardo, sea una de sus mejores canciones, pero yo no soy nadie para certificarlo. A lo sumo, puedo decir esto: si Neruda reviviera y la escuchase –libre, revivido de sus ataduras con el PC-Ch y su ego inabarcable-, tal vez, sintiese lo mismo que yo siento; tal vez sólo estoy transfiriendo el hallazgo, y aludo al insufrible de Pablo cuando yo, en realidad, quiero decir: cualquiera de todos nosotros.

7. Entonces, lo afirmo: cualquiera en este mundo cínico e insensible, puede probar si La última vez que vi a Ricardo no es una de las canciones más bellas (de amor) que se han escrito e interpretado en toda la historia de este mundo cínico y sin sentido; siempre la escucho como la versión folk y angustiada de El Cantar de los Cantares, siempre la escucho como la mejor poesía del siglo XX, la misma de Eliot, Bob Dylan y Jaime Sáenz –y de Manuel Castilla, pero sin tiempo, atemporal, como toda la mejor poesía de siempre. No es sólo poesía: es viento, nieve, promesa, regreso, alud, miel, abrazo, tesoro, un túnel y una tuna: algo más allá de toda duda, incertidumbre, final.

8. Después de Blue, vino Mingus.

9. Mingus es la superación dialéctica y sensible de Blue, y yo no lo puedo creer hasta ahora. No puedo convencerme que a un milagro lo suceda otro milagro, no puedo convencerme que a la gloria la suceda tanta gloria –¡y hasta Jaco Pastorius (Q.E.P.D.) tocaba el bajo! Pero ukamau, así es, my brother. Mingus es tan mágico como lo es Blue, y siempre es ella, ¡siempre es Joni Mitchell!.

10. En los campamentos de hippies viejos, veteranos de la vida, en los USA, en el medio del desierto de la geografía y de la existencia, aparece la hija de uno de ellos, y toca la guitarra, tiene el pelo largo, cargado de caracoles y de cascabeles, y canta como sólo las sirenas cantan, entonces ellos dicen esto, y con orgullo y sin fronteras: “Our little Joni Mitchell”.

11. ¿Acaso puede decirse algo más?

12. Nosotros, tal vez sí pudiéramos decir algo, si tuviéramos –si acaso los tuviéramos- los huevos que tuvo ella, que tuvo ella… que tuvo la Violeta.

13. ¿Acaso puede decirse algo más?

14. No

15. ¿Y si nos respetamos?

16. Our Little Violeta Parra, nuestra Violetita, duro pero real

17. Volver a los 17, ahora, ya, nomás.


Pablo Cingolani 
Río Abajo, 28 de octubre de 2012

2 comentarios:

  1. Despues de leerlo me pasé a youtube. Gracias por el dato!

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  2. Mi cultura musical no es suficientemente abarcadora, por lo que agradezco profundamente este escrito. Me gusta aprender a través de otros, de los que saben lo que yo no sé, de los que han visto lo que yo no he visto, intentar sentir lo que ellos han sentido, preguntarme por qué han sentido lo que han sentido.

    Joni Mitchell es espectacular. Ahora lo puedo decir con conocimiento de causa.

    Un abrazo fuerte mi querido amigo.

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