9 de abril de 2014

Sibilo Prode, el adivino de la calle Madariaga

EDUARDO MOLARO -.

/ Del Atlas Desmemoriado del Partido de Lanús
Si hubo alguna vez un timador exitoso, ése fue Sibilo Prode, el cerrajero de la calle Madariaga, e íntimo amigo del antropólogo Italo-chileno Giorgio Muzami.

Algunos pensarán que su espíritu estafador se verificaba en el oficio de copiar llaves y abrir cerraduras, pero eso fue apenas un trabajo medianamente honesto a modo de tapadera de su verdadero negocio, que era la adivinación con toda clase de adminículos. Tarot egipcio, la lectura de la borra del café y la simple y llana cara de boludo de su ocasional cliente le servían a Sibilo para dictar un vaticinio.

¨Su esposa lo engaña y morirá asesinada¨, le dijo una vez al comisario Talarga que – como todo policía – tenía la paranoia de ser cornudo.

Y la mitad del vaticinio se cumplió, porque Talarga entró a su casa y le metió tres balazos a su inocente esposa mientras ella colgaba las sábanas en la terraza.

Dicen que los tres disparos regaron las sábanas de un arte hematológico. Y además, mataron a la señora, claro está.

Pero las muchedumbres, acaso por morbo, se quedaron con aquello de que ¨su señora morirá asesinada¨ y Sibilo comenzó a cobrar notoriedad, comenzó a cobrar cierto renombre y comenzó a cobrar más caras sus consultas.

También Sibilo tenía morbosas interpretaciones. No era infrecuente que en la lectura de la borra del café interpretara las manchas con expresiones del tipo:

- ¨Jua! Qué buena está su cuñada! Con razón se la está comiendo, picarón! ¨

Recordada es la historia del Dr, Guampetti, eminente jurista y cornudo de la zona, que al entrar al oráculo de Sibilo Prode aclaró inmediatamente:

- ¨Mire, Sibilo! Yo ya sé que mi esposa me engaña y sé con quién. Con el poeta Edmundo Morales. Así que no me venga con estupideces y dígame algo novedoso y que realmente me sirva.

- Está bien, Doctor! Su mujer no lo engaña con nadie y le es infinitamente fiel. Ahora le vaticino que usted me va pagar 600 australes.

Dicen que el Dr. Guampetti se retiró de allí muy satisfecho, incluso – raro en él – dejando propina.

Todos conocemos el mito Casandra ( hija de Príamo, rey de Troya ), que había recibido de parte del Dios Apolo el don de adivinarlo todo, pero que al no cumplir con su parte del trato ( esto es, revolcarse con el Dios a cambio del don otorgado ) Apolo le escupió en la boca, condenándola de este modo a que sus predicciones sean perfectas, pero no creídas jamás por absolutamente nadie.

Contrario a este mito, Sibilo Prode tenía el don de que sus predicciones fueran totalmente ineficaces, pero creídas por multitudes.

Desde distintos lugares del conurbano venían a consultarlo y Sibilo no hacía asco a ninguna pregunta. La mayoría de ellas eran sobre cuestiones amorosas, sobre todo relacionadas a la infidelidad. En este punto, si el que consultaba era un habitante de Lanús, Sibilo tenía poderosas chances de acertar al decirle al cliente que era un cornudo, porque sabido es que en esta localidad la fidelidad conyugal es considerada una deformidad, una sobreactuación innecesaria. Pero con habitantes de otros distritos más prósperos, decentes e hipócritas como, por ejemplo, Banfield, la cosa se le podía llegar a complicar un poco más.

Sin embargo este ¨ Pitoniso ¨ tenía como mayor virtud la capacidad de convencer a las personas.

Esto lo llevó, incluso, a querer postularse como Concejal por el Partido Demócrata Progresista.

No obstante, aquello no prosperó, merced a los buenos oficios de Los muchachos de la Unidad Básica ¨ Te rompo la trompa, pero en nombre de Perón ¨, que lo visitaron una tarde y lo ayudaron a desistir de presentar candidatura.

Incluso, algunos aseguran que sus dones de la adivinación fueron los que le dictaron la idea de renunciar, cuando los muchachos le preguntaron:

- ¨A que no adivinás qué te vamos a hacer si te presentás en las elecciones…¨

Mientras duró, Sibilo disfrutó de su trabajo oracular. Jamás tuvo tantas mujeres dispuestas a tener trato carnal con él como en esos tiempos felices. Incluso su bonanza económica lo llevó a cerrar definitivamente la Cerrajería, para beneplácito de los vecinos a los que les realizó copias de llaves de manera tan defectuosa que llegaron a Bautizarlo como a un programa de concursos estudiantiles: ¨Felíz Domingo ¨ ( porque de cada 12 llaves sólo una abría la cerradura ).

Pero en Lanús, acaso la ciudad donde el destino triunfa con más holgura, ninguna estrella deja de declinar y Sibilo se fue apagando lentamente.

Acaso porque las personas ya sabían todo lo que necesitaban saber. El tiempo les fue instalando la certeza mucho más que un Patán con cartas de Tarot. El vaticinio de cada uno de ellos era ineludible: Ninguna de esas personas sería feliz nunca en la vida.

Tal vez porque aquello no sucede jamás. Y mucho menos en Lanús.

6 comentarios:

  1. "En este punto, si el que consultaba era un habitante de Lanús, Sibilo tenía poderosas chances de acertar al decirle al cliente que era un cornudo, porque sabido es que en esta localidad la fidelidad conyugal es considerada una deformidad, una sobreactuación innecesaria".
    Qué tremenda obra nos está entregando, amigo Edu. Con el tiempo, historia e imaginación se fusionarán en un dato arqueológico, dando lugar al estudio de ese extraño especimen de Lanús: cornudo, maniobrero, filósofo e impaciente.
    Un abrazo

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    1. Es que, usted sabe, estos garabatos son los retazos que han sobrevivido a la hoguera de quienes cuentan la historia oficial de la Ciudad de Lanús! Un abrazo.

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  2. La versión de los escasos momentos lúcidos de los sobrevivientes.

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  3. Me ha encantado Edu. Esa forma de deslizarse por la historia tan suavemente...es genial.

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    1. Muchas gracias, adorada Encarna. Su caricia - usted sabe - tiene doble valor.

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