25 de junio de 2015

Los plagios de Borges

GONZALO LEÓN -.

Entre no pocos escritores y críticos hay una sensación de que a Borges le hubiera gustado ser plagiado. Para esta afirmación suele usarse como argumento su cuento ‘Pierre Menard, autor del Quijote’. Pero lo cierto es que ese cuento no es la historia de un plagio sino un estudio y posterior reproducción de las condiciones que llevaron a un autor, como Cervantes, a escribir El Quijote. Como el mismo narrador aclara, entre las intenciones de Menard no estaba “copiarlo”, sino “producir una páginas que coincidieran palabra por palabra y línea por línea con las de Miguel de Cervantes”. El personaje Menard habla delQuijote como un libro contingente e innecesario: “Puedo premeditar su escritura, puedo escribirlo, sin incurrir en una tautología”. Y luego señala la característica de su empresa: “Componer el Quijote a principios del siglo diecisiete era una empresa razonable, necesaria, acaso fatal; a principios del veinte, es casi imposible”. Sin embargo, Menard consigue construir un Quijote fragmentario, marcando el espíritu del siglo pasado. Podría decirse que el ‘Pierre Menard’ es un cuento contra el plagio y a favor de la originalidad.

En las conversaciones entre Bioy Casares y Borges, consignadas en el Borges, de Bioy, se discute mucho sobre esto. Borges, gran admirador de Thomas de Quincey, comenta el plagio que le descubrió este último a Coleridge, de quien era admirador y quizá por eso descubrió tal plagio. Bioy le responde recordando el de Stendhal en Roma, Napolés y Florencia, de Giuseppe Carpani. Dice Bioy en alusión a Stendhal: “Si él no puede proporcionar alguna parte del materia útil y lo encuentra en un libro o en una revista, lo toma. ¿Por qué no reconoce la fuente?”. Borges y Bioy parecían estar muy atentos a los plagios, que eran cometidos por cualquier autoridad. De hecho Borges cuenta cómo al rector de la Universidad de Buenos Aires de la época Risieri Frondizi lo habían descubierto en al menos dos plagios: el primero fue una edición comentada del Discurso del método, de Descartes, de Étienne Gilson: “La única variante es que donde en el original dice ‘une révolte des gueux’, Risieri dice ‘una revuelta de Gueux’, porque imaginó que Gueux era un personaje histórico”.

Pero quizá de todos los plagios que detallan estos amigos, el más delirante es el del escritor salvadoreño Álvaro Menéndez Leal, que se hacía llamar Menen Desleal (o el que avisa no traiciona) y quien en 1963 le hizo llegar a Borges un libro llamado Cuentos breves y maravillosos junto con una carta disculpándose. A Borges le llama la atención porque le recuerda la antología que había hecho con Bioy, Cuentos breves y extraordinarios. Pero lo que le termina de atraer definitivamente es una carta firmada por Borges que estaba a modo de introducción, elogiando a cada uno de los cuentos de Desleal. En un momento considera la posibilidad de que su madre haya escrito la carta y que no le haya dicho nada, pero casi de inmediato la descarta. Según Bioy, en ese momento “Borges no sabe muy bien qué hacer”, cree que el autor es una persona más inteligente que él que le mandó la carta con el libro y las disculpas, finalmente concluye: “Para que la carta apócrifa pasara como parte de una broma, el autor no debería hacerla trabajar en provecho propio”.

Pero esto no terminó aquí. Tiempo después, Borges se entera de que Menen Desleal está en la cárcel, “pero tiene imitadores, es el jefe de una escuela llamada los recreacionistas, que tienen aterrados a los jurados de la muy literaria república de El Salvador”. Desleal había ganado un concurso y parecía que sus seguidores eran asiduos concursantes de premios literarios. En 1966 otro salvadoreño le regaló un libro titulado Recreacionismo recreado, en donde aparecían los mismos cuentos publicados por Menen Desleal. Borges al hojearlo le dijo al autor que tuviera cuidado, que él también podía acabar en la cárcel. “No”, respondió. “Lo explico todo en el prólogo”. Borges se explica la publicación de estos plagios por “la tentación de la facilidad”. En defensa de Menen Desleal y sus epígonos hay que decir que no era tal dicha facilidad, ya que, primero, no era fácil encontrar un texto que se pudiera plagiar infinitamente y, luego, su propuesta estaba centrada en el gesto.

Si Borges no aprobaba los plagios, sí estaba de acuerdo con las influencias, o cuando un autor no desarrollaba por completo una propuesta, y el siguiente lo hacía. Así advierte la influencia de Coleridge, el plagiador, en De Quincey. Y si tomamos la afirmación contenida en Jorge Luis Borges. Un ensayo autobiográfico que dice “si se me pidiera elegir el acontecimiento principal de mi vida, diría que fue la biblioteca de mi padre”, y reemplazamos acontecimiento por influencia, las palabras de De Quincey en Bosquejos de infancia y adolescencia reverberan: “Me permito añadir aquí unas palabras para describir la biblioteca de mi padre porque al hacerlo describiré también a todos los de su clase. Era muy extensa y abarcaba un abanico general de la literatura inglesa y escocesa de la generación precedente”. Para Borges, en todo caso, De Quincey siempre estuvo en la cima de los grandes escritores.


Publicado originalmente en revista Punto Final y en el blog del autor (11/06/15)

3 comentarios:

  1. El deshonor es que nadie intente plagiarte, que nadie hable de ti.

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  2. Borges parecía tener un carácter amable y juguetón, estoy del lado de los que cree que le habría gustado ser plagiado.

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  3. Se conoce al escritor, al hombre, leyéndolo, y estoy seguro de lo halagado que se habría sentido Borges.

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