22 de agosto de 2015

Español de Canarias.

ENCARNA MORÍN-.

Es curioso el español con sus múltiples variantes allende los mares. En Canarias, como en todos los lugares de habla hispana, tenemos palabras propias, adaptadas del castellano antiguo, otras procedentes de las múltiples culturas que han transitado por las islas, todas ellas con un acento peculiar, más similar al de los países americanos del sur que al del Estado español. No deja de ser un privilegio pensar, hablar y escribir en esta lengua, la segunda más hablada del mundo después del chino.

No es casual que en el mapa del tiempo del informativo diario, las islas aparezcan en un recuadro, del que desaparecen a los pocos minutos de emisión del programa. Nuestro clima y nuestra latitud son lejanos y distantes del país con el que compartimos gobierno y Constitución. Siete islas y seis islotes conforman nuestro marco geográfico. Estamos apenas a cien kilómetros del continente africano y sin embargo hemos sido, desde siempre, encrucijada de culturas.

Si viajamos a la isla de El Hierro, escucharemos un castellano extremadamente correcto. Esta isla es conocida por su reciente volcán submarino, en una espectaculares fotografías divulgadas por la NASA  y además porque era el punto de referencia del meridiano cero anterior a Greenwich. Era la última tierra conocida en Occidente hasta que se exploraron los territorios de América. Por eso el meridiano cero, como línea imaginaria de la tierra, pasaba justamente por  El Hierro, la más occidental de todas. 

Me ha dado por recordar algunas palabras del castellano, ya casi en desuso. Siempre me apoyo en mis recuerdos de niña y en la voz de mi abuela. Ella para justificar algo que ocurría, decía la palabra “velay”, que yo no he vuelto a escuchar jamás fuera de la isla de Lanzarote, pero que realmente existe en el diccionario con el sinónimo de la interjección “¡claro!”. Supongo que velay viene de “ved ahí”. Otra palabra muy habitual en la isla conejera es decir de alguien que es muy mañoso, que es “abelioso”, dicha palabra no está en el diccionario de la Rae pero creo que viene a decir que es habilidoso.

Cuando cae una suave lluvia que apenas llega a serlo, en algunos lugares de las islas decimos “mollizna” como derivación de llovizna. Algo torcido decimos que está “cambado”, lo cual debe venir de combado como palabra correcta del diccionario.

Cuando una persona se enfada de forma irreconciliable, decimos que se “amula”. Sin embargo, una variante lanzaroteña de alguien que se enoja sin mediar palabra, es decir que está “reinando”, como esperando que vengan  a hacerle la corte.

Todos los niños y niñas pequeñas en Lanzarote son “chinijos”, de hecho a los islotes de Canarias se les llama familiarmente “Archipiélago Chinijo”, no obstante, dicha palabra no existe en el diccionario español.

Recuerdo una tarde en la que mi abuela se quedó al cuidado de mi hijo pequeño. Para dejarme claro que el niño estuvo entretenido con sus juguetes, me dijo:

-Ahí estuvo jugando. Sacó todos los “achipenques” de la caja y los regó por el suelo, pero se lo pasó muy bien. Ahora el cuarto parece el barco de Bachicha -.  Esta última palabra consta en el diccionario para referirse a los inmigrantes italianos, generalmente de origen genovés,  en América y Canarias. El famoso barco del refranero debía estar muy desordenado.

Estar triste es tener magua, o encontrarse “amaguado”, sin embargo no escuchamos habitualmente esta palabra, como tantas otras que van cayendo en desuso.

De la etapa de colonización económica inglesa conservamos muchas palabras adaptadas: naife, queque, fotingo (de foot in go) que significa coche viejo o destartalado. Chony (de Jonny) era un turista cualquiera. Alguien que trapicheaba en los muelles era un cambuyonero (de can buy on).

Nuestro genuino mojo picón, en sus variantes rojo y de cilantro, debe venir de la palabra portuguesa “molho” que significa salsa.

De los antepasados aborígenes conservamos algunas palabras en el léxico canario, muy emparentadas con el bereber, un baifo es un cabrito, la tabaiba es una planta endémica en las islas, el gofio es una harina de cereales tostados, que también se consume en Uruguay llevada por los emigrantes canarios.

Cuando alguien fallece decimos que se fue para las Chacaritas, a menudo sin saber que este es el nombre del cementerio de Buenos Aires. Expresión aportada por los emigrantes retornados de Argentina.

Y me viene a la memoria la anécdota de mi amiga Nélida, que fue maestra en Argentina. Le resultaba muy cómico enseñar las perfectas conjugaciones de los verbos y al  mismo tiempo dirigirse a su alumno despistado con la exclamación   -¿Querés atender?

Ya sabemos que el lenguaje es un fenómeno social muy cambiante. Por eso el diccionario se actualiza con frecuencia, aunque se siguen conservando las palabras ya no usadas. Es fácil que nuestros alumnos comentan errores ortográficos, confundiendo la “c” con la “s” y, la “z” ya que en la pronunciación no establecemos diferencias.

Pese a lo que considero en mí un buen dominio del lenguaje, necesito contratar a un profesor con título reciente para que enseñe a mi hijo, estudiante de Secundaria, la sintaxis del castellano y hasta su morfología. Están los teóricos de la lengua que se ocupan de definir lo que es correcto y cuál es la denominación que lo define. Cuantas definiciones y términos aprendí de estudiante, se encuentran actualmente obsoletas. Si pasara un examen de Lengua Castellana, según el curriculum actual, no estoy segura de que lo superaría con éxito. No es suficiente saber escribir y hablar correctamente, comprender un texto e incluso elaborarlo. El sistema educativo exige una cantidad de definiciones abstractas, a menudo incomprensibles para cualquier persona medianamente culta, para superar con éxito la asignatura… cosas de la teoría, a veces tan poco práctica.

Una frase tan popular como populachera, cargada incluso de un tono humorístico, muy propia de las islas es: “Si te quieres dir dite, que yo no te juleo, pero para dir y venir, más vale no dir”. No  es solo que te vayas si quieres, que yo no te echo, sino además que no te vayas si piensas volver. 

Fotografía: Kristhóval Tacoronte




6 comentarios:

  1. Anónimo22/8/15

    Esto es necesario, es como un manual de aclaración de dudas. Se suele oir algunas de estas expresiones sin entender del todo. De todos modos veo palabras que se decían en casa de mis abuelos - que eran de Castilla - y que los nietos empleábamos cotidianamente.
    Lo de los verbos de Nélida me resulta familiar. Y quizá el mojo y el chimichurri sean parientes. Me ha gustado esto que escribiste porque además de aclarar se mete en los recuerdos y te deja un pizco "amaguado", y me gusta eso de "reinando" a un "amulado", de verdad "reina".Chabela.

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    1. ¡Como no vas a conocer la anécdota de Nélida amiga Chabela! ¿Recuerdas cuando nos armamos un lío comunicativo con la palabra poyo (encimera de la cocina) que tú confundiste con pollo?. Yo te decía que no me podía mudar a la casa porque faltaba el poyo y tú no entendías nada.

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    2. Me recordó a nuestra Polla Chilena de Beneficencia, que tanto jolgorio causaba a los españoles que llegaban por estos lados.

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  2. Qué sabroso y aportador escrito, querida Encarna. Costumbres isleñas y particularidades de la lengua que sería imposible conocer de otro modo. Un fuerte abrazo.

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  3. Anónimo24/8/15

    Los curriculum escolares siempre tan alejados de la realidad. Muy cierto.

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  4. Ay...qué bonito !! la lengua no sólo se forma con palabras, usos, conjugaciones.
    El afecto, las cadencias, la geografía...NO deberían ser excluidos de la escuela.
    Precioso escrito, Encarna !!

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