22 de mayo de 2016

En la huella de Kafka

GONZALO LEÓN -.

Bruno Schulz escribió la primera reseña de Ferdydurke, la primera novela de Witold Gombrowicz. Unos años después Gombrowicz viajó a la Argentina y se quedó viviendo aquí veinticuatro años. Su amigo, en cambio, se quedó en Polonia y fue asesinado por un oficial de la Gestapo en 1942. La vida y la obra de Bruno Schulz implican muerte y destrucción de un mundo. Como señala el prólogo de Las tiendas de color canela, publicado por la nueva editorial Dobra Robota, dedicada a traducir al castellano rioplatense obras escritas en polaco, en esos años “los niveles del absurdo habían sobrepasado cualquier límite”.

Abordar Las tiendas… implica remitirse a obras que revolucionaron la literatura a principios del siglo XX, especialmente a Franz Kafka, ya que hay una innegable influencia. La metamorfosis y varios de los relatos vinculados a animales son los que habría que examinar para determinar esta influencia. Los animales humanizados o los humanos animalizados constituyen un guiño a cierto antisemitismo que predominó a partir de 1860 y que en Ernst Haeckel encontró a uno de sus mayores exponentes: “Las razas inferiores están psicológicamente más cerca de los mamíferos (monos y perros) que de los europeos civilizados”. En Schulz esta animalidad se trata de otro modo: un hijo duda si su padre se convirtió en cucaracha o en un cóndor embalsamado, y en otro cuento él mismo cree que su padre es un gato. Esa inestabilidad del mundo familiar es la inestabilidad del mundo de Bruno Schulz, la de esa Europa.

Pero hay más puntos de encuentro con el autor checo. Kafka murió en Austria en 1924, Schulz sirvió a un oficial austriaco quince años más tarde. Kafka escribió sobre el padre, y en este libro el personaje que sostiene buena parte de los cuentos es el padre que se asocia con la palabra demiurgo, que es un pequeño Dios en una casa que se está derrumbando. La presencia de las sagradas escrituras es evidente en ambos.

Por otro lado, Kafka, como plantearon Deleuze y Guattari, eligió escribir en un alemán empobrecido, por ser el idioma del comercio y la burocracia; Schulz en el cuento ‘La calle de los cocodrilos’ se refiere al comercio en un barrio nuevo dentro de una ciudad vieja: “…se desarrollaron formas de comercialización modernas y bien aplicadas. El pseudoamericanismo inoculado en el suelo viejo y pútrido de la ciudad explotó allí con una vegetación exuberante pero vacía e incolora, de una vulgaridad pretenciosa”. Esta falta de armonía recuerdan las palabras del autor checo: “Casi ninguna de las palabras que escribo armoniza con la otra, oigo restregarse entre sí las consonantes con un ruido de hojalata, y las vocales unen a ellas su canto como negros de barraca de feria”. Lo que para uno son palabras para el otro es arquitectura, pero ambos hablan de lenguaje.

La arquitectura le da a Schulz la posibilidad de dialogar con otros autores. En ‘La calle de los cocodrilos’ se lee: “La fatalidad de ese barrio es que nada llega a realizarse, nada llega a ser definitivo”. Es Gombrowicz y su culto a lo inferior, a lo no desarrollado, pero tres años antes. Tal vez, como escribió Borges en ‘Kafka y sus precursores’, Gombrowicz eligió a Bruno Schulz como uno de sus precursores.

“La realidad es tan delgada como el papel”, sentencia Schulz, y sus textos precisamente atraviesan la realidad y se meten por recovecos y mundos impensados: en el cuento que le da el título al libro un niño regresa a su casa para buscar la billetera del padre pero en el trayecto se extravía y se sube a un carruaje, atraviesa un bosque y se pierde en las montañas. El argumento es un pretexto para escribir.

No era infrecuente que en Polonia los escritores eligieran el idioma de sus obras: Joseph Conrad eligió el inglés, a pesar de que sabía polaco y francés. Schulz sabía alemán y polaco. A Conrad algunos lo consideran autor inglés, a Gombrowicz otros lo catalogan como argentino y Schulz es uno de los pocos escritores polacos que nacieron en lo que hoy es Ucrania.


Publicado originalmente en suplemento Cultura de diario Perfil y en el blog del autor (22/05/2016)

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