4 de enero de 2017

Esfinge, viva

PABLO CINGOLANI -.

Eso –indescifrable- que es un gato. Eso, que te conmueve. Eso que, además, te hace sentir. Te mantiene vivo.
Eso –inmemorial- que es cualquier gato. Mi gato: todos los tigres, todas las cifras marcadas, todas las memorias conjugadas, todos los nombres de Dios, y de todos los dioses, las huellas de la flora y la fauna, la geografía, la historia, la muerte, las vidas, develadas.
Cacerías, tempestades, cataclismos, virtudes, helechos, curiosidades, desgracias.
Lluvias, dragones, drones, perros, hormigas, odaliscas, sultanes, abismos, desiertos, istmos, fragatas.
Marineros, prisioneros, zares, mares, imanes, kanes, capitanes.
Hielos, hiedras, fuegos, nieves, selvas, sedes, deseos, peñascos, montañas.
Pecados, piedras, verdades, silencios (y la Violeta Parra, felina alma)
Todo se sintetiza en una actitud, su mirar, caminar, ese olor, su fina estampa.
Yo le he visto husmear, acechar, adivinar, cazar, matar, casi morir, asesinar, sobrevivir, pelear, defenderse, defender, resistir, vencer, perder, sangrar, comer, herirse, curarse, lamerse, dormir, despertar, estirarse, acurrucarse, ronronear, volver a comer, volver a luchar, volver a lamerse, volver a ronronear, volver a matar, con tanta gracia, tanto ardor, tanta virtud, serenidad, certeza, convicción, ritual, paz.
Tanta belleza, tanta poesía, tanta elegancia, tanta voluntad, atesoran los gatos-mi gato, que empiezo a querer creerle a Aristóteles cuando aseguró que en el hábito, uno cede, se sosiega, se demora, descansa: cocina la armonía, acuna, anida, ampara, promueve y protege a la felicidad.


Imagen: Ernst Ludwig Kirchner, "Gato gris en cojín", 1919

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