8 de febrero de 2017

Pescando sin carnada

LILYMETH MENA

Nadie quiere a una mujer con el corazón roto. No, ni el hombre más bueno, ni el villano. Un corazón roto, si acaso existe en el más estricto concepto, debe ser más como un pez, uno al que han arancado del cristalino cause sin dudar, con un anzuelo atravesándole la boca, abierta de sorpresa.

El cuerpo seco, sin atisbo de voluntad alguna, las escamas duras e inmóviles, los ojos y los pulmones reventados, abandonados por toda chispa de vida o conciencia.

Muy contrario a lo que los demás piensan, nada queda. No hay odio, no existe rencor.

Se libera el último suspiro y se acepta la muerte.

Solo que no has muerto. Despiertas cada mañana sintiendo todo el peso del planeta sobre la espalda, te arden los ojos, te llora el cuerpo, el alma, esa, no sabes donde buscarla, o si la tuviste alguna vez. Te alimentas por que lo que queda de ti te recuerda lo que es el hambre fisica, te das de beber, te aseas, cuando tienes ganas, duermes, no sueñas, e intentas revivir todos los días, esa estupida rutina que es lo que te sostiene, lo que te "salva".

La alegría, el bienestar, la comodidad, el equilibrio, la famosa ley de la compensación, son sólo palabras bonitas que le gusta repetir a los optimistas, para darse valor, para tener un objetivo, para que los burócratas sigan teniendo trabajo; tú ya no te dejas engañar tan fácil, sabes que todo eso son patrañas para mantenernos productivos y tranquilos.

Hace un par de años que me di de frente cotra ese muro, el muro de la verdad, y no hay como estrellarse la nariz en él, no te lo recomiendo. La vida es mas sencilla si te enfocas en alcanzar esas colinas, es lo mismo que creer en dios, en el que sea, no importa si es gordo y panzón, si tiene facha de hippie, si es calvo y de orejas grandes, si tiene ocho brazos o le gusta beber leche.

Un corazón roto ya no tiene ninguna esperanza, no alberga ningún sueño, ya no cree en nada; por eso no se le puede ganar, chantajear o increpar, ya no tiene nada que perder.

Por eso nadie quiere a una mujer con el corazón roto y el espíritu quebrantado.

No, no me lo rompió un hombre, si es que lo estabas pensando, tampoco fue el desamor o el dolor, la frustración o la desilusión, fui solo yo. Quizá haya sido, mi tanto querer y no poder.

Siempre es uno el que se pesca solo.

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