En la hora del recuento

Miguel Sánchez-Ostiz

Mi historia y la tuya, mis ojos y los tuyos, mi conciencia y la tuya, mi camposanto, mi fuesa, mi sangre, mi verdad, suprema siempre, incuestionable, mi palabra de honor y tu silencio, mi quijada de asno o la tuya, mi paz de hierro y mordaza, tu violencia, mi justicia y tu rebelión... tan agotador como inextinguible. Aquí no parece haber otro acuerdo que el sometimiento, la sumisión, el servilismo hacia el gurú de turno, el culto del orden, aunque sea falaz y solo ley de la fuerza, y la adhesión al banderín de enganche que más poder –político, social, mediático– tenga en el momento.










*Publicado originalmente en el blog del autor, Vivir de buena gana (18/6/2018)

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