Sud, dos libros de frente



Gagliano e Fontamara, ahí el realismo es mítico. Ahí viven bestie e cafoni, ellos son los habitantes de estos lugares. Según sus autores, Carlo Levi y Ignazio Silone, ellos son hombres y mujeres sin dios y sin estado, los últimos sin tierra de un Sud feudal. La miseria y el fascismo no le permitieron un nombre, no le ofrecieron pan y dignidad.





Podemos hoy recorrer estos dos clásicos de la literatura italiana, y ver mutaciones que existieron y nunca ocurrieron, solamente en cambios de amos y de esclavos, el sud que sigue enclavado en la eterna “Questione meridionale”, el drama del “Mezzogiorno”, en sistemas mafiosos institucionalizados. La historia fue en Carlo Levi una convivencia de los tiempos, un tiempo biológico crudo y cruel para los campesinos sin Cristo de la Lucania, como los de todo el sur del mundo. Antes de Fanon. Otro tiempo es el histórico, el fascismo, las migraciones y el retorno, las guerras mundiales.

Accettura fue para mí un sueño en una noche de invierno y en medio de una nevada histórica, casas excavadas como en Matera, “El Evangelio según Matteo” de Pasolini desvelado, mientras mujeres de apariencia ancestral iban ofreciendo pan y vino, todo lo que tenían en aquel momento. Vivian su sincretismo arrojado desde el alba del mundo, escondidas y siempre presentes, un día niñas y otro día ya viejas, siempre madres de algún muerto, siempre esposas de algún humillado. Los hombres, fantasmas o esqueletos, tísicos en el cuerpo, corruptos en el alma. Apenas afuera Melfi, Tarento, Metaponto y la tempestad del progreso, porosidades que hubiera admirado Walter Benjamin.

Fontamara son Masaniello y Pisacane, las revueltas por la tierra y por el pan, es analfabetismo y rebeldía, pobreza que engorda a rufianes y al podestá. Sud y pueblos anárquicos en su pensamiento, pobladores que cuando se mueven andan sin huato, mirando sus desgracias como si fueran el único destino, encallado en las supersticiones y la rendición. Trigo duro que no precede al pan, callos en las manos y arrugas en las frentes, la gota de sudor permanente. Estos infiernos hoy no son poesía, porque nunca lo fueron, magrebinos, bantúes, una diáspora pasando la Nubia y todas las cicatrices de la Historia.

Es la Elvira en fuga desde la tierra adentro del Abruzo, emigración hacia el Venezuela de la tierra prometida, años cincuenta y mucho petróleo. Pueblos sannitas, marsicanos, irpinos, gente del sud.

Fontamara y Cristo se detuvo en Éboli, son todo el sud, son los picaros y nuestro realismo mítico, magia sin exageración, adonde todos son enemigos del pueblo, todos le echan la culpa y ellos son los pecadores, eternos últimos del infierno terrestre, caminos polvorientos hasta el final de todas las noches.

Maurizio Bagatin, 21 de septiembre 2021

Imágenes: 1- Carlo Levi, Lamento di Rocco Scotellaro
2- Renato Guttuso, L'occupazione delle terre incolte

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