Cochabamba es un pueblo


Cochabamba es un pueblo, grande, por cierto, pero siempre un pueblo. Ya es carnaval y en la Plaza Colón sigue el árbol de navidad, en toda su sintética presencia. El cajero automático de un banco acoge por la noche unos 5, tal vez 6 clochards, como ya los llaman aquí los extranjeros de paso. Hay también un barrio venezolano, mientras lo que fue un día el hipódromo espera su cruel destino final…

A las seis de la mañana de un día como hoy, cuando una suave neblina envuelve o abraza el valle central, Cochabamba es un paisaje que entra a mis ojos como si fuera Lima “la horrible”, como el otoño durante la vendimia en mi pueblo, como si también la Llajta fuera tierra baja…

Penetra la kancha el colectivo de la línea uno. Ahí es otra la fauna. Mundo y submundo se fusionan y a esta hora logramos aun a interceptar los diálogos. La que más se vende es la camiseta del Paris Saint Germain, al lado el Chanel n°5, que no es un jugador del mismo equipo, el short de Dybala y los tangas que demuestran las nuevas siluetas, la modificación en los hábitos alimenticios, en el grande cambio estructural debido a las nuevas profesiones, sedentarias o menos, a la mutación antropológica de la cual habló Pasolini hace más de cincuenta años atrás. Todo es de plástico, todo es sintético, de Shanghái, de Lima o de Wayra k’hasa…plurinacionalidades, wiphala, abigarramiento también en las botas de futbol y en los cuadernos para colegios siempre mas alejados de la formación…

La avenida Barrientos a las 7 de la mañana es un peregrinar de mujeres con bultos de wira wira, muña, achojchas, las primeras manzanas criollas, gangochos de hojas de eucalipto cargadas y descargades apresuradamente de los buses, khepis llenos de choclos que este año han cosechado con anticipación, antes que la lluvia los pudra en sus pequeñas chacras. Son los frutos de la que hoy llamamos agricultura urbana y periurbana, sin incluirla en este mundo del progreso infinito, amarros de apio, perejil y acelga, los diminutos higos negros, mas adelante patos, conejos de Castilla y cuy, gallinas criollas, hombres con sus gallos de palenque se separan de las cholitas mientras ellas venden toda la producción de la semana. Es sábado, se espera poder hacer mejores negocios que ayer…

En los colectivos de la zona sur, de este monstruo que ha crecido como la región mas transparente de Carlos Fuentes, aún hay comunicación, diálogos, la gente saca una sonrisa que va más allá de la sobrevivencia, un chiste sobre el narco policía que los gringos quiere extraditar, y hay quien propone cuantos años de cárcel se merece el ultimo violador de su esposa…

La doña que sube con sus cuatro bolsas de mercado rebalsando dice que no hay nadie que compra, dice que hay solo gente que vende y carretilleros que empujan, que invaden los ya angostos pasillos de un cualquier mercado, que al final se ha vuelto un solo mercado. Inmenso…

Aquí lo que no encuentras es porque no existe…

Al final la Panamericana prolonga la ciudad hacia lo que es el parque industrial de Santivañez, ahí donde vio la luz uno de los hombres más ricos del mundo…

Cochabamba es un pueblo grande, “la clima” y su ubicación son su cruz y su delicia, son las metáforas que hoy extraemos del Chueco Cespedes, de lo visionario de su hija mas rebelde, Adela Zamudio.

Maurizio Bagatin, 5 febrero 2022
Imagen: Variedades de papas en la Kancha

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