Primero de enero, amanecer en Marne-la-Vallée


Entre kebab, café turco y narguilé. Aromas que se preñan en nuestras ropas para siempre. Tabaco negro que forma nubes espesas que logran mezclarse con la neblina de las primeras horas del primer día del año nuevo. Rea Florentine no vive ya aquí, el jardinero de las Tullerías se trasladó al otro lado de Paris. Tal vez no lo veré más. Aparecen los personajes fellinianos de la discoteca Balajó: elegantes, en fila india desfilan en mi Amarcord de una periferia imaginaria. Figuras grotescas, collage de Georg Grosz, lecturas de Henry Miller y modernité baudelariana. Desfilan y se ríen, duermen sueños placidos de borrachos de la medianoche del último dia del año. sufren, gozan, se desesperan. Aparecen clochard inverosímiles, salen de los caveau de la Place de la Concorde, somnolientos, apresurados, neuróticos, felices.

Danielle ya se fue, no resistió el último trago fuerte de la noche, como una reina de saba se disuelve en el misterio de su aparición. Un hada verde deglutida por un poema de Artaud. Con el último metró desvanece la noche. Resiste solo el gris parisino, la primera luz que al diluculo ofende el negro cielo de la banlieu. Alucinaciones rimbaudianas.

Último cigarrillo antes de desaparecer. Los amigos ya se habrán ido, “el trigrillo”, Andrés, Robert, la chicha del cartero de Montparnasse, el argelino que vendía baguette en la esquina de la Rue Oberkampf. Todos se fueron. Me quedo solo en un café de Marne-la-Vallée. Un cigarrillo más, otro café turco. Humo y melancolía para iniciar un nuevo año. Faltan ya diez años para terminar un siglo. Hoy no habrá noticias, Mitterand sigue la política de la grandeur, el mármol de Napoleón será besado por los turistas de siempre, y por los nuevos que vendrán desde Grenoble, Calais, Avignone.

Parece haberse ido el frio de diciembre, de repente, o será el Pastis de anoche. Danielle estaba borracha, la jungle que ella detesta a esta hora sigue durmiendo, la Sena sigue el fluir del tiempo, como al final de aquella gran novela de Céline. A esta hora solo rostros desesperados y felices, las luces aun encendidas del Pont des Arts que imagino aun repleto de sueños e ilusiones. Un apresurado Toulouse-Lautrec que se dirige hacia su casa.

Retorno metafísico a París, como si fuera un Monsieur Teste apócrifo. Todo el fuego y toda la ebriedad que manifiesta la ciudad. Luces, colores, atmósferas surreales. Me fumo otro cigarrillo, tomo otro café turco, y me iré.

Maurizio Bagatin, 1 de enero 2026
Imagen: Jean Dubuffet, Paisaje del alma

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