Mercado Taquiña antes de las ocho de la mañana. Las verduras y las frutas ya han sido descargadas por los k’epiris que siguen cargando y descargando sobre sus espaldas los enormes gangochos. Los futuros k’epiris probablemente tendrán mecanizada también esta tarea, mientras veo la caserita pagar por QR sus servicios. El mercado era el Macellum romano y aun antes el Ágora griego, plaza de mythos, de logos y de comercio. En los mercados las palabras no faltan y estos apasionados movimientos tienen sus reglas adentro de un caos fácilmente detectable. El tiempo domina el espacio y es un tiempo solo aproximadamente biológico. El vendedor de frutilla dice que se aprende de economía y comercio mucho más aquí que en las universidades.
El perfume del api se mezcla con el de la ranga, el pan se vende al lado de las cargas de cebolla y tomate, es un invito a un k’allu. Un lloqalla de unos seis, siete años desayuna una humeante Chanka de pollo mientras con un dedo hace deslizar violentamente imágenes en el móvil que su madre le dejó entre sus manos. Los juguetes convencionales ya no son el atractivo que fueron ayer.
Todo esto me hace pensar a El extranjero de Albert Camus, a este extrañamiento del estado de ánimo del tiempo. Vi la última versión cinematográfica y me pareció la que más se ha aproximado a la tremenda novela. El poder de algunos libros es esto, ofrecernos este amplio horizonte desde el cual a través del pasado y del presente, vemos el futuro, hasta lograr tocarlo.
Feria de las Américas, siete de la mañana. Los gringos trasnochados y “los privilegiados” aun no han llegado, el marasmo que veo es causado por los agentes de la Intendencia Municipal, están desalojando las vendedoras de verduras que se instalan en la acera y “perjudican” en la venta a las ranqueras convencionales del mercado. Esta es nuestra idiosincrasia, el pobre que patea al más pobre de él, en un domino encadenado y sin fin. Lo decía Carlos Medinaceli: “El boliviano es envidioso del águila porque vuela, y de la luciérnaga porque brilla”.
El sol pálido de la mañana está envuelto en una neblina mixta a contaminación. Fruto del llamado progreso, de su tempestad diría Walter Benjamin. El verde se destiñe dia tras dia, desayuno y doy vuelta a la pagina de la lectura matutina, el humo del café es reconfortante.
Maurizio Bagatin, 26 de abril 2026
Imagen: Grafiti en la Avenida América


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