Réquiem por “el chuncho” Juvenal Mercado



Nunca pensé, querido Juvenal

En escribir esto que escribo

Con el dolor que aguijonea

Todo mi cuerpo

Y la tristeza que busca

Hundirme en mayor tristeza

Y más desasosiego

Frente a la noticia

De tu fallecimiento

Allá en Juliaca



Tu hermano Augusto

Me comunicó hoy tu partida

Y yo no sé cómo sentir

Esta tu muerte

Vos que siempre fuiste

Un dador de vida

Una usina de entusiasmo colosal

Pasión inusitada

Por la bella Sandia, por esos Andes

Que fueron tu cuna y forja

De esa fragua incesante

Que fue tu vida



Ahora te estoy nombrando

Chuncho querido

Para que sepas

Que jamás habrá muerte

Entre nosotros

Sólo esa vida

Sólo ese lazo

Que nos unió

Atravesando

Siempre

Las cordilleras

De ida y de vuelta



Por eso yo sé

Que por allí andarás

En tu travesía eterna

Pero también sé

Lo siento

Que el Sagrado Tata de Juliaca

Los Señores Apus del valle del Tambopata

Y los espíritus sin doma de la selva

Te están cuidando

Velan por ti

Porque ya eres para ellos

La más preciosa

De las ofrendas



Yo te volveré a ver siempre

En el amanecer de olas mansas rodeando el lago

Con fervor y devoción en la apacheta de Sayaco

Bajando sin cesar hasta Sandia

Hasta tu casa

Esperando al crepúsculo

Naranja y ocre

Que me refleje tu rostro

Entre las montañas



Por eso, aunque el dolor me transite

No es llorando que celebraré tu vida

La esperaré dichoso en el aleteo de los colibríes

Y volarás más alto, cada vez

La recibiré sin prisa caminando por los cerros

Allí donde nunca dejarás de latir

Te sentiré en cada piedra

Esas que nos hermanaron

Piedras altivas, llenas de fe y de alegría

Y así te honraré por las huellas

Que has labrado en mi vida

Así sabré que esto que escribo

No es una despedida

Sino otra manera

De seguir caminando juntos.



Pablo Cingolani
Antaqawa, 18 de julio de 2026

Imagen: Pablo Cingolani y Juvenal Mercado. La Paz, 2015.


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