26 de abril de 2012

El espejismo de una tarde de primavera

JESÚS CHAMALI -.

Esta tarde quizás fuera la primera en la que el sol de esta primavera tardía ha calentado mis entumecidos huesos, así que, venciendo esa inmensa pereza que me atenaza al sillón después de almorzar y luchando contra todas las excusas que me iba dando mientras me vestía, me lancé a dar un paseo por las calles de mi pueblo.

Al punto creí que estaba en un pueblo fantasma.

Miré el reloj. Eran las 5 de la tarde. ¿Dónde estaba la gente? ¿Había venido el fin del mundo y se había olvidado de mi? Durante un segundo paladeé la fantasía de ser el último habitante del planeta...o al menos de mi barrio, que yo nunca he sido un tipo muy ambicioso.

Eché a andar lentamente, disfrutando de los rayos de un sol que, poco a poco, calentaba tanto mi cuerpo como mi mente. La plaza estaba vacía. Esa plaza nunca está vacía. Al menos yo nunca la había visto así. Da igual que fueran las 8 de la mañana o las 2 de la madrugada. Siempre había alguien en ella. Podían ser unos abueletes sentados mirando al vacío, concentrados en ver pasar el tiempo y sus vidas con él, o un grupo de jóvenes aprendices de macarras que aparcan sus coches tuneados en la esquina con los equipos de música a todo volumen y que trapichean con cualquier droga que le pidas. Pero siempre hay alguien.

Seguí andando.
Solo escuchaba el golpeteo de mi bastón contra la acera y el ruido arítmico de mis pisadas detrás.

La farmacia: vacía.
La carnicería: vacía y con la música muy bajita.
La ferretería: vacía.
La tienda de comestibles de Lolita: vacía y con Lolita leyendo una revista de cotilleos.

Sólo en el estanco de la lotería había alguien. Dos viejetes y el dueño discutían sobre si era justo o injusto jugarse el pase a una final de la Champions a penaltis, y cuál era mejor, si Messi o Cristiano Ronaldo.

Decidí probar y echar un boleto. Con un poco de suerte resultaba ganador y mi sueño de soledad buscada dejaba de ser un extraño espejismo de una tarde de primavera y se convertía en una permanente realidad.

A la vuelta, un gato callejero tumbado al sol me miró indiferente, tal vez un tanto molesto porque mi presencia turbaba su descanso. Nos miramos, no sé si con desprecio o retándonos, pero al final no pude evitar decirle

-¡No sabes cómo te comprendo, compañero!

8 comentarios:

  1. Anónimo27/4/12

    Me divirtió y me intrigó a un tiempo leer este relato suyo, sr Chamali. Una cosa me sigue dando vueltas en la cabeza, ¿dónde estaba la gente de su pueblo?
    Un saludo y gracias por el rato de evasión que me da este blog.
    Pedro Fernández.

    ResponderEliminar
  2. Así siento las siestas de mi barrio, el silencio es tan profundo que parece que todos desaparecieron! Basta que el reloj marque las 17 para que el gentío se vuelque a las calles y el ruido se filtre en mi mente para volver a la realidad ¿triste? A veces.

    ResponderEliminar
  3. El sol, usted, un pueblo fantasmal y un gato comprensivo. Qué mejor panorama, como el final de un poema apocalíptico.
    Hermoso señor Chamali. Leyédolo me recordé de un poema del poeta jorge Teillier.

    Cuando todos se vayan a otros planetas
    yo quedaré en la ciudad abandonada
    bebiendo un último vaso de cerveza,
    y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
    como el borracho a la taberna
    y el niño a cabalgar
    en el balancín roto.
    Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
    sino echarme luciérnagas a los bolsillos
    o caminar a orillas de rieles oxidados
    o sentarme en el roído mostrador de un almacén
    para hablar con antiguos compañeros de escuela.

    Como una araña que recorre
    los mismos hilos de su red
    caminaré sin prisa por las calles
    invadidas de malezas
    mirando los palomares
    que se vienen abajo,
    hasta llegar a mi casa
    donde me encerraré a escuchar
    discos de un cantante de 1930
    sin cuidarme jamás de mirar
    los caminos infinitos
    trazados por los cohetes en el espacio.

    Besos.

    ResponderEliminar
  4. El poema que puse en mi comentario anterior se titula Cuando todos se vayan, y pertenece al libro El árbol de la memoria, publicado en 1961.

    ResponderEliminar
  5. Si un tercio de España está en paro, ¿dónde podían haber ido todos? Y entre Messi y Ronaldo, vaya que es difícil tomar una decisión.

    Un relato sobre la soledad existencial con una culminación gatuna muy surrealista.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  6. El mundo parece demasiado pequeño hasta para los gatos, amigo Jesús.

    Excelente relato.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  7. Hermoso poema que no conocía, Cosette. Desgraciadamente cada vez es más difícil encontrar literatura poética en los estantes de las librerías porque los Best Sellers de consumo rápido y vida efímera copan cualquier rincón de los estante y escaparates.
    Le agradezco enormemente su aportación al igual que la de los otros lectores.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  8. La soledad, cuando la buscamos resulta una agradable compañía, sin embargo cuando es ella quien nos busca,nos lleva irremediablemente al final de nuestro camino,para iniciar así el regreso en solitario , como lo describe Teiller.

    ResponderEliminar

*