2 de septiembre de 2013

Dos padres

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -.

Cuento con dos padres. Más bien contaba. Huérfano del primero y aún con la suerte de la compañía del segundo. Pero para que esto ocurriera, el primero debió sacrificarse. No fue una disputa familiar, sino de carácter territorial y financiero. Por decirlo de alguna manera, los vecinos decentes se aburrieron de los pelientos y llamaron refuerzos. Estos últimos no jugaron limpio. Se unieron a los decentes y atacaron con todo lo que tenían. Lo que vino después aumenta mi falta: no he honrado jamás el nombre de mi padre fallecido. Tampoco he acompañado a mi otro padre en su dolor. Ni siquiera sé dónde descansa. Imagino que en algún lugar anónimo de Valparaíso.

Vida y muerte en cuestión de minutos. Un nublado día de septiembre de 1973. Los estudiantes de la universidad son puestos en fila para que los militares chequeen sus antecedentes. El primer Rodríguez en ser nombrado da un paso al frente. El militar que revisa su ficha –para este caso más infalible que la Biblia- dice “limpio” y otro agrega “a este lado” y después “ándate de aquí, mierda”. Pasan los siguientes muchachos, todos de melenas largas, patillas, ropas de colores chillones que, aquel septiembre nublado, alteran su tenor alegre por una mueca de espanto. Nombran al segundo Rodríguez. “Este es comunista, rojo, extremista, a la pared”. No más palabras, sólo el pelotón de fusileros. Como hijo ingrato, no me queda más que desear un desenlace rápido. Sin demasiado preámbulo. Como si con eso le evitara sufrimiento, pues su sacrificio se renueva con cada día de olvido que pasa.

Como ven, son dos padres. Sin la muerte de uno, no habría conocido la bondad del segundo. Una suerte de admiración silenciosa y de presunciones hacia los dos. No es bueno que deje pasar el tiempo, me digo ahora. Mientras tanto, permanezco sentado escuchando como mis vecinos decentes niegan que todo aquello hubiese ocurrido.

8 comentarios:

  1. Terrible azar (Fortuna) infame que bifurca los senderos del laberinto que es la vida. Escrito con garra y distanciamiento al mismo tiempo. Oremus...

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  2. He querido encontrar un simbolismo en este peculiar texto. Me ha encantado. Mucha pericia amigo escritor para definir esta simbiosis y transportarnos hasta tan peculiar escenario.

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  3. Muchas gracias Ricardo y Encarna por sus generosos comentarios. Es un aliciente que la lectura les haya provocado tan hondas reflexiones. Siempre a sus órdenes.

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  4. Un gruñido al universo, a esa paradoja oscura que nos parece mantener siempre enfrentados, y que algunos le llaman Dios.

    Sobrecogedora honestidad, amigo Rodríguez.

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  5. LUIS9/3/13

    Leer este texto, querido Claudio,sobrecoge;haber vivido la experiencia genera impotencia,rabia y un profundo dolor que es mas fuerte que las balas de los fusileros.

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  6. Tras leer esto me cuesta aún más aceptar que hayan personas que sigan apoyando o justificando a la dictadura.

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  7. Yo no creo que hayas sido un hijo ingrato, o que jamás hayas honrado la memoria o el nombre de tu padre fallecido contra una pared ensangrentada a la que él contribuyó con su propia sangre a enrojecer para que la gran vergüenza que iba a caer sobre Chile y sobre el ser humano no palideciera. LO has honrado con cada letra, con cada coma, con cada frase que has escrito en defensa del que no tenía cómo defenderse, Claudio, amigo. LO sigues haciendo hoy, con este escrito valiente y que rezuma sangre, sí, pero no deseo de revancha. Pero sí ansia de que eso, todo eso que pasó, no solo a él sino a tantos que como él murieron fusilados, ahogados, defenestrados, torturados, o simplemente desparecieron para siempre jamás, no caiga en el olvido disfrazado de mentira a media o de media verdad, de las justificaciones que los que se sienten fuertes porque hoy nadie se levanta a decir que aquello estuvo mal, que fue un crimen horrible, o que no creen que deban pedir perdón, "porque ellos no fueron", pero que sostienen las mismas políticas económicas y sociales, no prevalezcan sobre la verdad.
    Y ya sé que algunas voces de ahí o de aquí me tacharán de ingerirme en asuntos que no conozco, de meterme ne camisas de once varas, de hablar de lo que no sé... ¡Como si el dolor humano o la tiranía fuera ajena a cualquier hombre en cualquier sitio! ¡Como si la historia de los verdugos no fuera la misma allí, aquí o en Moscú!
    Sólo quiero decirte, Rodríguez, que cada día que leo tu obra, crece mi admiración. ¡Gracias!

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  8. Gracias, amigos, Ricardo, Encarna, Luis, Ashraf y Jesús, por sus comentarios. Ah, Jesús, no te preocupes, lo mismo dirán de nosotros en tu tierra cuando opinamos, con más o menos conocimiento de causa, que Franco es una sobernana peste. Como no lo iba a ser, si es el mentor de nuestra propia excrecencia.

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