5 de agosto de 2015

Lili


ENCARNA MORÍN-.

-Mamá, me gustaría tener un perrito ¿podemos adoptar uno en el Albergue?

-Sí, claro que si - confieso que dije estas palabras sin calibrarlas demasiado. Más impulsada por la idea de que el chico necesitaba en ese momento un apoyo emocional, que por creer en verdad que en nuestra casa hacía falta un perro.-

Una vez adoptamos a Tina, una gatita negra muy domesticada que se metía en todos los cajones sigilosamente. No molestaba en absoluto e interactuaba con nosotros de tal manera, que llegamos a decir en varias ocasiones que solo le faltaba ladrar. El día que murió lloramos a moco tendido. Aún es el momento en que nos parece que saldrá de algunos de sus escondites.

Llegamos aquella tarde a la perrera, y una lluvia de ladridos de todo tipo nos recibió. Primero vimos a los cachorritos, preciosos todos ellos. Luego pasamos a las jaulas grandes donde estaban los muchos perros que acoge el Albergue Bañaderos, agrupados por sexo y tamaño.

En la primera, la jaula de los perros grandes hembras, estaba Lili al fondo y en cuanto nos divisó, se acercó al chico buscando una caricia. Algo percibió que no se quiso mover de nuestro lado, aún con los barrotes de por medio.

-Hay perros muy bonitos por ahí arriba, miren las otras jaulas- nos apuntó una voluntaria desde el otro lado del pasillo.-

Pero no miramos más jaulas, la elección estaba hecha, aunque a mí me parecía muy grandota, no fui capaz de oponerme a la rotunda decisión de Fernando. Los siguientes trámites consistieron en comprobar su ficha. No había datos sobre su procedencia ni tampoco tenía chip identificativo. Solamente constaba que la pastora belga mestiza, había sido recogida en la calle, y posteriormente trasladada al albergue por el camión municipal del Ayuntamiento de Santa Lucía de Tirajana.

La trajimos a casa unos días más tarde, aún convaleciente de su operación para esterilizarla que es una de las condiciones de adopción. No pudimos bañarla por los puntos de sutura, olía a perrera, que es un olor muy peculiar. La limpiamos con toallitas húmedas, le pusimos desodorante de perros, pero seguía apestando. Dicen que el amor es ciego, pero en este caso además padece de anosmia (no tiene olfato), así que pese a su olor, nos parecía hermosa. Pasó una primera noche muy inquieta, hasta que nos tuvo a todos controlados.

Una vez el proceso de adaptación culminó y pudimos hacer una vida organizada, Lili se adaptó a nuestro ritmo y nosotros al suyo. Damos largos paseos por el barrio y saludamos a la gente que se nos acerca, que es mucha.

Lo habitual es que a primera hora de la mañana, nada más bajar a la calle nos salude Yaiza. Es joven y guapa y se encarga de barrer y limpiar las aceras junto con una cuadrilla. Me pregunto cómo puede estar siempre de tan buen humor alguien que ha debido levantarse a las cinco o seis de la mañana. El verde fosforescente de su uniforme es la primera imagen amable del día.

-¡Buenos días princesa! -Y le planta dos besos en su hocico, mientas le susurra palabras cariñosas y la Lili se derrite.-

Dependiendo de la hora podemos encontrarnos con diversos personajes del paisaje urbano en el que estamos inmersos y del que formamos parte.

La persona más “curiosa” que hemos conocido Lili y yo, me saludó una mañana mientras ella estaba tirando de su arnés para ir a jugar con otro perrito del parque. El hombre, que se dirigía a su coche, me habló con un marcado y evidente acento canario.

-Qué bonito el perro. Yo también tengo un Malinois. Estos perros son muy buenos y muy protectores. Vivo en una casa con terreno y allí él corre mucho. Antes tenía muchos animales, hasta dos caballos llegué a tener. Pero los he ido quitando poco a poco, ahora que mi hijo se ha ido a trabajar a Europa, solo tengo seis ovejas. Las alimento muy bien y cuando tienen veinte kilos más o menos me las como y es carne de primera calidad. Pero mi mujer quiere vender la casa. Vamos a ir dos o tres meses a Israel, y si nos va bien, nos quedaremos  allí.

-¿Y por qué a Israel? -le pregunté curiosa mientras Lili tiraba de mí para ir a jugar-

-Porque somos judíos y todos nosotros aspiramos a  ir a nuestra tierra. Hemos nacido aquí y en otros lugares porque estamos dispersos por el mundo, pero Dios nos prometió que volveríamos a lugar de nuestros antepasados. Hemos ganado siete guerras con su ayuda.- Era muy vehemente en su discurso, del cual recuerdo poco, es una pena.-

-Con la ayuda de Dios y de los americanos.- Le dije por añadir algo.-

El señor siguió hablando de forma efusiva, mencionando incluso citas completas de los libros sagrados,  muy creyente de sus ideas. Luego caí en la cuenta de que pese a su acento, era de piel muy blanca y de ojos claros. Nunca pensé que hablaría alguna vez con un sionista auténtico en español de Castilla y con acento canario. Parecía una buena persona, muy aferrado a sus creencias. Qué pena que las creencias a menudo dividan a la gente y les lleve a justificar la violencia.

Otra obsesión de Lili es subirse a los coches. Bajarse es otro cantar. Suponemos que la bajaron de un coche al abandonarla. Hace una semana, unos jóvenes policías nacionales la saludaron desde su furgoneta aparcada. Ella tardó dos minutos en meterse dentro.

Despierta amor, mucho amor… precisamente por eso ha dejado de ser una carga para convertirse en un miembro de la familia. Todas las personas que escuchan su historia dicen la misma frase.

-¿Pero cómo alguien puede abandonar a un animalito como este?

Yo a veces prefiero pensar que se perdió, o que su dueño falleció. No se lanza a la comida, tampoco se sube a las camas ni roba cosas de la mesa. Incluso, se para en los pasos de cebra cuando vamos a cruzar la calle. Si alguien en la casa pronuncia la palabra “vamos”, ella se coloca rápidamente en la puerta preparada para salir.

Aquel día en el albergue, aún no se llamaba Lili, ni tenía historia, tampoco era un ejemplar codiciado, dado su gran tamaño. Era anónima hasta que ella misma reparó en su actual dueño al que se entregó de forma incondicional, enseñándonos a todos una gran lección de humanidad y es que quien siembra amor lo recibe a raudales. Ella lo multiplica por mil, es la princesa de la calle como dice Yaiza y la reina de nuestro hogar, que sin su presencia,  estaría incompleto.


5 comentarios:

  1. Desde aquí le enviamos un fuerte abrazo a la hermosa Lili y otro para ti por compartirnos esta historia de tan nobles sentimientos.

    Abrazos, querida Encarna.

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  2. Que linda historia. Gracias por compartirla

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  3. Anónimo6/8/15

    Me encanta. Es una narración sencilla, clara, invita a ser leida con pausa y no perder una sola palabra. La historia de Lili es la misma de miles de perritos que son abandonados y llegan con ansiedad y mucho miedo a Bañaderos. No todos tienen la buena suerte que ha tenido ella: encontró un hogar y recibe amor, en pocos días se convirtió en un miembro más de la familia. Eso es muy importante. El compromiso de Fernando se ve premiado con el cariño que ella le brinda. Y la mamá . . . feliz viendo sonreir a su hijo. Es una bella historia, real e importante. Felicitaciones. Chabela

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  4. Una historia sencilla, tierna y conmovedora. Me encantò!

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  5. El amor a los animalitos es universal. Adore tu relato. Saludos

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