19 de enero de 2018

Chuquiago. Deriva de La Paz

Miguel Sánchez-Ostiz

Contento y agradecido. Agradecido a su editora, Pilar Rubio porque ha creído en ese libro de patiperreo urbano por una ciudad que me seduce como ninguna hasta ahora; y contento porque salga en España la edición de un libro que se publicó el año pasado en Bolivia, con éxito, y que fue desdeñado aquí por motivos poco claros.

Para la edición española se han hecho las correcciones pertinentes porque el lector, obviamente, no es el mismo: no le vas a explica a un paceño obviedades y a un español no puedes dejarle in albis con detalles importantes que le resulten incomprensibles. Confío en ese libro porque su editora confía en él y porque está escrito con la pasión que contagia una ciudad y un mundo, La Paz, Bolivia, del que me siento inseparable. Espero que haya resultado, como me decían con sorna intútil hace años: «un libro muy tuyo».

Escribe la editora:

«Si hay una ciudad amada en las geografías vitales de Sánchez-Ostiz, sin duda es esta Chuquiago, el nombre aymara de la capital boliviana, a la que va y viene desde 2004. Una ciudad de barrocos excesos, de realidades inabarcables, de acumulativa humanidad que impregna sus calles como trazadas a cordel. Recuerda el autor que Gómez de la Serna la hubiera bautizado como cataclismática. Así son estas derivas por sus laberintos callejeros en medio de un griterío inacabable donde bulle la vida de sus habitantes, así como la de un puñado de personajes inolvidables. Aquí la realidad es pura fantasía, nos recuerda el autor, «¿para que inventarse mundos imaginarios si están en La Paz?». Pura vida.»


*Publicado originalmente en el blog del autor, Vivir de buena gana (15/01/2018)



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