En nombre del padre, del hijo y de la madre

Márcia Batista Ramos

Traes tu música y tu ritmo.

No tengo mucha música. Algunas guardo en la memoria. Discos, no los tengo. Hay instrumentos en la casa: unas cuantas guitarras, violín, chelo, algunos de percusión, incluido un piano. La abuela siempre decía que esas cosas de escuchar música con un volumen muy alto era cosa de loco o de pobre...No sé porque hablaba así. Lo cierto es que acuñó a hierro y fuego algunas cosas en nuestras almas, en mi alma. Es un poco difícil contar…Muchas cosas son difíciles, todavía, hoy.

Resulta difícil, en primer término, hablar ciertas cosas que uno no termina de entender. Quizás, uno nunca logra entender muchas cosas: cómo nos tallaron; con qué barro fuimos moldeados… Son muchos detalles metidos en los pliegues de la vida. Pero, aun así, estamos seguros que nos amamos.

Cuando entras cierras la puerta.

Las puertas de la casa siempre estuvieron cerradas para que no entre polvo… o mosca… No sé, las puertas siempre estuvieron cerradas por algún motivo mayor, tan importante el motivo que se tornó una especie de ley a cumplirse sin cuestionar, desde el tiempo de la abuela de la abuela. Tal vez, desde antes. Nadie sabe, nadie preguntó, ni nadie dijo nada. Así debe ser. Las puertas deben estar cerradas. Las leyes no suelen ser arbritarias. 

La casa es grande y llena de silencio.

En verano desde muy temprano, abrían las ventanas de par en par. El viento caliente corría entibiando la casa. Y las cortinas, siempre cerradas, se movían lentamente, otras veces con furia, con tanta furia que llegaban a formar una barriga gorda, porque su doblez pesado, no les permitía volar, así como vuelan los pájaros, las cometas, las sábanas blancas colgadas en el tendedero, los ángeles y todos los que tienen alas. 

¿Qué pasaría si el reloj del comedor se detuviese?

El miedo a perder el tren fue una de las herencias que recibimos. No podíamos llegar retrasados a ningún lugar. Los horarios siempre existieron para ser cumplidos, con la observancia de un monasterio. La escrupulosidad causaba un poco de miedo a llegar tarde, a perder el tren o el barco o el vuelo… O la vida y los sueños que nunca fueron nombrados.

Pan y vino.

La mesa se respeta porque el pan es sagrado. Los fallecidos se sientan a la mesa. Aún se cocina lo que a ellos les gustaba. Pero, no se les menciona, excepto en sus aniversarios de nacimiento y muerte. No se los menciona, apenas se respeta. Deben estar descansando… Un sorbo de agua otro de vino, sin música, sin televisión, porque la mesa se respeta por los siglos de los siglos.

Puedes traer tus libros.

Los estantes no están vacíos, tan poco repletos; porque el saber no se dimensiona por el tamaño de la biblioteca. Hay otras cosas intrínsecas relacionadas a la sapiencia que ahora no podría nombrarlas. Sencillamente, porque no quiero hacerlo.

La ropa de cama.

Las colchas blancas de algodón para el verano, en el tiempo de la abuela los edredones eran de lana de oveja para el invierno, ahora los edredones son de plumas para el invierno. Se mantienen las colchas blancas de algodón “matelassê” para el verano. En cuanto a las sabanas, no cambia nada: sábanas blancas para el verano, las con estampa para el invierno.

Los cuadros…

                      Las fotos…

                                    Los deseos…

                                                        Las fantasías…

                                                                                      …

Los problemas.

Nunca se los busca, pero vienen solos y hay que mantener la calma para enfrentarlos y poder solucionar todo lo solucionable de la mejor manera. Jamás, se debe encariñarse con los problemas. Hay que dejarlos ir. Una vez solucionados no se habla más. Ahora, los problemas ajenos no son de nuestra incumbencia. Tampoco la vida ajena. Por cuestiones de principios no debemos, siquiera escuchar los chismes; porque no acrecientan nada y consumen energía que podríamos usar en algo mejor. Mantener la prudencia, porque ella está encargada de articular y ordenar la moral y determina la reflexión particular que debemos promover respecto del ser y hacer en el mundo.

Los sueños.

Bueno, los sueños deben ser grandes muy grandes… Tan grandes cuanto tu mente te permita soñar. Pero, jamás los realizarás en toda su dimensión, porque el intríngulis de la vida tiene muchas sorpresas reservadas para cada uno. No es pesimismo. Es la pura verdad. Lucha por realizar tus sueños, sabiendo que no lograrás todo. Y después sea feliz con lo logrado. Muy feliz, porque hay gente que no logra nada Ni soñar.

Resumiendo.

No sé cuándo todo empezó. La abuela de la abuela, tuvo abuela. Esas cosas y tantas otras ya vienen costuradas en los genes… En mis genes. 

Alternativa. 

Una alternativa a eso todo, sería otra vida, que ya no sería la mía. Ya no sería yo. Porque, así cómo me ves y dices que me amas, soy apenas el resultado de estas cosas y de la negación y rebeldía en contra de muchas otras cosas que no me escucharas comentar.

En fin:

No me preguntes si estoy bien. La libertad. La agonía de existir. Los refugios para escapar de la angustia. Los compromisos. Las obligaciones, casi eternas. Nuestro amor legendario. La verdad, ni sé cómo estoy realmente. Hay días que llueven, otros hacen frío… A veces hay una tristeza repentina, otras veces una alegría pasajera. Y a veces todo es en una dosis de medio a medio.

En nombre del padre, del hijo y de la madre… por los siglos de los siglos.

Publicar un comentario

0 Comentarios