Una playa



Tu que caminas, detente, admira a la playa solitaria que se abre en medio de las montañas, sabe reconocer sus marcas…

 

Mira, allí están, los pasos de los campesinos que la atraviesan yendo y viniendo de sus papales que cuelgan sin gravedad de los cerros, mira, mira bien: hay huellas que casi no se ven, son los pasos de sus pequeños hijos que van con ellos, jugando con sus perros, a empezar a aprender a dialogar con la tierra…

 

Mira, mira más allá, no tan lejos, suben y bajan las pisadas de los arrieros, las trazas de las herraduras, la fatiga ausente, la acechanza de la tormenta, el cantar interno, mira como se estira la travesía, como el agua vivifica, como el cielo es su único testigo…

 

Mira allí, huele, siente: aquí hubo fuego, tal vez se cruzaron dos andariegos y al calor de las llamas, celebraron el encuentro, agregando encanto al universo.

 

Allá a lo lejos, veras las sombras de los guerrilleros. Son los decididos de Mecapaca, de Tahuapalca, de Cohoni, son los alzados del Partido de la Patria y de la Independencia…

 

Mira sus lanzas, sus hondas, sus rostros. Ese es Julián Tito, labriego de Collana. Ese es Pedro Vargas, artesano, de Millucato. Han dejado sus dudas en sus casas, han decidido pelear, no van solos: una palabra de Simona, La Madre de la Montaña, bastará para guiarlos, encenderlos, sanarlos…

 

Míralos: saltan como vizcachas entre las rocas, buscan amparo río arriba, muerden y escapan, muerden y sueñan con la libertad, las playas, las quebradas, los cerros son su guarida y su guarda, emblema que fecunda, se han sublevado, ellos resisten, no pasarán.

 

Los chasquis, sí. Ellos pasaban presurosos: eran sangre de pueblo de comunión mineral, pueblo tenaz que se dejó enamorar por las montañas y por la Cruz del Sur y el arrullo hipnótico de las aguas que fluyen y el misterio escondido en las aguas que se aquietan. Iban y venían guiados por el aliento protector de Viracocha y, por eso, no tenían miedo al huayco…

 

En verdad te digo frente a estas elocuentes evidencias: el tiempo pasará o acaso cese o se detendrá, más tu caminante, detente y vuelve sobre tus pasos, volverás a la playa, a esa playa, y en cada grano de arena, cada guijarro, cada piedra, si sabes mirar, veras sus bellas banderas de harapos y dignidad, recobraras sus latidos y sus voces, encontrarás sus rastros… y si lo intentas y si te empeñas, ya sabrás que hacer con tanto tesoro apasionado entre tus manos.

 

Pablo Cingolani

Laderas de Aruntaya, 14 de enero de 2021


Publicar un comentario

0 Comentarios