De anarquistas, libertarios y hombres libres




Esta historia me la contaron en Venecia, en una feria de libros libertarios que organizaron por ahí los de Aparte…

“Cuando Bakunin vivió en Italia un día recibió la visita de Errico Malatesta, quería compartir algunas ideas sobre la libertad, la anarquía, el estado, la iglesia y el trabajo. Al llegar a la casa adonde estaba viviendo Bakunin, toco al portón y esperó hasta que una señora, ni tan joven ni tan vieja, abrió y le preguntó a quién estaba buscando, el anarquista que aborrecía el positivismo le dijo que estaba ahí por verse con el Diablo en Pontelungo, la señora no se sabe si no entendió bien a que se le debía este apodo, pero le dijo a Malatesta que el Mijail estaba escribiendo y que lo avisaría de su llegada. La miró profundamente a los ojos y le preguntó: “¿Pero usted quien es señora?”, ella estaba distraída, seguía pensando en porque a Bakunin se lo conocía como el Diablo en Pontelungo, y así se le salió el simple: “Soy la empleada del Diablo en Pontelungo”. Malatesta atónito miró nuevamente a la señora y se alejó lentamente, con sus pasos firmes hacia la acera del frente. No podía creer que un anarquista como el Diablo en Pontelungo tuviese una empleada”.

Armando es un hombre libre, todo agroecología y fe, mucha fe. Todas sus teorías sobre una correcta y sana producción agrícola se basan en la fe del campesino, del agricultor, o de cómo queramos llamar hoy el poeta del campo. Todo empieza del buen terreno, de su fertilidad, de su proyección norte-sur, las horas de sol diaria, luego vienen las semillas, las cuales tienen que ser de origen local, nunca deberían ser las horribles semillas hibridas, porque las semillas son la esencia de la sabiduría de la naturaleza. La libertad de Armando no se hizo embaucar ni por la arrogancia de Franchi, el mas grande productor de semillas industriales italianas. Sus tomates en estos días, el famoso “Grosso fiorentino” están pesando 600-700 gramos, en una fabulosa foto vemos una apetitosa “Caprese” preparada con un “Grosso fiorentino” que alcanzó el kilogramo. Se despide con un “Lode al Signore” y avisándonos que el anunciado New deal ya no será, porque cuando es tarde, es tarde.

“Franco vivía en Montelupone después de haber intentado suerte migrando en la lejana Australia; la suerte no lo estaba esperando y volvió con la experiencia del fracaso, ningún oxímoron, la experiencia del éxito sería otra cosa, tal vez soberbia y con más ambición. Él ofrecía siempre el consejo de Samuel Beckett: “¡Fracasa mejor!” y como Beckett nos hablaba de la inevitabilidad del fracaso, Franco amaba demasiado la libertad y sabía que existe un fracaso que no es un fracaso -el fracaso de Bukowski, de Rimbaud, de todos los malditos de esta tierra- y es el que reniega del crecimiento sin fin. Cuando el ya llamado “Ducetto di Arcore” alcanzó el poder, con el sarcasmo de siempre, Franco nos acompañó con unas copas de vino fuerte y un plato de spaghetti a la Bakunin, y nos dijo: “¡Este nos va a cagar peor que la Democracia Cristiana!”. En esto seguimos”.

Maurizio Bagatin, 15 agosto 2021
Foto: La "Caprese" de Armando, con el tomate "Grosso fiorentino" de 980 gr

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