Contemplando el lenguaje


Y llegamos donde la palabra es insomne, no alegre o triste o palabra simple, sino cuando adquiere el canon de belleza. Cuando es una arquitectura y una música, cuando es prosa que se funde en onomatopeya o literalidad y toma forma como un tejido, una telaraña, un puzle. Se hace en el devenir de su lectura y en su evasión del discurso, en la conquista del pensamiento con la escritura.

Y llegamos a la contemplación del lenguaje, en aquel momento de extrema intensidad -y única- de la percepción sensorial que provoca una subversión filosófica del mundo, la poesía.

Sueño o conciencia, la idea que no puede definirse y por eso es la mas exacta. Lenguaje barroco o surrealista. O tal vez la puntuación de Céline o el habla de Cantinflas, el éxtasis de las palabras de Vallejo en Trilce, una poesía de Rimbaud.

Apenas ayer en aquella prosa -así tan lejos de la perfección, así tan cerca de la contemplación- que con la razón o con la imaginación deja que la lengua descanse en si misma…uno más uno no son dos, son lo que uno quiera, lo que el otro quiere…y desactivando toda su función comunicativa…en todo el azul del cielo no hay mas blanco que el que seria necesario para una vela, ni más verde que el necesario para su sombra en el agua…declare la reproducción de la realidad a través de la reinvención.

El lenguaje se vuelve mythos, que es la verdad de la historia.

Maurizio Bagatin, 28 de junio 2022
Imagen: Alberto Chevalier Tayler

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