Mezcla de vientos idos, vientos oídos
El roer de los cerros, su crepitar
El sonido de las huellas, su andar
Siento que esa voz late conmigo
Me cuenta de tempestades que
No imagino; cauces de furia y lodo
El mundo que se despeña y cae
Y aún así, esa voz es calma
Como los pájaros que acuna
Y, aun así, sólo es fervor y alegría
Simpatía por el destino que
Arrecia y clama, ardor por lo que
no debe ser nombrado jamás.
Pablo Cingolani
Antaqawa, 24 de septiembre de 2026
Foto: luz en una grieta de Tiñijawira


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