Calles, avenidas y plazas, escuelas y piscinas, universidades, monumentos y estatuas, puentes y estadios, todo tiene un nombre, todos los nombres para todos. Los tiranos, los déspotas y los sátrapas, los héroes y los villanos, matones y conquistadores, patriotas y rebeldes, reaccionarios y revolucionarios, ilustres y desconocidos. Los nombres sobran.
En Cochabamba hay una avenida con el nombre de la novela fundacional de la literatura boliviana, Juan de la Rosa, pero nunca encontré en Italia una calle o una plaza con el nombre de Los novios de Alessandro Manzoni, y en Francia no se si existe una plaza o un boulevard bautizado Les misérables.
Extraña memoria la de los seres humanos. Imagino que por eso Edgar Degas quería ser Ilustre y desconocido y el Monsieur Teste de Paul Valéry pensaba como un ser que esperaba no le dedicaran nunca una calle o le hicieran una estatua. Tal vez deseo la memoria del elefante, en aquel viaje de Saramago: “Siempre acabamos llegando a donde nos esperan”. Los caminos del ser humano y los eventos dejan un nombre y lo cambian sin cambiar nada, andamos eternamente como seres gatopardescos. Los nombres que nos guían, todos los nombres que no nos permiten el olvido, todos los nombres el nombre.
En Tiraque me choqué con una calle intitulada a un chino, en Tiquipaya hay un colegio Carlos Garibaldi, quienes hayan sido estos personajes no lo saben los pobladores de Tiraque como tampoco los alumnos del colegio de Tiquipaya. En Trieste existen dos calles paralelas, una Molinos a viento y la otra Molinos a vapor, no hay donde perderse o, al contrario, puedes perderte en un mapa imaginario y reencontrarte como lo hacía Walter Benjamin en sus andares, en una fantasmagoría del Libro de los pasajes. Itinerarios y nombres que inventamos y desempolvamos, deshacemos y reconstruimos para existir, olvidando a Mattia Pascal, reintroduciendo a Griffin, difuntos e invisibles. Sin sombra, huecos, sin pasado, un nombre y todos los nombres.
Parques, aeropuertos y museos, iglesias, rascacielos y ciudades, todos los nombres para todos los aventureros y los mojigatos, los santos y los pecadores, emperadores, reyes, genios y oportunistas, no hay una plaqueta con el nombre de los albañiles, los carpinteros, los obreros que construyeron las obras. Todos los nombres y mucha invisibilidad.
En muchas ciudades la Historia hizo que se derrumbe la memoria del pasado, un dia fueron abatidas las estatuas de Hitler, de Saddam Hussein, de Ceausescu, de Mussolini, pero con ellas no todo el pasado eclipsó. Nostálgicos siguen en Transnistria, hoz y martillo en la bandera y estatuas de Stalin en las inmensas avenidas, en la China el mausoleo de Mao es visitado por veneración como también por asegurarse que el Gran Timonel haya muerto. Después de los grandes eventos históricos cambian algunos nombres, en Cochabamba la calle Chile se vuelve calle Calama, la calle Paraguay se transforma en calle Ladislao Cabrera. Metamorfosis útiles al poder de turno, gente que en vida se auto celebra con calles, avenidas, aeropuertos, los peores ejemplos de las kakistocracias que estamos viviendo.
Maurizio Bagatin, octubre 2026
Fotos: Calles, paradas, colegios, pueblos






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