11 de diciembre de 2014

El oriental que paría ciudades (versión final)

CLAUDIO RODRÍGUEZ MORALES -. 

Francisco Piria es el soldado más joven del cuartel. Tiene dieciséis años. Ocupa sus horas en la guardia para estudiar. No le preocupa violar el reglamento. Busca conocimientos que le presten utilidad para cuando deje las armas. No se limita a las ciencias exactas. También se sumerge en filosofía, alquimia y teología.

Un descubrimiento le genera sorpresa. También orgullo. Hay un aspecto de su biografía que lo asemeja a Jesucristo. Ambos cuentan con períodos en sus vidas que son un misterio para los demás. En el caso de Jesucristo, de los doce a los treinta años. En el suyo, entre los cinco y doce. Lo toma como un mensaje del universo dirigido a él. Se compromete a concretar su misión de cambiar el destino de la humanidad. Independiente del resultado, no podemos negar que lo intenta.

La peregrinación misteriosa de Fernando Juan Santiago Francisco María Piria (Uruguay, 1841) la detalla el escritor Pablo Dobrinin en su ensayo “Francisco Piria y ‘el socialismo triunfante’. Lo que será mi país dentro de 200 años”. Comienza a los cinco años cuando fallece su padre, el inmigrante genovés, Lorenzo Piria. Su madre, Serafina de Grossi, lo envía a la casa de su tío, un monje jesuita, en Italia. Otras versiones hablan de parientes de muy buen pasar. Mientras permanece en Europa, su madre fallece de fiebre amarilla.

En 1860, con apenas trece años, Piria se embarca de regreso a Montevideo. Al llegar, se enfrenta a una amarga verdad: él y sus hermanos han sido saqueados por parientes y amigos, aprovechándose de la muerte de sus padres. De la fortuna familiar, sólo queda la casa paterna. El adolescente Piria se ve obligado a trabajar para subsistir. Comienza como cargador de valijas de los pasajeros que descienden de las diligencias. Continúa como peón rural en el valle fuentes. En 1863 se presenta en el Batallón número tres de Guardias Nacionales ante un capitán de apellido Moratorio. Se declara Blanco (partido político conservador de Uruguay, en ese entonces en el poder) y con la firme voluntad de defender sus ideas. Lo rechazan y él insiste. Gracias a su simpatía, logra ingresar a las filas. En este lugar lo sorprendemos comparándose con el fundador de la Iglesia Católica. Tiene un libro entre las manos. Su cabeza viaja a años luz de la fría caseta de guardia del batallón.

Negocios

De regreso a la vida civil, Francisco Piria prueba suerte como rematador en el Mercado Viejo. En 1867 ya cuenta con su propia tienda. En 1870 un incendio le provoca cuantiosas pérdidas. No desfallece y emigra hacia otra parte de Montevideo. Prueba suerte en la venta de relojes. Luego, en la confección de ropa. Compra miles de yardas de tela gruesa con las que fabrica capotes largos. Los llama Rémington. El mismo nombre de un tipo de fusil de repetición usado en la infantería. En 1877, aprovechando la alta demanda de armas motivada por la inestabilidad política, publica un aviso: “Que cada oriental venga a buscar su Remington”. Más abajo pone la dirección de su tienda.  Quienes van por su fusil, acaban comprando un capote. Éxito total de la estrategia.

Siguiente paso, los bienes raíces. La clave está en comprar grande extensiones de tierra, dividirlas en solares y venderlas en pagos a plazo. A treinta años, inclusive. Para captar compradores, pone en práctica campañas publicitarias originales. A través de afiches promocionales, exagera lo realmente ofertado. Primeros atisbos de la publicidad engañosa, tan enquistada hoy en nuestros mercados. Pone a disposición del público tranvías gratuitos para el traslado. En el momento de mayor auge -precisa el mismo escritor Dobrinin-, se contabilizan filas de cincuenta vagones. Para finalizar las jornadas, organiza suculentos banquetes, fiestas bailables y espectáculos de fuegos artificiales.

El negocio prospera. Le da su primera fortuna. Piria crea calles, cuadras, manzanas y plazas. Incluso pueblos completos. Joaquín Suárez, en el departamento de Canelones. Más adelante, la extensión de Flor de Maroñas (1875), Ituzaingó (1888), Pérez Castellanos (1908) y Jardines del Hipódromo (1926).

A los 45 años, no se conforma con la fortuna alcanzada. Después de un viaje a la ribera francesa, Piria toma la decisión de su vida. Compra 27 mil 700 hectáreas de tierra en el Departamento de Maldonado, localidad vecina a Punta del Este. Éstas comprenden desde el cerro Pan de Azúcar hasta el mar. Está convencido de las bondades paisajísticas de la zona. Se propone instalar el más importante centro turístico del país. Construye una rambla de siete kilómetros, un puerto, hoteles –entre ellos el Argentino Hotel, el más grande de Sudamérica en esos años-, jardines, extensiones con 40 mil árboles y un circuito de ferrocarriles. Es el primer intento en la historia de convertir al turismo en una actividad económica. Lleva tierra de su propiedad a Francia para dejarla como recuerdo. De regreso, trae cepas galas para plantar en la naciente ciudad. Contrata técnicos para desarrollar la industria del vino, el tabaco, el aceite y hasta la minería. Esta última le reporta más ganancias. Dobrinin no encuentra antecedentes de otra ciudad fundada por un solo hombre y que pretenda convertirse en un espacio urbano autosuficiente. En el futuro, el lugar recordará con su nombre a su creador: Piriápolis. 

Piria privado

Francisco Piria se da el tiempo para entretenerse más allá de los negocios. Lo justo y necesario. En 1866 contrae matrimonio con Magdalena Rodino con quien tiene tres hijos. A la familia se agrega la hija de ella. Piria se casa por segunda vez en 1894. Ya en la vejez, suma una tercera esposa, Carmen Piria, de nacionalidad argentina. Motivo de confusiones varias como veremos más adelante.

También tiene inquietudes políticas. Olvidando su pasado blanco, adquiere en copropiedad el diario “Socialista”, opositor al gobierno de José Batlle y Ordóñez. Piria considera al Presidente demasiado “comunista” y lo combate asumiéndose como líder de opinión. A los 72 años, con la idea de terminar con el duopolio político de los Partidos Blanco y Colorado, lanza su candidatura presidencial por la conservadora Unión Democrática. Solo consigue 658 votos (otras versiones señalan que son 560).

Ingresa a la masonería. Al enterarse que debe aportar dinero, se retira de la orden.

Francisco Piria también escribe. Lo hace de manera prolífica. Aunque prueba en el periodismo, la publicidad y la ficción, le acomoda la libertad de la última. Lo suyo es la difusión de ideas. En especial políticas. Adhiere, al menos en la escritura, al socialismo utópico, pese al pleito que pierde en 1903, acusado de pagar a sus obreros con vales canjeables en sus propios negocios. También se enfrenta a la Federación Obrera Uruguaya por el apoyo de la organización a sus trabajadores. Estos demandan jornadas de ocho horas diarias, aumento de los sueldos y mejores condiciones laborales. Piria despide a los huelguitas y solicita apoyo a la policía para disolver las protestas.

No se puede dejar afuera la parte legendaria de la historia. Francisco Piria, el alquimista. Las pruebas están en los decorados de su castillo y de la ciudad completa: la iglesia, las estatuas, las fuentes, la forma física del Argentino Hotel y las ilustraciones de los vitrales. En los inicios, Piria pensó en denominar su territorio como Heliópolis –Ciudad del sol-, que de acuerdo a la alquimia es el lugar donde renace el ave fénix. Desde el aire es posible corroborar la afición metafísica de este emprendedor: uniendo con una línea los puntos donde se encuentran los principales símbolos, aparece una reproducción de la Constelación de Acuario.

Adiós, herencia y escándalo

Francisco Piria fallece en 1933, a los 86 años, mientras planifica la creación de otra ciudad. Tan o más ampulosa que Piriápolis, esta vez en Argentina. Piriápolis pierde la pujanza primigenia. Y toda posibilidad de prosperidad. Tras una disputa por motivos económicos, el administrador de la ciudad asesina al hijo mayor de Piria. Con el cadáver frente a sus ojos, el hombre se suicida. Según el biógrafo Luis Martínez Cherro, en ambos –hijo y administrador- estaba la posibilidad de continuar la obra iniciada por el inquieto patriarca.

Al momento de repartir la herencia, se presenta ante los familiares una hija de Piria de cuya existencia desconocían. Se trata de su tercera esposa, Carmen. Antes de morir, él la había declarado hija natural. Escándalo de proporciones del cual el aludido ni se entera. La situación genera un pleito que se prolonga por más de una década. ¿Hija o amante? Aún hay posiciones divididas al respecto.

Entre impuestos, contratos y derechos de herencia, el Estado uruguayo se queda con el puerto, el tren (desmantelado en poco tiempo) y el Hotel Argentino.

Piria fundamental: “Impresiones de un viajero en el país de los llorones” (1879, con el pseudónimo de H. Patrick), “La familia del coronel” (1881), “Mr. Henry Patrick en busca del pueblo oriental", (1882, también con el seudónimo H. Patrick), “Dos palabras al pueblo trabajador, honrado, económico y progresista sobre el que descansa el porvenir de la Patria” (1884), “Un pueblo que ríe” (1886, H. Patrick), “El Socialismo Triunfante” (1898), “Misterio” (1902), “Una manera única de hacer fortuna" (1906).

4 comentarios:

  1. Muy bueno, se espera la continuación!

    ResponderEliminar
  2. que gusto de tener por acá nuevamente, Lorena...

    ResponderEliminar
  3. Un visionario. Muy buena su clase estimado Claudio.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  4. Una vida intensamente vivida. Como debiera ser siempre.

    Muy buena historia, estimado amigo.

    ResponderEliminar

*